Health

España ultima preparativos para contar con la mayor red pública de protonterapia de Europa

España dispondrá de máquinas de protonterapia en once centros sanitarios públicos. Diez de ellas han sido adquiridas gracias a los 280 millones de euros donados por la Fundación Amancio Ortega

protonterapia Galicia
Instalaciones del Centro de Protonterapia de Galicia. (Xunta de Galicia)

No todos los avances contra el cáncer llegan en forma de un nuevo medicamento. Algunas soluciones consisten en concentrar la dosis sobre el cáncer y reducir la exposición de los tejidos sanos. Es decir, se centran en tratar el tumor con mayor precisión reduciendo al máximo el daño que puede provocar el propio tratamiento. Esa es la principal promesa de la protonterapia, una modalidad de radioterapia cuyo acceso en nuestro país se concentra en dos centros privados. Sin embargo, eso está a punto de cambiar. Y es que, la sanidad pública se prepara para desplegar la mayor red de protonterapia de Europa.

En concreto, España dispondrá de máquinas de protonterapia en once centros sanitarios públicos. Diez de ellas han sido adquiridas gracias a los 280 millones de euros donados por la Fundación Amancio Ortega en el marco del acuerdo alcanzado en 2021 con el Ministerio de Sanidad y siete comunidades autónomas. A ellas, se suma la unidad adquirida por Cantabria al margen de este convenio. Así, junto a las dos instalaciones privadas que ya funcionan en Madrid, el país alcanzará las 13 máquinas de protonterapia.

El Hospital Universitario de Santiago de Compostela será el primero en poner en funcionamiento su equipo, previsiblemente entre finales de 2026 y principios de 2027. Le seguirá el Hospital Universitario de Fuenlabrada, que espera comenzar a tratar pacientes durante el primer semestre del próximo año. Posteriormente, se irán incorporando las unidades del Hospital Universitario La Paz, en Madrid; y el Hospital Universitario y Politécnico La Fe, en Valencia. Le seguirán los hospitales de San Sebastián, Málaga, Sevilla, Barcelona y Gran Canaria, hasta completar el despliegue previsto en 2028. Cantabria espera, por su parte, recibir a sus primeros pacientes en el Hospital Universitario Marqués de Valdecilla también a comienzos de ese año.

El despliegue está siendo lento debido a que la instalación de una unidad de protonterapia es compleja. Estas máquinas no pueden instalarse simplemente en una sala disponible de un hospital. Los aceleradores necesitan instalaciones específicas, grandes búnkeres y gruesas estructuras de hormigón destinadas a garantizar la protección radiológica. Las obras acometidas en Galicia dan una idea de la escala. Según los datos facilitados sobre el proyecto de Santiago, la construcción ha requerido más de 5.000 toneladas de hormigón, una cantidad comparable a la empleada en un edificio de diez plantas.

Una red en el ámbito nacional

A día de hoy, España cuenta con máquinas de protonterapia en el ámbito privado y los pacientes del sistema público que la necesitan pueden ser derivados mediante los correspondientes mecanismos de financiación. Sin embargo, este nuevo programa se ha diseñado con el objetivo de dar cobertura a todo el territorio nacional y coordinar la derivación de pacientes entre comunidades. En Madrid, por ejemplo, la Comunidad señala que el modelo contempla una red única de pacientes y coordinación interterritorial.

Así, la intención es que funcionen como una red nacional y que cualquier paciente pueda ser derivado a una de las unidades cuando los especialistas consideren indicada la protonterapia, independientemente de su lugar de residencia. De hecho, cada una de las nuevas máquinas tendrá capacidad para tratar, según las estimaciones recogidas en el proyecto, entre 200 y 330 pacientes al año.

Esta etapa también abre la posibilidad de convertir a nuestro país en una fuente de datos clínicos capaz de generar conocimiento sobre qué pacientes obtienen realmente más beneficio de los protones. Así, esta evaluación continua permitirá movernos en un escenario privilegiado para generar conocimiento sobre una tecnología cuya utilización deberá crecer de la mano de la evidencia.

Más precisión, pero sin sustituir a la radioterapia

La llegada de estos equipos públicos no significa que la protonterapia vaya a sustituir a la radioterapia convencional. Esta continuará siendo la opción adecuada para la mayoría de los pacientes. El reto estará, precisamente, en seleccionar aquellos casos en los que la mayor precisión de los protones se traduzca en un beneficio clínico suficiente.

La principal diferencia entre la protonterapia y la radioterapia convencional se encuentra en cómo se administra la radiación. Mientras esta última utiliza habitualmente fotones, la primera emplea protones, que permiten depositar la dosis con mayor precisión sobre el tumor y disminuir la radiación que reciben los tejidos próximos. Esta característica adquiere especial importancia en determinados tumores pediátricos y en adultos jóvenes. Son pacientes que, en muchos casos, presentan una elevada supervivencia y tienen décadas de vida por delante, por lo que reducir la exposición de órganos sanos puede ayudar a limitar determinadas secuelas a largo plazo.

La Sociedad Española de Oncología Radioterápica (SEOR) contempla su utilización en escenarios como determinados tumores pediátricos, oculares, próximos a la base del cráneo, de médula espinal y columna vertebral, además de reirradiaciones seleccionadas, entre otras indicaciones.

La formación y la coordinación, los próximos retos

La magnitud del despliegue abre, al mismo tiempo, varios desafíos. Uno de ellos tiene que ver con la formación. Y es que, España tendrá que multiplicar, en pocos años, el número de profesionales con formación y experiencia en protonterapia. Porque el uso de estos equipos requiere equipos multidisciplinares en los que participan oncólogos radioterápicos, radiofísicos hospitalarios, técnicos especialistas en radioterapia y dosimetría, enfermería y profesionales de áreas como informática y electromedicina.

Por eso, la formación forma parte de la propia inversión. De los 280 millones aportados por la Fundación Amancio Ortega, 263 millones se han destinado a la adquisición de los diez equipos, su mantenimiento y la preparación de los profesionales que deberán trabajar con ellos.

Sin embargo, el desafío no será únicamente disponer de suficientes especialistas cuando las máquinas comiencen a funcionar. Una red de esta escala tendrá que acumular experiencia, compartir protocolos y garantizar criterios homogéneos para decidir qué pacientes deben recibir protonterapia y dónde deben ser tratados. Así, la coordinación será otro de los puntos clave. Así, está previsto que el Ministerio de Sanidad trabaje con las comunidades autónomas y la Fundación Amancio Ortega en la creación de un registro único que permitirá organizar las derivaciones entre las diferentes unidades.

El coste de mantenimiento también supondrá un reto. Y es que, la inversión no termina con la adquisición del equipo. A la inversión inicial hay que añadir edificios, tecnología complementaria, mantenimiento, profesionales especializados y funcionamiento durante décadas. Y eso convierte la eficiencia en otro de los grandes exámenes que tendrá que superar la futura red.

Artículos relacionados