En concreto, la organización agraria estima que el granizo afectó unas 500 hectáreas de cultivo con cuatro millones de euros de pérdidas económicas. Los términos más castigados fueron Antella, Gavarda, Alcàntera de Xúquer, Càrcer, Cotes, Sumacàrcer y Alberic, aunque también hubo daños por piedra en Xàtiva.
Según expone en un comunicado, el cultivo que más daños visibles presenta a causa de la piedra es el caqui, que en los peores casos alcanzará un grado de afección del 80% e incluso el 100% de la cosecha, a pocos días de empezar el grueso de la recolección.
Se trata del tercer temporal grave que sufre el cultivo del caqui de La Ribera en los últimos tres meses, tras el reventón térmico de agosto y la tormenta con pedrisco de septiembre. También hay daños de consideración en mandarinas, naranjas y aguacates, aunque es pronto para comprobar las cicatrices en la piel de los cítricos.
En el cultivo del arroz, cuando aún queda más del 15% de los arrozales por segar, estas lluvias mantienen el nivel del agua elevado en zonas hondas y, en caso de prolongarse durante los próximos días, podrían poner en peligro la siega pendiente, advierte AVA-Asaja.
Además, explica que las lluvias frenan las labores de la quema de la paja del arroz y en algunos casos podrían impedir esta práctica, con las consecuencias negativas para la lucha contra plagas y enfermedades y la aparición de aguas negras.
Ante esta situación, la asociación pide a las administraciones la puesta en marcha de ayudas directas y medidas fiscales destinadas a los productores afectados por esta nueva adversidad climática. También insta a Agroseguro a agilizar las peritaciones para que los productores puedan cosechar las frutas no dañadas y percibir rápidamente las oportunas indemnizaciones.
EFECTOS BENEFICIOSOS
En general, remarca, salvo aquellas zonas determinadas donde se hayan producido daños por granizo o arrastres de tierras, las precipitaciones tienen efectos beneficiosos para la actividad agrícola y ganadera.
AVA-Asaja indica que el agua es «especialmente bien recibida» en el interior de Castellón y Valencia, donde acumulaban cuatro meses sin apenas llover y algunos ganaderos asumían sobrecostes para contratar cubas de agua y adquirir piensos de alimentación animal. Aunque la mayoría de uvas, almendras y algarrobas ya había sido recogidas, esta aportación de agua puede ayudar a las aceitunas que estaban sufriendo estrés hídrico.
Por su parte, en los huertos de las comarcas litorales, las lluvias permiten ahorrar riegos, prevenir más ataques de plagas y mejorar el calibre de los cítricos pendientes de recolección, sobre todo la clemenules en la provincia de Castellón.

