La riqueza de un multimillonario no siempre se ve en su cuenta bancaria. A veces está aparcada en un hangar, amarrada en un puerto, colgada de una pared o repartida por una isla. Las grandes fortunas han creado un universo propio de bienes extraordinariamente caros, algunos concebidos para disfrutar de ellos y otros que funcionan también como piezas de colección o activos patrimoniales.
No existe un catálogo obligatorio para entrar en el club de los ultrarricos. Pero hay determinados objetos que aparecen una y otra vez entre las mayores fortunas del planeta. Estos son siete de los más llamativos, con un multimillonario como ejemplo en cada categoría.
1. Un jet privado para convertir el tiempo en un activo: Elon Musk

Para Elon Musk, el avión privado es mucho más que un símbolo de estatus. El fundador de Tesla y SpaceX dispone de varios jets privados, entre ellos un Gulfstream G650ER y un Gulfstream G550, utilizados para desplazarse entre los diferentes centros de actividad de sus compañías.
La lógica detrás del jet privado es sencilla: cuando una fortuna depende de dirigir empresas repartidas por distintos estados y países, el tiempo adquiere un valor extraordinario. Musk ha utilizado sus aviones para mantener una agenda que combina Tesla, SpaceX y otras compañías de su imperio empresarial.
El lujo, en este caso, no consiste únicamente en volar con mayor comodidad. Consiste en eliminar horas de espera, adaptar los horarios y convertir un desplazamiento de varias horas en una extensión de la propia oficina.
2. Un superyate de 500 millones: Jeff Bezos

Si existe un objeto capaz de resumir visualmente la riqueza de un multimillonario, es probablemente un superyate. Jeff Bezos, fundador de Amazon, tiene uno de los ejemplos más espectaculares: el Koru.
El velero, construido por el astillero neerlandés Oceanco, mide 127 metros de eslora y su valor se estima en unos 500 millones de dólares. Cuenta con tres mástiles y puede alojar hasta 18 invitados, además de una tripulación de varias decenas de personas.
El Koru no es solamente un barco para navegar. Forma parte de una categoría de bienes en la que el precio incorpora ingeniería, diseño, privacidad, personal de servicio y una característica especialmente valiosa para las grandes fortunas: la posibilidad de llevar una residencia de lujo prácticamente a cualquier lugar del mundo.
3. Una isla casi entera: Larry Ellison

Hay un punto en el que comprar una casa deja de ser suficiente. Larry Ellison, cofundador de Oracle, llegó directamente a comprar prácticamente toda una isla.
En 2012, Ellison adquirió cerca de la totalidad de Lanai, en Hawái, por unos 300 millones de dólares, según las estimaciones de Forbes. El empresario se hizo con aproximadamente el 98% de la isla, de unos 364 kilómetros cuadrados.
Lanai no es una propiedad privada convencional: es un territorio completo con residentes, infraestructuras, hoteles y actividad económica. Ellison ha invertido además en la renovación de sus instalaciones y en proyectos relacionados con el agua y la sostenibilidad.
Es probablemente el ejemplo más extremo de una idea que aparece en muchas grandes fortunas: cuando el dinero deja de ser una restricción, el lujo ya no consiste en tener la mejor propiedad de un lugar, sino en poder comprar el lugar.
4. Una casa que cuesta más que muchas empresas: Mukesh Ambani

Para Mukesh Ambani, presidente de Reliance Industries, una mansión convencional tampoco parece suficiente. Su residencia de Mumbai, Antilia, se ha convertido en uno de los símbolos más reconocibles de la riqueza india.
El edificio tiene 27 plantas y ocupa unos 400.000 pies cuadrados. Su construcción se ha valorado en más de 1.000 millones de dólares, aunque las estimaciones sobre su coste han variado con los años.
Antilia incorpora tres helipuertos, un cine privado, instalaciones deportivas, varios espacios de ocio y un aparcamiento de varias plantas con capacidad para alrededor de 160 vehículos. La residencia necesita además cientos de empleados para su funcionamiento.
Más que una mansión, Antilia funciona como un edificio privado diseñado para concentrar una parte completa de la vida de una familia dentro de una única propiedad.
5. Un reloj de varios millones: Jay-Z

Entre los ultrarricos, el reloj puede convertirse en algo más que un accesorio. Es también una pieza de coleccionismo en la que la escasez, la fabricación artesanal y la marca pueden disparar el precio.
Jay-Z, que se convirtió en el primer rapero multimillonario en 2019 y cuya fortuna Forbes estima actualmente en varios miles de millones de dólares, es un conocido coleccionista de relojes de alta gama.
Entre las piezas asociadas al músico figura un Patek Philippe 5004 adquirido a un coleccionista privado. También ha lucido relojes Richard Mille de alta complicación y piezas de otras firmas suizas.
En este mercado, los precios pueden alcanzar cifras extraordinarias: algunos relojes únicos o de producción extremadamente limitada llegan a venderse por cientos de miles o incluso millones de dólares. El objeto deja entonces de ser simplemente un reloj y pasa a funcionar como una pieza de colección portátil.
6. Un cuadro que cuesta 300 millones: Ken Griffin

El arte ocupa otro lugar especial en las grandes fortunas. El ejemplo más espectacular es Ken Griffin, fundador del fondo de inversión Citadel.
En 2015, Griffin adquirió Interchange, de Willem de Kooning, por unos 300 millones de dólares, según Forbes. En la misma operación más amplia de adquisiciones artísticas, también compró Number 17A, de Jackson Pollock, por unos 200 millones de dólares.
En total, Griffin habría desembolsado alrededor de 500 millones de dólares por ambas obras.
El arte tiene además una particularidad frente a muchos otros lujos: puede cumplir simultáneamente una función estética y patrimonial. Una obra maestra puede decorar una residencia durante años y, al mismo tiempo, convertirse en una reserva de valor dentro de una cartera de activos.
7. Un garaje convertido en museo: Ralph Lauren

Ralph Lauren ha llevado la pasión por los automóviles clásicos hasta convertirla en una de las colecciones privadas más conocidas del mundo.
Entre sus piezas figuran auténticas rarezas de la automoción, como un Bugatti Type 57SC Atlantic de 1938, un Bugatti Type 59 Grand Prix de 1933, un Ferrari 250 Testa Rossa de 1958 o un Jaguar XKSS de 1956.
No son coches concebidos simplemente para desplazarse. Son piezas históricas cuya rareza, estado de conservación y procedencia las convierte en objetos de colección.
La colección de Lauren resume quizá mejor que ninguna otra la transformación del lujo en patrimonio: un automóvil que nació para competir hace décadas puede terminar siendo más valioso como pieza histórica que como vehículo.
La verdadera diferencia está en la escala
Un jet privado, un yate, una mansión o un reloj de varios millones pueden parecer extravagancias aisladas. Pero juntos muestran algo más interesante sobre las grandes fortunas: cuando el patrimonio alcanza determinadas dimensiones, el lujo deja de ser solamente consumo y empieza a convertirse en una forma de gestionar activos.
Los multimillonarios pueden permitirse comprar objetos que combinan exclusividad, escasez y valor patrimonial. Algunos pierden valor con el tiempo; otros pueden apreciarse. Unos sirven para viajar y otros para vivir, coleccionar o invertir.
Y quizá ahí esté la verdadera frontera entre ser rico y ser multimillonario: no se trata únicamente de poder comprar casi cualquier cosa, sino de poder convertir casi cualquier pasión en una colección de activos de millones de dólares.

