Durante unos días, San Sebastián vuelve a hablar el lenguaje del cine. Las calles, los hoteles, los teatros y las alfombras rojas de la ciudad se convierten en punto de encuentro para actores, directores, productores y espectadores llegados de todo el mundo. Pero el Festival de San Sebastián no es solo una sucesión de estrenos y nombres propios. Cada edición funciona también como un retrato de la industria, de sus transformaciones y de las historias que hoy encuentran espacio en la gran pantalla. La de 2026, además, tiene un significado especial: marca el final de una etapa y abre otra para uno de los grandes festivales europeos.
1. El cierre de una era
La 74ª edición del Festival de San Sebastián es también la última de José Luis Rebordinos como director. Tras 16 años al frente del certamen, su salida convierte esta edición en un punto de inflexión para el Zinemaldia. Durante su dirección, San Sebastián ha reforzado su dimensión internacional y su capacidad para reunir cine de autor, grandes producciones y algunas de las figuras más relevantes de la industria.
A partir de 2027 será Maialen Beloki quien tome el relevo. El cambio de dirección abre así una nueva etapa, pero también invita a mirar hacia atrás y valorar el camino recorrido por un festival que ha convertido la ciudad en una de las grandes citas cinematográficas del calendario internacional.
2. Naomi Watts, mucho más que un Premio Donostia
Entre las imágenes de esta edición quedará la de Naomi Watts recogiendo el Premio Donostia. La actriz australiana llegó a San Sebastián con una carrera que atraviesa tres décadas de cine y con una trayectoria construida a partir de personajes muy diferentes entre sí.
Su presencia sirve también para poner sobre la mesa una conversación que trasciende la alfombra roja: la de las oportunidades para las mujeres a medida que cumplen años y la necesidad de que la industria siga escribiendo personajes complejos para actrices que ya han demostrado todo lo que son capaces de hacer. En un festival donde los reconocimientos funcionan como memoria viva del cine, el de Watts mira tanto hacia su trayectoria como hacia los papeles que todavía están por llegar.
3. San Sebastián vuelve a ser territorio de estrellas
El atractivo del festival se mide también en nombres. Brad Pitt, Orlando Bloom, Rami Malek, Jeremy Irons, Werner Herzog y la propia Naomi Watts han contribuido a convertir esta edición en uno de esos momentos del año en los que el cine sale de las salas y ocupa toda la ciudad.
Pero las estrellas son solo una parte de la ecuación. Su presencia refuerza la dimensión internacional de un festival que consigue reunir en pocos días a figuras consagradas, cineastas de autor y nuevos talentos. San Sebastián vuelve a demostrar así que la alfombra roja puede ser una puerta de entrada a conversaciones mucho más amplias sobre el presente y el futuro del cine.
4. El nuevo cine español mira hacia fuera
El cine español también llega a San Sebastián con vocación internacional. La presencia de títulos con recorrido más allá de nuestras fronteras y de películas vinculadas a la carrera española hacia los Oscar convierte el festival en un escaparate especialmente relevante para una industria que busca seguir ampliando su público.
Más allá de los premios y las selecciones, el Zinemaldia funciona como un lugar de encuentro entre creadores, productores y distribuidores. Una dimensión industrial que convive con la cinematográfica y que explica buena parte de la relevancia del festival: aquí no solo se presentan películas, también se construyen trayectorias y se abren conversaciones sobre el futuro del sector.
5. Las mujeres ocupan el centro de la conversación
La presencia femenina atraviesa esta edición desde distintos ángulos. Directoras, actrices, productoras y personajes femeninos ocupan un espacio cada vez más visible en la programación y en las conversaciones que rodean al festival.
No se trata únicamente de contabilizar nombres, sino de observar qué historias llegan a la pantalla y quiénes tienen la oportunidad de contarlas. Desde el reconocimiento a carreras consolidadas hasta el impulso a nuevas voces, San Sebastián vuelve a reflejar una transformación que afecta a toda la industria: la búsqueda de una representación más amplia y de personajes femeninos que escapen de los lugares comunes.
6. El cine como espejo de un mundo en transformación
Y quizá ahí esté una de las claves que mejor resumen esta edición. Bajo los focos, junto a las grandes estrellas y las premieres, aparecen historias que hablan de cuestiones profundamente contemporáneas: migración, identidad, cuidados, familia, desigualdad o la complejidad de las relaciones humanas.
Es una de las razones por las que un festival como San Sebastián sigue siendo algo más que una celebración del cine. Las películas funcionan como una forma de mirar el presente, de ordenar aquello que preocupa a una sociedad y de convertirlo en relato. Cuando las luces de las salas se encienden y las alfombras rojas quedan atrás, es precisamente esa conversación la que permanece.
San Sebastián cierra así una edición que mira en dos direcciones al mismo tiempo. Hacia el pasado, con el final de una etapa marcada por Rebordinos, y hacia el futuro, con una nueva dirección y una industria que continúa transformándose. Entre ambas orillas, el festival vuelve a hacer lo que mejor sabe: reunir historias, talento y público en una ciudad que, durante unos días, vuelve a tener al cine como idioma común.

