¿Quién dijo “jarl” primero?
Esa fue la cuestión que tuvo que dirimir un tribunal a mediados de los 90. Gregorio Sánchez, por todos conocido como Chiquito de la Calzada, demandó a los responsables de Esta noche cruzamos el Mississippi, el programa de Pepe Navarro que emitía Tele 5. Un por entonces anónimo Florentino Fernández aparecía allí como Lucas Grijander, un ciudadano de Chiquistán, una nación en la que todos eran fistros y pecadores de la pradera, ¿te das cuen?
Juan Zavala y Javier Morales examinan ese pleito surrealista en El otro Chiquito, el documental de Movistar+ (estreno 1 de octubre). Se alejan de la temática cinéfila de sus anteriores trabajos, como El crítico, sobre el polémico Carlos Boyero, pero mantienen su esencia peliculera. “Esta historia es una peli de atracos que se convierte en una de juicios”, aseguran.
Hasta ahora no habíais salido del cine: los últimos días de Bette Davis, los años en Madrid de Ava Gardner, la vida y obra de José Sacristán… ¿Qué os llevó a alejaros de vuestra temática habitual?
Juan: Era un proyecto de Diego San José (Celeste, Yakarta) que nos propuso hacer a nosotros. La primera clave que nos dio es que no fuera un documental biográfico, que había que darle el tratamiento de un true crime. De hecho, Diego decía que debíamos plantearlo casi como una película de atracos en la que Chiquito protegía su botín, el éxito que le había llegado a los 62 años.
El otro Chiquito habla de muchas más cosas que del litigio entre el cómico y sus imitadores.
Juan: Queríamos recuperar cómo era la España de los 90 y la televisión de entonces. Incluso para los que la vivimos, sorprenden los códigos que se manejaban. Las cadenas privadas arrancaban y todos los límites estaban por explorar.
Javier: Yo volví a ver el archivo de Esta noche cruzamos el Mississippi y había cosas que hoy resultan increíbles. Sobre todo los cambios de tono, pasaban de hablar del crimen de las niñas de Alcasser a dar entrada a Lucas Grijander. La lucha por la audiencia era brutal, se estaba creando una nueva franja nocturna que veían millones y millones de espectadores.
¿Qué motivó a Chiquito, una persona que decís que evitaba conflictos, a acudir a la justicia?
Juan: Le dolía más la parte creativa que la económica. No entendía que se estuviera haciendo negocio con un personaje basado en él.
Javier: También yo creo que había una parte de orgullo. Su propio personaje, el que había creado él, tenía una serie de coletillas que funcionaban fenomenal, pero no evolucionaba. A diferencia de Florentino Fernández, él no era un cómico. Flo generó un universo, podía improvisar, salía todos los días en pantalla…
Juan: Pero Chiquito no evolucionaba porque era perfecto. No tenía margen de mejora, había llegado a su tope. El tiempo lo ha demostrado.
De entre todas las personas que aparecen en El otro Chiquito, quizá la presencia más sorprendente sea la de Mario Conde.
Juan: Planteamos que los testimonios fueran como testigos de un juicio, y él es algo así como nuestro testigo sorpresa. Conseguimos a Mario Conde casi al final del todo y no hubo ni siquiera entrevista previa. Sabíamos que tenía cierta amistad con Chiquito, que había actuado en las convenciones de Banesto, así que llamamos y aceptó venir. Lo que no nos esperábamos es que hubieran tenido ese grado de relación, tanta admiración y cariño.
Conde cuenta que asesoraba a Chiquito con sus cuentas.
Juan: “Yo era el banquero de Chiquito”, dice y se ríe. Hay que tener presente que Chiquito había tenido una economía muy precaria hasta entonces. En muy pocos años pasó a manejar un dinero para el que no estaba preparado.
Javier: Y ni siquiera era la cantidad real que le correspondía, porque él no se hacía una idea de lo que se estaba ganando con él. Estaba contento con haber cumplido su objetivo vital, que era comprarle una casa a Pepita, su mujer, en Málaga desde la que se viera el mar.
Este caso ilustra también la batalla por la audiencia con la llegada de las cadenas privadas.
Javier: En Antena 3 exprimían a Chiquito todo lo posible para arrastrar audiencia. Hubo una vez un partido del Real Madrid en otra cadena, en Antena 3 contraprogramaron con un especial de Chiquito y fue lo más visto. Hasta que no apareció él, nunca habían conseguido ponerse por delante de Tele 5, era percibida como una tele triste.
«Si Chiquito es una persona, le pueden imitar. En cambio, si es un personaje está sujeto a leyes de propiedad intelectual»
Lucas Grijander y sus derivados generaron un negocio de productos, discos, anuncios…
Javier: Empezaron con acciones pequeñas para marcas como Soberano, pero Lucas Grijander llegó a protagonizar una campaña de Nintendo. Y luego estaba todo lo que anunciaban en el propio programa. No se controlaba la publicidad y era increíble la cantidad de impactos que había en una sola emisión. Al personaje que iba le agasajaban con todo lo que se vendía del programa y salía de allí con el disco, la bebida isotónica, el teléfono…
Juan: ¡Un teléfono fijo de consola!
Javier: Hasta le pidieron a Lucas Grijander que actuase de telonero de los Rolling Stones…
Como en el juicio, ¿la cuestión de fondo del documental es la diferencia entre propiedad intelectual y patrimonio cultural?
Juan: Como explican los dos abogados, si Chiquito es una persona, se le puede imitar. En cambio, si es un personaje, está sujeto a las leyes de la propiedad intelectual. No queda claro cuál de las dos cosas era. Personalmente, creo que Chiquito de la Calzada era una faceta de la personalidad de Gregorio Sánchez. Había construido una serie de expresiones, un vocabulario, pero también formaba parte de una tradición, de una cultura de la que él tomó cosas. Nadie en el documental tiene la respuesta, como probablemente le pasó al juez.
La sentencia de ese caso sigue siendo un secreto.
Javier: Era una guerra entre cadenas. Cuando Pepe Navarro se fue de Tele 5 a Antena 3 la cosa se calmó. Ninguno de los implicados cuenta si se llegó a algún acuerdo.

