Así lo confirmó el consejero delegado del fabricante, Kelly Ortberg, durante una conferencia de inversores de Morgan Stanley de este miércoles, tal y como recoge ‘Bloomberg’.
En su intervención, ha achacado los retrasos a la certificación pendiente de una junta de la turbina de GE Aerospace que propulsa el avión 777X.
GE, que conoce la causa principal de un problema de durabilidad de la junta central de su motor GE9X, entregó las primeras unidades con juntas centrales mejoradas en agosto y espera que el avión entre en servicio en 2027.
En cuanto al 737X, la compañía ha señalado que su producción estaba tardando más en estabilizarse en 47 unidades al mes, además de que la fabricación interna de las alas suponía un problema, después de que la Administración Federal de Aviación (FAA) diera luz verde en mayo al aumento de fabricación.
A más largo plazo, Boeing tiene planes para aumentar ese ritmo hasta las 63 unidades al mes a lo largo de varios años.
Por otro lado, tras la certificación del 737 Max 7, Ortberg ha afirmado que «muy pronto» se dará el visto bueno a la variante Max 10, más grande, ya que la empresa ha completado todas las pruebas de vuelo necesarias y las autoridades reguladoras están evaluando actualmente toda la documentación.
Por último, el consejero delegado también ha restado importancia a la posibilidad de que se cerrara de un solo golpe un pedido importante procedente de China, vinculado al próximo viaje del presidente del giante asiático, Xi Jinping, a Estados Unidos. Ortberg ha apuntado a que, aunque la empresa espera que haya «un incremento de los pedidos en el futuro», serán anunciados por las aerolíneas chinas a su propio ritmo.
Al conocerse las novedades de producción de Boeing, sus acciones cayeron un 3,7% ayer y cerraron a 201,96 dólares en la sesión regular, representanto su mayor caída desde mayo. En lo que va de año, acumula una bajada del 7% en su valor bursátil.

