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La nueva guerra de la IA se libra por la electricidad

España prepara nuevas reglas para los centros de datos mientras Amazon, Microsoft y Google presionan para acelerar unas inversiones que podrían movilizar hasta 67.000 millones de euros.

Representación visual de la conexión entre centros de datos e infraestructura energética

Durante años, la carrera tecnológica se ha contado en términos de chips, modelos de inteligencia artificial y capacidad de computación. Pero a medida que los sistemas de IA se vuelven más grandes y los centros de datos multiplican su capacidad, aparece un factor mucho menos visible que empieza a condicionar la expansión del sector: la electricidad.

España se encuentra ahora en uno de los puntos de fricción de esta nueva carrera. El Gobierno tramita una regulación específica para los centros de datos que contempla que estas instalaciones cubran el 80% de su consumo eléctrico con energías renovables, con una acreditación del suministro renovable hora a hora. La propuesta ha generado oposición entre parte del sector tecnológico y los inversores.

La discusión ha llegado también a la Comisión Nacional de los Mercados y la Competencia (CNMC), que está preparando un informe sobre el proyecto de real decreto después de recibir observaciones de empresas, administraciones y otros agentes del sector eléctrico. El dictamen no será vinculante, pero forma parte de la tramitación de la norma.

En el centro de la disputa hay una cifra que explica por qué el asunto ha adquirido una dimensión empresarial: 67.000 millones de euros. Es la inversión que la patronal de los centros de datos asegura que podría estar en juego en España hasta 2030 si las condiciones regulatorias terminan frenando determinados proyectos. Se trata de una estimación del sector, no de una inversión comprometida oficialmente.

El cuello de botella ya no está solo en los chips

La expansión de la inteligencia artificial está modificando la relación entre tecnología y energía. Los modelos necesitan cada vez más capacidad de cálculo y esa capacidad depende de infraestructuras físicas: servidores, redes, sistemas de refrigeración y, sobre todo, un suministro eléctrico capaz de funcionar de forma continua.

La cuestión ya no consiste únicamente en construir un centro de datos. También hay que determinar dónde puede conectarse a la red, cuánta potencia puede recibir y de dónde procede esa electricidad.

El debate español llega precisamente cuando el país está aumentando sus inversiones en infraestructura eléctrica. El Gobierno ha elevado a más de 17.000 millones de euros hasta 2030 la inversión prevista para las redes de alta tensión, un 30% más que la planificación inicial. El incremento responde, entre otros factores, al crecimiento de la demanda derivada de la electrificación.

La coincidencia temporal es significativa: mientras las empresas tecnológicas necesitan cada vez más capacidad eléctrica para desplegar infraestructura de IA, España está intentando ampliar la red que debe transportar esa electricidad.

Amazon ya ha puesto la cifra sobre la mesa

Uno de los ejemplos más claros está en Aragón. Amazon anunció en marzo una inversión total de 33.700 millones de euros en España para ampliar su infraestructura de centros de datos y desarrollar capacidades de cloud e inteligencia artificial. La compañía calcula que el proyecto podría contribuir con 31.700 millones de euros al PIB español hasta 2035 y sostener unos 29.900 empleos equivalentes a tiempo completo al año en empresas locales, entre puestos directos, indirectos e inducidos. Son estimaciones proporcionadas por Amazon.

La infraestructura de AWS en España está concentrada en Aragón, donde la región europea de Amazon Web Services cuenta con zonas de disponibilidad en las provincias de Zaragoza y Huesca. La compañía también ha anunciado su intención de ampliar su presencia a las tres provincias aragonesas.

Amazon afirma además que sus centros de datos de Aragón igualan desde 2022 su consumo eléctrico con energía renovable y que está desarrollando proyectos solares y eólicos en España.

El caso ilustra el dilema que empieza a extenderse por Europa: la inteligencia artificial necesita enormes inversiones privadas, pero esas inversiones necesitan a su vez una infraestructura energética capaz de soportarlas.

La pelea es por el acceso a la red

La electricidad no es el único problema. También lo es la capacidad de la red para atender simultáneamente a nuevos centros de datos, industrias, viviendas, transporte electrificado y proyectos de generación.

En España, parte de la industria ha reclamado prioridad frente a los centros de datos en el acceso a las redes eléctricas por el temor a que la nueva demanda de estas instalaciones pueda afectar a su competitividad. Desde el sector de los centros de datos, por el contrario, se cuestiona que se establezcan condiciones específicas para estas instalaciones frente a otros grandes consumidores.

La propuesta regulatoria establece además que el 80% del consumo renovable debe acreditarse hora a hora. El sector sostiene que esta exigencia puede resultar técnica y económicamente difícil de cumplir, especialmente porque una instalación que opera las 24 horas no puede depender únicamente de una fuente como la solar fotovoltaica, cuya producción varía a lo largo del día.

El Gobierno, por su parte, ha señalado que busca evitar que la expansión de los centros de datos termine trasladando costes al sistema eléctrico o a los consumidores y ha dejado abierta la posibilidad de modificar determinados aspectos de la propuesta.

Una nueva geografía empresarial

La consecuencia de todo esto va más allá de una discusión regulatoria. Si la disponibilidad de electricidad abundante, competitiva y baja en emisiones se convierte en un requisito para ampliar la capacidad de computación, la geografía de la inteligencia artificial puede depender tanto de las redes eléctricas como de los centros tecnológicos.

Eso coloca a España ante una oportunidad y, al mismo tiempo, ante una cuestión de planificación industrial. El país dispone de una elevada capacidad renovable y está aumentando la inversión en redes, mientras compañías como Amazon ya han comprometido grandes inversiones en infraestructura digital. Pero la llegada de nuevos proyectos depende de cómo se coordinen generación, almacenamiento, redes, demanda y regulación. La carrera de la inteligencia artificial, por tanto, empieza a tener una dimensión mucho más física de la que sugieren sus productos finales.

Detrás de cada consulta a un modelo, cada agente de IA y cada nueva aplicación hay servidores funcionando en algún lugar. Y detrás de esos servidores hay una infraestructura energética que debe mantenerlos encendidos.

La próxima gran batalla tecnológica no se librará únicamente por quién desarrolla el mejor modelo. También por quién consigue construir, conectar y alimentar la infraestructura necesaria para ejecutarlo.

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