James Bond tiene Aston Martin, trajes a medida, hoteles de cinco estrellas y una licencia para matar. Su nómina, en cambio, nunca ha sido una parte demasiado importante del guion. En el mundo real, los servicios secretos tienen que resolver una cuestión bastante menos cinematográfica: cómo encontrar, formar y retener a las personas capaces de obtener información que los Estados consideran estratégica. Y, para hacerlo, pagan salarios que en algunos casos superan los 100.000 euros al año.
El problema para quien quiera calcular cuánto cobra un “007” es que 007 no existe como categoría profesional. El MI6 británico habla de Intelligence Officers; la CIA estadounidense publica puestos como Case Officer o Paramilitary Operations Officer; el ASIS australiano busca Intelligence Officers; el CSIS canadiense contrata Human Intelligence Officers. En España, el CNI separa sus perfiles entre inteligencia, operativa, TIC, seguridad, traductores e intérpretes, entre otros. Son trabajos diferentes, aunque todos formen parte de la misma maquinaria: convertir información en inteligencia útil para el Estado.
Y esa maquinaria necesita algo que Bond nunca tuvo que explicar en pantalla: una carrera profesional.
El sueldo del espía estadounidense: hasta 128.956 dólares para empezar
Estados Unidos es uno de los lugares donde resulta más sencillo poner cifras al mito. La CIA publica abiertamente sus necesidades de contratación y ofrece actualmente un puesto de Case Officer, uno de los perfiles más próximos al imaginario del espía clásico, con un salario inicial de entre 70.685 y 107.590 dólares. La agencia advierte de que puede existir un salario inicial superior en función de la experiencia. El puesto exige una licenciatura, contempla incentivos por idiomas extranjeros y requiere viajar al extranjero.
¿Qué hace un Case Officer? La propia CIA lo define como el profesional que, clandestinamente, identifica, evalúa, desarrolla, recluta y gestiona a personas no estadounidenses que tienen acceso a información de interés para la seguridad nacional estadounidense. Es decir, bastante más cerca de la realidad de un espía que de la imagen de un agente disparando desde un Aston Martin.
La escala aumenta para otros perfiles. Un Paramilitary Operations Officer, dedicado a dirigir y gestionar programas de acción encubierta y a obtener inteligencia extranjera, parte de 77.840 dólares y puede alcanzar 128.956 dólares de salario inicial publicado, también con posibilidad de una cifra superior dependiendo de la experiencia.
Y existe otro dato especialmente revelador: la CIA paga por algo que James Bond probablemente consideraría parte del uniforme, pero que en el mundo real puede convertirse en una ventaja salarial: hablar idiomas.
El idioma puede valer dinero
La CIA mantiene un programa específico de incentivos para idiomas extranjeros y afirma que determinados conocimientos lingüísticos pueden generar compensación económica desde la incorporación. También ofrece formación lingüística interna para que sus empleados desarrollen o perfeccionen idiomas.
Su lista de idiomas de interés da una idea de cómo cambia el mapa de prioridades de un servicio de inteligencia. Aparecen, entre otros, chino, árabe, ruso, persa, coreano, ucraniano, pastún, urdu, turco, hebreo, dari, georgiano, kazajo, tayiko, uzbeko o vietnamita. La agencia explica, además, que las lenguas consideradas prioritarias pueden cambiar a medida que cambian las amenazas y las necesidades de inteligencia.
Es una distinción importante: no existe un “idioma de espía” universal. El valor de una lengua depende de dónde estén las prioridades de un Estado en cada momento.
Durante la Segunda Guerra Mundial, recuerda la propia CIA, francés y alemán eran especialmente relevantes para su organización predecesora. En otros momentos adquirieron importancia el birmano, el coreano, el ruso o las lenguas de Oriente Próximo. Hoy la agencia destaca, entre otras, las necesidades relacionadas con chino, ruso, árabe y persa.
En otras palabras, el idioma que hoy abre una puerta puede no ser el mismo que la abra dentro de diez años.
Reino Unido: el verdadero 007 no necesita saber idiomas al entrar
El MI6 probablemente sea el servicio que más ha contribuido a construir el imaginario del espía internacional. Pero su propio proceso de selección desmonta otra de las ideas asociadas a Bond.
Para convertirse en Intelligence Officer no es obligatorio llegar hablando un idioma extranjero. El MI6 explica que las lenguas son críticas para su trabajo y que candidatos con conocimientos desarrollados de mandarín, ruso, árabe o persa, entre otros, son especialmente bienvenidos. Pero, cuando un puesto requiere una elevada capacidad lingüística, el propio servicio puede formar al candidato mediante programas intensivos a tiempo completo.
La experiencia también cuenta. Un candidato que acumule al menos tres años de experiencia profesional, no necesariamente de forma continua, puede acceder a un grado y salario superiores si supera el proceso de selección.
Es decir, el MI6 no parece buscar únicamente al joven prodigio que sale de la universidad hablando cuatro idiomas. También busca profesionales que ya hayan demostrado que saben trabajar. Y esa tendencia se repite en otros países.
Australia paga más de 100.000 dólares por encontrar información
El Australian Secret Intelligence Service, ASIS, ofrece quizá uno de los ejemplos más transparentes de lo que puede valer un auténtico perfil operativo.
Su convocatoria actual para Intelligence Officer establece un salario de 100.451 a 138.523 dólares australianos. El puesto consiste en planificar, desarrollar y gestionar operaciones de inteligencia, construir relaciones de confianza y obtener información secreta en el extranjero. Pero Australia está buscando algo más que personas capaces de hablar con fuentes.
Entre las vacantes actuales del ASIS aparecen también perfiles tecnológicos y de ingeniería. Un Operational Technology Officer tiene publicada una horquilla de 120.199 a 138.523 dólares australianos, mientras que determinados puestos tecnológicos pueden alcanzar 240.632 dólares australianos cuando se incluyen salario, complementos y bonificaciones aplicables. El mensaje es bastante claro: el espía del siglo XXI también puede ser ingeniero.
ASIS ofrece, además, complementos por idiomas, ayudas para destinos internacionales, apoyo para reubicación y una aportación del 15,4% del salario a la jubilación.
Y su propia documentación de contratación explica que recluta desde recién graduados hasta personas que cambian de carrera, con perfiles procedentes de prácticamente todos los ámbitos profesionales.
Canadá: el “espía” tiene una nómina perfectamente pública
Canadá ofrece otro caso especialmente interesante. El CSIS, su servicio de inteligencia y seguridad, tiene una categoría de Human Intelligence Officer para la que actualmente publica una remuneración de 87.459 a 120.917 dólares canadienses, con un máximo de 106.386 dólares durante el programa de desarrollo. El puesto está abierto a ciudadanos canadienses y contempla destinos en varias ciudades del país.
Su trabajo tampoco consiste en perseguir villanos por aeropuertos internacionales. Los Human Intelligence Officers realizan recopilación de inteligencia y trabajan como investigadores regionales, estableciendo contacto con personas y comunidades.
La definición vuelve a acercarse mucho más al mundo real que al cine: relaciones humanas, investigación, evaluación y capacidad para obtener información.
Francia busca idiomas raros, analistas de datos y agentes de campo
La DGSE, el servicio exterior francés, ofrece quizá una de las fotografías más interesantes de hacia dónde se está moviendo la profesión.
En marzo de 2026 anunció una reforma de su proceso de selección para ampliar los perfiles que incorpora. Entre las nuevas especialidades académicas introducidas figuran gestión empresarial, geografía, historia y análisis de datos.
Mientras tanto, la DGSE sigue buscando perfiles operativos y técnicos: análisis de inteligencia, agentes de terreno, informática, inteligencia electromagnética, inteligencia de imágenes y lenguas extranjeras.
Y aquí aparece otro mercado laboral especialmente interesante: las lenguas raras.
La DGSE explica que la experiencia lingüística y el conocimiento de los códigos culturales son esenciales para convertir información en inteligencia. Entre sus ofertas aparecen actualmente puestos relacionados con ruso, persa y árabe, y el servicio considera las lenguas poco frecuentes un activo especialmente valioso.
El salario, en cambio, no se publica como una tarifa única para “espías”. La DGSE explica que la remuneración de sus contratados depende de titulación, experiencia y especialidad.
Es otra diferencia importante entre los servicios: allí donde Estados Unidos, Australia o Canadá publican bandas salariales concretas para determinados puestos, otros servicios mantienen una mayor opacidad sobre la remuneración.
¿Y cuánto cobra un espía español?
Aquí es donde la historia se vuelve más interesante para un lector de Forbes España.
El Centro Nacional de Inteligencia (CNI) no presenta públicamente una tabla equivalente a la de la CIA o el ASIS para decir cuánto cobra un “agente”. Por eso sería incorrecto asignarle una cifra concreta sin disponer de una fuente oficial que permita compararla.
Lo que sí sabemos es qué busca. El CNI divide su estructura profesional en áreas de Inteligencia, Operativa, TIC, Seguridad, Traductores e Intérpretes y Servicios Corporativos. La especialidad de Inteligencia se ocupa de obtener, evaluar e interpretar información para proteger y promover los intereses políticos, económicos, industriales, comerciales y estratégicos de España. La Operativa reúne puestos destinados a obtener información mediante actividades que requieren procedimientos o técnicas operativas.
Y hay una diferencia especialmente llamativa respecto al cliché del espía experimentado: el CNI dice expresamente que no exige experiencia previa. La experiencia es un añadido, pero no un requisito general.
Para incorporarse hay que tener nacionalidad española, la titulación correspondiente, ser mayor de edad y obtener el informe de seguridad necesario para el puesto. El proceso de formación inicial dura seis meses y se realiza en la sede del CNI en Madrid.
Y también aquí los idiomas tienen un papel importante. El CNI señala que trabaja con un número muy amplio de lenguas y que sus traductores e intérpretes abarcan tanto idiomas próximos como otros alejados geográfica y culturalmente.
Hay incluso otra puerta de entrada menos cinematográfica pero muy reveladora: el CNI permite colaborar sin ser miembro de la institución a personas cuyos conocimientos, actividad profesional, acceso a determinadas personas o información puedan resultar útiles para sus misiones.
El Mossad tampoco funciona como una película
Israel ofrece un contraste todavía mayor. El Mossad reconoce abiertamente en su web que los salarios de sus empleados están establecidos mediante acuerdos salariales con el Tesoro israelí, pero no publica una tabla comparable a la de la CIA, ASIS o CSIS. Sí explica, sin embargo, que no todos sus puestos implican viajar al extranjero: algunos incluyen destinos internacionales con la familia, otros viajes cortos y otros no requieren abandonar Israel. También señala que las carreras profesionales pueden ser de largo recorrido, pero que no existe una obligación de permanecer en el servicio durante toda la vida laboral.
Otra vez, la realidad se parece menos a Bond. Hay puestos de espía que no implican vivir en otro país.
Entonces, ¿cuándo buscan los Estados a sus nuevos espías?
La respuesta más sorprendente es: constantemente. No esperan a que estalle una guerra para empezar a contratar. Los servicios de inteligencia mantienen procesos de selección y bolsas de candidatos porque las necesidades cambian mucho más deprisa que las carreras profesionales.
La CIA afirma que sus necesidades de contratación son tan dinámicas como el panorama internacional de inteligencia. La DGSE mantiene actualmente cientos de ofertas de empleo y ha reformado sus procesos para diversificar los perfiles que incorpora. ASIS mantiene abiertas simultáneamente vacantes de inteligencia y tecnología.
Y tampoco buscan únicamente en las facultades de Ciencias Políticas. La CIA afirma necesitar especialistas en ciencia, ingeniería, biología, química, física, datos, software y prácticamente cualquier disciplina STEM. Incluso señala que algunos puestos tecnológicos permiten trabajar en problemas operativos para los que todavía no existe una solución comercial.
Francia está incorporando análisis de datos a sus procesos de selección. Australia busca ingenieros, especialistas tecnológicos y profesionales capaces de trabajar con datos geoespaciales y conjuntos de información multilingües.
El nuevo 007, por tanto, puede saber manejar un idioma que casi nadie habla. Pero también puede saber programar. O analizar imágenes de satélite. O interpretar datos. O entender cómo funciona una economía. O reconocer las sutilezas culturales de un país.
¿Quiénes son entonces los mejores espías del mundo?
Probablemente sea la pregunta más tentadora y la peor para un artículo serio. No existe una clasificación fiable de los “mejores espías del mundo”. Los servicios secretos no compiten en una liga pública y buena parte de sus éxitos y fracasos permanece clasificada.
Sí podemos identificar, en cambio, algunos de los servicios más conocidos y observar qué perfiles están reclutando: la CIA en Estados Unidos, el MI6 en Reino Unido, el CNI en España, la DGSE en Francia, el Mossad en Israel, el CSIS en Canadá o el ASIS en Australia.
Y hay una conclusión común en todos ellos: la inteligencia moderna necesita mucho más que agentes de campo.
La profesión más secreta también está cambiando
El mito de James Bond ha sobrevivido porque funciona perfectamente en el cine: un hombre, una misión, una identidad falsa y una pistola. Pero el mercado laboral de los servicios secretos cuenta una historia diferente.
El Case Officer de la CIA puede empezar entre 70.685 y 107.590 dólares. Un puesto de operaciones paramilitares puede alcanzar 128.956 dólares de salario inicial publicado. Un Intelligence Officer del ASIS parte de 100.451 dólares australianos y un perfil tecnológico puede superar ampliamente esa cifra. En Canadá, un Human Intelligence Officer puede llegar a 120.917 dólares canadienses.
Pero las cifras cuentan solo una parte de la historia.
Porque si algo tienen en común estos servicios es que no parecen estar comprando únicamente horas de trabajo. Están comprando confianza. Están comprando discreción.
Están comprando conocimiento cultural. Y, cada vez más, están comprando tecnología y capacidades que hace una década ni siquiera formaban parte del imaginario tradicional del espionaje.
Quizá esa sea la verdadera evolución de 007. El espía del futuro no será necesariamente quien mejor dispare. Será quien consiga saber algo que los demás todavía no saben.

