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Empresas

Jakob Fugger, el multimillonario medieval

Un libro recupera la figura casi desconocida de este alemán —nacido en 1459— que llegó a amasar una de las riquezas más impresionantes de todos los tiempos. Un prestamista astuto y con gran olfato para los negocios que se codeó con príncipes y emperadores.

Retrato en óleo sobre lienzo de Jakog Fugger realizado hacia 1519 por el maestro Durero.
por LUCÍA MARTÍN7 octubre 20267 octubre 2026Tiempo de lectura 7 minutos

Jakob Fugger nació en 1459 y vivió el tránsito de la Edad Media a la Edad Moderna. Fue contemporáneo de los Reyes Católicos, de Carlos V, de Leonardo da Vinci, Lutero, Miguel Ángel o Cristóbal Colón. Entre otros logros, convenció al papa para que levantase la prohibición sobre los préstamos con intereses, inventó la figura de los auditores e incluso costeó la primera vuelta al mundo de Magallanes. Y a pesar de todas estas gestas su nombre no es casi desconocido. Ahora, el periodista económico Greg Steinmetz recupera su figura en el libro Jakob Fugger, la vida del hombre más rico y poderoso del mundo (Arpa Editores), la primera biografía de este alemán cuyo patrimonio ascendía, a su fallecimiento en 1525, al 2% del PIB europeo. ¿Cómo se las ingenió este hombre de negocios para amasar tal capital?

La primera respuesta está en una de las máximas de la inversión: nunca poner todos los huevos en la misma cesta; es decir, diversificar. Empezó adquiriendo minas de plata y cobre (las guerras requerían de estas materias primas para la fundición de cañones y otro tipo de armas) y con los beneficios obtenidos financió la construcción de carreteras para mover los suministros de forma más rápida. Siguió picoteando en todo tipo de sectores: préstamos e inversiones (le llamaban el banquero de los papas), piedras preciosas, inmuebles, comercio de especias… Nada se le resistía.

Comerció con reliquias sagradas

Con el furor del descubrimiento de América, a los contemporáneos de Fugger les dio por coleccionar cocos, plumas de loro y todo tipo de curiosidades asiáticas. Fugger tampoco se quedó fuera de este nicho. Comerció con reliquias sagradas (como huesos de mártires y astillas de la cruz de Cristo) y durante un tiempo ostentó incluso el monopolio del guayaco, la corteza de un árbol brasileño que se pensaba entonces curaba la sífilis. Nada se le resistía a este alemán que destacó por su instinto para hacer negocios y, sin embargo, su nombre no ha pasado a la posteridad. ¿Por qué? ¿Por qué el nombre de Los Medici sí ha trascendido siendo su fortuna menor?

“Los Medici tuvieron una ventaja que Fugger nunca tuvo: convirtieron su riqueza en arte, arquitectura y poder dinástico”, comenta a Forbes España Rafael Pampillón, Catedrático de Economía en IE Business School. “Su apellido quedó asociado a Florencia, al Renacimiento, a Miguel Ángel, Botticelli y Leonardo, y también a papas, príncipes y reinas. Fueron banqueros, pero supieron presentarse ante la historia como mecenas y gobernantes. Fugger, en cambio, permaneció en un segundo plano. No gobernó formalmente un Estado ni dejó detrás de sí una corte comparable. Su poder circulaba por canales menos visibles: créditos, concesiones mineras, letras de cambio, información y relaciones con los Habsburgo. Los Medici ocuparon el escenario, pero Fugger financió la representación desde detrás del telón.”

También su lugar de origen ha tenido que ver en que sea menos conocido que los italianos. “Florencia quedó incorporada al gran relato universal del Renacimiento, mientras que Augsburgo ocupa un lugar menos destacado en la imaginación popular. Pero si midiéramos la importancia de las ciudades no por los cuadros encargados a pintores famosos sino por la capacidad para condicionar decisiones políticas, económicas y militares, Fugger tendría que figurar entre los grandes personajes de la Europa moderna”, argumenta Pampillón.

Fugger profesionalizó la contabilidad, consolidó las cuentas de negocios dispersos, desarrolló una red internacional de transferencias y convirtió el crédito en el núcleo de una organización empresarial compleja

Se formó en comercio y banca en Venecia

Moneda conmemorativa con el rostro de Jakob Fugger en relieve.

Nada indicaba en los orígenes de Fugger que su trayectoria profesional fuese a ser tan exitosa, ni tan siquiera se preveía trayectoria profesional alguna puesto que, siendo el menor de siete hermanos, todo indicaba que acabaría en el monasterio. Y sin embargo su familia, que se había enriquecido en el sector textil, delegó en él las riendas del negocio familiar. Fugger fue a formarse a Venecia, ciudad donde las familias acaudaladas enviaban a sus hijos para aprender de comercio y fue allí donde aprendió sobre el negocio bancario y la contabilidad.

En Italia descubrió el préstamo con interés y las letras del tesoro, instrumentos que los italianos llevaban años desarrollando. “Su mérito no fue inventar cada pieza si no combinarlas a una escala desconocida al norte de los Alpes. Profesionalizó la contabilidad, consolidó las cuentas de negocios dispersos, desarrolló una red internacional de transferencias y compensaciones y convirtió el crédito en el núcleo de una organización empresarial compleja”, explica Pampillón. Y añade: “También contribuyó a legitimar social y religiosamente el cobro de intereses”. El germano jugó un papel determinante en la derogación de la prohibición de la usura por parte de la Iglesia católica, es decir, el cobro de intereses por el dinero prestado.

Alianza entre riqueza privada y poder político

Es innegable que fue un hombre astuto con un gran olfato para los negocios: “Su primer gran acierto fue comprender que el verdadero negocio no consistía solo en prestar dinero si no en exigir como garantía activos productivos. Cuando financiaba a un príncipe –por ejemplo, a Carlos I de España y V de Alemania– obtenía derechos sobre minas, impuestos o rentas futuras. Transformaba así una deuda de riesgo en la capacidad de controlar recursos reales”, explica Pampillón. “El segundo fue integrar actividades que hasta entonces solían estar separadas, combinó banca, minería, comercio internacional, transporte e información. No se limitaba a extraer cobre: financiaba las instalaciones, introducía mejoras técnicas, organizaba el transporte y vendía el mineral en mercados situados a miles de kilómetros. En términos actuales, construyó una multinacional verticalmente integrada, controlaba buena parte de la cadena de valor: desde la financiación y la extracción del mineral hasta su transporte y comercialización en los grandes mercados europeos”, continúa el economista.

Otro acierto fue la información por aquello de “quien tiene la información, tiene el poder”. “Creó una red de corresponsales que le permitía conocer antes que sus competidores las guerras, fallecimientos, precios, elecciones y necesidades financieras de los soberanos. La información no solo es poder: en los mercados, recibida unas horas antes, también es dinero”. Y el cuarto acierto fue hacerse indispensable para el poder político: “La cercanía le proporcionó enormes oportunidades aunque también revela el aspecto menos ejemplar de su éxito, prosperó en un sistema de monopolios, concesiones y privilegios. Fue un maestro de lo que hoy llamaríamos capitalismo de amigos. Utilizó su cercanía a emperadores, príncipes y autoridades eclesiásticas para obtener concesiones mineras, monopolios y condiciones favorables. Su éxito no se apoyó únicamente en una mayor eficiencia empresarial, también en su capacidad para influir en quienes establecían las reglas del juego. Esta alianza entre riqueza privada y poder político sería duramente criticada, más de dos siglos después, por Adam Smith, quien advirtió del peligro de que comerciantes y grandes empresarios utilizaran su influencia sobre los gobernantes para conseguir privilegios en beneficio propio”, comenta Pampillón.

Esa influencia sobre los que gobiernan entonces directamente con los más ricos de hoy, ¿qué nos parece esa acumulación de riqueza en tan pocas manos? “Desde el punto de vista económico, la gran riqueza no es por sí misma condenable, puede ser el resultado de haber fundado una empresa, asumiendo riesgos y creando productos utilizados por millones de personas. Pero la concentración extrema plantea problemas. Uno, económico: el poder empresarial puede utilizarse para comprar competidores, levantar barreras de entrada y reducir la competencia. Otro, político: una fortuna gigantesca proporciona capacidad para influir en gobiernos, regulaciones, medios de comunicación y opinión pública”, explica el economista. “No es lo mismo enriquecerse innovando en un mercado abierto que hacerlo gracias a monopolios concedidos por el estado. En ese sentido, la historia de Fugger demuestra que la riqueza económica puede terminar convirtiéndose en poder político. La acumulación de riqueza deja de ser solo una cuestión económica cuando concede a una persona un poder comparable al de algunas instituciones públicas. Ese es el verdadero debate que plantea Fugger y que continúa abierto cinco siglos después”, finaliza Pampillón.

El éxito de Fugger generó no pocos resentimientos: los enemigos le persiguieron durante la mayor parte de su vida laboral. Aunque a Fugger no parecían quitarle el sueño, de hecho, reconocía que dormía como un bebé y que el estrés no le afectaba: “Cuando me acuesto no encuentro obstáculos para dormir. Me quito, junto con la camisa, todas las preocupaciones y batallas del negocio”, aseguró. Un hombre sabio que incluso podría haber escrito libros para conciliar el sueño.

Financió al emperador español Carlos I, exigiéndole como garantía activos productivos (derechos sobre minas, impuestos o rentas futuras); así, transformó una posible deuda de riesgo en control absoluto sobre recursos reales

Etiquetado:
  • Carlos I de España
  • el multimillonario medieval
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