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RoRo: «Lo único que de verdad me importa es Pablo y el dinero. Porque sé lo que es no tenerlo»

Rocío López Bueno se hizo viral cocinando para su novio y hoy encarna, mejor que nadie, el debate sobre la creación de contenido en España: talento, polémica y una ambición que va mucho más allá de la influencia.

Una de las aficiones de Roro es la costura. “Me gusta la manualidad de una acción como es coser. Pasar de una tela a un vestido me parece una fantasía. Y poder diseñarlo. Me gusta mucho la ropa”. En la foto, con mono de Burberry. (Foto: Enrique Escandell)

“Hoy me he levantado y he dicho: quiero un caballo. Y Pablo… se ha reído. A menudo él tiene que bajarme un poco a la tierra y decirme: ‘Oye, Ro, que a lo mejor un caballo no’… Pero a mí, en cuanto se me mete algo en la cabeza…” No termina la frase. No hace falta. Cualquiera que haya visto uno de sus vídeos –como esas recetas de cuatro horas para un plato que en pantalla dura noventa segundos– sabe cómo acaba siempre esa clase de impulsos en la vida de Rocío López Bueno, más conocida como RoRo: ejecutándose, documentándose y, tarde o temprano, volviéndose viral.

Nacida en Madrid el 1 de marzo de 2002, RoRo empezó a subir contenido de gimnasio y recetas saludables sin mayor ambición que la de compartir su día a día. El giro llegó en el verano de 2024, cuando decidió centrar sus vídeos en un formato simple: cocinar para su novio, Pablo Santos, al que conoció por Tinder. Bastaron dos meses y una única frase –“Hoy a Pablo le apetecía…”– para que el algoritmo hiciera el resto.

Roro asegura ser una persona fuerte y resiliente: “No conozco a nadie más fuerte que yo ”. En la imagen, con blazer de PORTS 1961, pantalón denim LEVI S, tacones MARTINELLI y anillos SUOT. (Foto: Enrique Escandell)

Uno de aquellos vídeos, un ragú de pato a la naranja con pasta fresca elaborado desde cero, superó los 84 millones de reproducciones y convirtió a una veinteañera anónima en uno de los fenómenos digitales más comentados de España. “Lo hice sin ningún tipo de intención de hacer gracia”, recuerda entre risas. “Pero luego lo veo y digo: es que es verdad, hace mucha gracia. Porque hago primero la pasta, después el ragú, después el queso, y siempre hay un paso más a la receta. Tardé cuatro horas solamente en hacer el pato”.

En apenas dos años, aquel fenómeno viral no tardó en convertirse en carrera. RoRo ha fichado por Next Level Chef, el programa de cocina que presenta Blanca Romero, y ha subido dos veces al ring en La Velada del Año de Ibai Llanos. También ha publicado un libro de recetas, un hito que –dice– le permitió que los mayores de su familia entendieran de verdad a qué se dedicaba. “Mi abuela materna, Ángela, vino a mi firma en la Feria del Libro y se puso a llorar. Me pareció uno de los mejores momentos de mi vida, y ella entendió que estaba haciendo algo. Vio el libro y sentí que estaba orgullosa”.

El éxito trajo también la sombra más persistente de su carrera: la acusación de encarnar a la tradwife, la esposa tradicional que renuncia a su propia vida en favor de la del marido. RoRo lleva dos años respondiendo a esa etiqueta, y lo hace siempre con el mismo argumento, casi memorizado a fuerza de repetirlo: “Yo trabajo. Tengo una carrera de traducción, hablo cuatro idiomas”, argumenta. “Hago una tarea históricamente femenina, que es cocinar, pero no tiene nada que ver con el rol que tengo en la relación. Está mucho más repartido de lo que la gente cree: yo cocino porque es algo que se me da muy bien, y Pablo es maniático del orden, así que él limpia y ordena. Cada uno tiene su papel”.

Roro pasó parte de su infancia en Alemania, hasta que su familia se instaló en Alicante y después regresó a la capital, donde estudió Traducción e Interpretación. Lleva Mono BURBERRY y Tacones ACNE STUDIOS. (Foto: Enrique Escandell)

Tampoco acepta la lectura de la sumisión, aunque sí matiza el vínculo afectivo que la sostiene: “Lo de sumisa no lo llegué a entender nunca. Dependiente, afectivamente, sí: yo dependo de Pablo igual que él depende de mí. Eso no significa que sea una mujer que no puede vivir sin él”. Llegó incluso a sufrir insultos por la calle –“esclava”, le gritaban– algo que contrasta, dice, con lo que de verdad se encuentra cuando sale de casa: “Ahora mismo estoy viviendo una de las peores polémicas de mi vida. Pero la verdad es que luego, en la calle, hay amor. Hay un montón de niñas que me dicen que gracias a mí se han puesto a cocinar, que les interesaba siempre, pero les daba vergüenza aprender. Y recibir esos comentarios me hace muchísima ilusión”.

Lo que casi nadie preguntaba hasta ahora es de dónde sale esa determinación que ella aplica en cada proyecto que asume. La respuesta se remonta a una adolescencia marcada por el acoso escolar y por cinco años de anorexia, de los que RoRo habla sin solemnidad, como quien ha hecho las paces con su propia historia. “Siento que para la poca edad que tengo he tenido bastantes problemas, y creo que es filosofía de vida para seguir adelante”, explica. “También era una manera de mantener el control: cuando tienes tantos problemas, al final necesitas controlar algo, y por eso también se generan esos problemas alimenticios”.

Puedes leer la entrevista completa en el próximo número de Forbes

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