La seguridad ambiental se ha convertido en una cuestión económica. El agua, la energía y otros recursos esenciales ya no pueden darse por garantizados en un escenario marcado por el cambio climático, la incertidumbre geopolítica y una presión creciente sobre los recursos naturales. Para Daniel Tugues, CEO de Veolia España, esta nueva realidad obliga a cambiar la manera en la que se entienden las infraestructuras y las inversiones necesarias para sostener la actividad económica.
Durante una conversación con Germán Granda, director general de Forética, en el Forbes Economic Summit, Tugues ha defendido que la seguridad debe incorporarse como un elemento central de la planificación económica. No se trata únicamente de disponer de recursos cuando son necesarios, sino de contar previamente con las infraestructuras y capacidades que permitan responder cuando las condiciones cambian.
“La seguridad nos llama a tener un cambio de paradigma en cómo visualizamos las cosas”, ha señalado.
El valor de una infraestructura también está en poder utilizarla cuando haga falta
Tugues ha recurrido a un ejemplo relacionado con la gestión del agua en Barcelona para explicar esta nueva forma de entender la inversión.
Hace cerca de dos décadas, la ciudad atravesó una grave sequía que llegó a situarla a pocos días de tener que aplicar restricciones de agua. Como consecuencia de aquella situación se tomaron distintas decisiones, entre ellas la construcción de una desaladora.
Durante los periodos en los que la infraestructura no era necesaria, surgieron críticas sobre el sentido de mantener una instalación que aparentemente no estaba siendo utilizada. Pero, según Tugues, esa interpretación no tenía en cuenta el verdadero objetivo de la inversión.
“No has comprado agua, has comprado seguridad”, ha explicado.
La lógica, ha añadido, es similar a la de un seguro: pagar por una protección que, si no se utiliza, significa que el escenario más grave no se ha producido. El valor de la infraestructura está en tenerla disponible cuando llega una situación extraordinaria.
La siguiente gran sequía volvió a ponerlo de manifiesto. La desaladora permitió afrontar el episodio sin tener que recurrir al racionamiento del agua. “Gracias a Dios que tenemos la desaladora”, ha recordado Tugues.
Para el CEO de Veolia España, este ejemplo debería servir para replantear cómo se valoran las inversiones en servicios básicos. Algunas infraestructuras no están concebidas para generar un retorno inmediato, sino para reducir la vulnerabilidad de una economía ante escenarios futuros.
Cambio climático y geopolítica: el fin de las certezas
El concepto de seguridad se vuelve todavía más relevante, según Tugues, porque el entorno en el que operan las empresas y las economías se ha vuelto mucho más complejo.
“El mundo estable ya no rige”, ha apuntado.
El cambio climático está modificando las condiciones bajo las que se planifican recursos como el agua, mientras que la incertidumbre geopolítica ha demostrado que incluso determinados suministros procedentes del exterior pueden verse afectados de manera repentina.
Eso obliga a preguntarse hasta qué punto una economía puede garantizar su seguridad sin disponer de una base local suficientemente sólida.
Tugues también ha señalado que la dimensión alcanzada por la actividad humana ha cambiado la relación con la naturaleza. La sociedad ya no es un actor pasivo: la presión sobre los recursos y el volumen de emisiones han alcanzado una escala que hace inviable asumir que los ecosistemas pueden absorber indefinidamente los impactos de la actividad económica.
La cuestión ambiental conecta así directamente con la competitividad. Una economía necesita agua, energía, servicios básicos y unas condiciones adecuadas de salubridad y calidad ambiental para que las empresas puedan operar y para que las personas quieran vivir y trabajar en ella.
Tecnología e inversión existen, pero falta certidumbre
Para Tugues, el problema no está principalmente en la falta de tecnología. Las soluciones para afrontar buena parte de estos desafíos ya existen.
Tampoco considera que la inversión sea necesariamente el principal obstáculo. Empresas como Veolia llevan décadas desarrollando proyectos de largo plazo en ámbitos relacionados con el agua, los residuos y la gestión de recursos.
El elemento que falta, a su juicio, es certidumbre institucional y jurídica.
Las inversiones en servicios esenciales requieren horizontes temporales largos y, precisamente por su naturaleza, suelen estar vinculadas a retornos moderados. Por eso, sostiene Tugues, las empresas necesitan estabilidad en las reglas del juego.
“En largo plazo, retorno moderado, ¿qué es lo que uno pide en contrapartida? Pues certidumbre institucional, jurídica”, ha planteado.
La cuestión no es únicamente aprobar nuevas iniciativas, sino crear un marco suficientemente estable para que las inversiones puedan desarrollarse durante años.
Del plástico reciclado al tratamiento del agua
Tugues ha puesto como ejemplo el reciclaje de plásticos. Veolia ha apostado por desarrollar esta actividad con el objetivo de avanzar hacia una economía más circular y reducir la dependencia de materias primas vinculadas al petróleo.
Pero la inversión empresarial necesita también que exista un mercado capaz de absorber los productos y materiales resultantes.
“Las empresas nos lanzamos y después resulta que no se dan las condiciones para que haya un mercado de materia reciclada”, ha explicado.
En el ámbito del agua ocurre algo parecido. Tugues ha señalado los cambios regulatorios relacionados con el tratamiento de aguas como un ejemplo de la dificultad que genera modificar las condiciones de proyectos que necesitan largos periodos de planificación e inversión.
La disposición de las empresas, ha defendido, existe. También la tecnología y el capital. Lo que necesitan estos proyectos es que se definan las prioridades y que las condiciones permanezcan suficientemente estables para poder desarrollarlos.
En este contexto, la seguridad deja de ser un concepto abstracto para convertirse en una variable económica. Garantizar agua, energía, recursos y servicios esenciales implica invertir antes de que llegue la emergencia. Y, para Tugues, esa es precisamente la razón por la que España necesita cambiar la forma en la que entiende y valora sus infraestructuras.

