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Mucho más que inversión: lo que un family office busca en un banco

Deutsche Bank aborda las nuevas necesidades de los family offices ante un escenario en el que la capacidad de análisis, ejecución y acceso internacional resulta tan importante como la inversión.

Foto: Pexels.

Los family offices son estructuras creadas para gestionar de forma integral el patrimonio de una familia. Y se han profesionalizado al mismo ritmo que han aumentado las posibilidades —y la complejidad— de aquello que administran. Inversiones financieras, participaciones empresariales, activos inmobiliarios o intereses repartidos entre diferentes mercados pueden formar parte de un mismo patrimonio y exigir decisiones muy distintas entre sí.

Pero profesionalizar la gestión no significa necesariamente desarrollar todas las capacidades dentro de la propia estructura. De hecho, una de las decisiones relevantes para un family office es determinar qué conocimiento necesita tener dentro y qué puede encontrar fuera. Y es ahí donde cambia también la relación con las entidades financieras: el valor de un banco ya no se mide únicamente por los productos a los que da acceso, sino por lo que es capaz de hacer cuando aparece una necesidad concreta.

Para Deutsche Bank, esa respuesta pasa por combinar las capacidades de Wealth Management con las de banca corporativa y banca de inversión. El resultado permite acompañar operaciones en las que pueden confluir inversión, financiación, liquidez, divisas o intereses empresariales y que, por su propia naturaleza, difícilmente admiten una respuesta idéntica para todos los patrimonios.

Cuando tener acceso no es suficiente

Las oportunidades de inversión se han multiplicado, pero también la información necesaria para valorarlas. Para quien gestiona un gran patrimonio, disponer de más datos no resuelve necesariamente el problema: hace falta interpretarlos, contrastarlos y entender qué implicaciones puede tener cada decisión sobre el conjunto.

La capacidad de análisis adquiere ahí un papel fundamental. Deutsche Bank incorpora la visión de su Chief Investment Office (CIO), junto al conocimiento de especialistas en productos, sectores y mercados, para aportar contexto a las decisiones de inversión e identificar riesgos y oportunidades desde distintas perspectivas.

Después llega una segunda cuestión: poder ejecutar. Una buena idea de inversión pierde parte de su valor si no existe la capacidad de convertirla en una operación. La entidad suma a su capacidad de análisis la de ejecución, con acceso a diferentes clases de activos y mercados de capitales, financiación, renta fija o gestión de divisas, una infraestructura que cobra especial relevancia cuando las operaciones aumentan en tamaño o sofisticación.

Una complejidad que también explica por qué la estandarización tiene límites. Dos familias pueden compartir una necesidad aparentemente similar y requerir soluciones completamente distintas en función de cómo esté estructurado su patrimonio, de sus activos o de sus intereses empresariales. La propuesta de Deutsche Bank incorpora también la posibilidad de estructurar productos y soluciones a medida, abordando esas particularidades sin obligarlas a encajar en esquemas predeterminados.

Un patrimonio que no entiende de fronteras

La tecnología ha añadido otra dimensión a esa relación. Para estructuras que pueden gestionar numerosas posiciones y operar en diferentes mercados, contar con una plataforma tecnológica capaz de acompañar esa gestión no es solo una cuestión operativa. También debe facilitar el acceso a la información, el seguimiento de las operaciones y una visión ordenada de aquello que se está gestionando. Es otra de las capacidades que Deutsche Bank pone al servicio de los family offices para facilitar la gestión y el control del patrimonio.

Y cuanto más internacional es el patrimonio, más importante resulta que esa infraestructura pueda acompañarlo. Activos, sociedades o inversiones pueden encontrarse en distintas jurisdicciones y plantear necesidades diferentes en cada mercado. La dimensión internacional de la entidad permite combinar conocimiento local, acceso a especialistas y conexiones con mercados globales, una capacidad especialmente relevante para estructuras que necesitan actuar en varias jurisdicciones.

Pero hay algo que una plataforma, por sofisticada que sea, no puede sustituir: las conexiones. A esa multijurisdiccionalidad se suma el networking y la posibilidad de conectar al family office con especialistas, equipos internacionales y ecosistemas relevantes para sus intereses. Una red que amplía sus posibilidades más allá de aquello a lo que podría acceder únicamente con sus propios recursos.

Quizá por eso la pregunta que debe hacerse hoy un family office ante una entidad financiera ya no sea únicamente qué puede ofrecerle, sino qué es capaz de hacer por él. Analizar una oportunidad, estructurar una solución específica, ejecutarla, proporcionar la tecnología necesaria para seguirla, operar en diferentes jurisdicciones y abrir el acceso a una red internacional son capacidades distintas, pero responden a una misma necesidad: que el banco pueda estar a la altura de un patrimonio que hace tiempo dejó de ser únicamente una cartera de inversión.

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