
«Es un año clave en el que podemos incidir en lo que suceda», dicen desde ‘Menys Turisme, Més Vida’
PALMA, 13 (EUROPA PRESS)
El movimiento contra la turistificación de Baleares se despide de su verano más activo hasta la fecha, marcado especialmente por la multitudinaria manifestación de Palma, y se prepara para tratar de influir en un ciclo electoral en el que se prevé que los efectos de la masificación sea uno de los grandes protagonistas.
Ese es, al menos, el análisis que han hecho un activista y un académico consultados por Europa Press después de unos meses que han concentrado manifestaciones, cadenas humanas, ‘sopars a la fresca’ semanales y múltiples pintadas reivindicativas.
El mallorquín Guillem Colom Montero es profesor de Estudios Hispánicos en la Universidad de Glasgow, pero ha dedicado algunas de sus investigaciones a poner la lupa sobre los impactos de la industria turística en las comunidades.
Echando la vista atrás, ha sostenido que si el de 2024, con las primeras grandes manifestaciones contra el turismo masivo en toda España, puede ser calificado como «el verano de la protesta», el que ahora cierra podría ser «el de la revuelta».
«Ha habido movilizaciones de todo tipo: los ‘sopars a la llesca’ de Brunzit han estado más activos que nunca, ha habido una manifestación en Sóller, que es algo casi inédito, y las acciones contra la turistificación han llegado hasta Eivissa y Menorca, donde no se había articulado un movimiento tan activo como en Mallorca», ha repasado en una entrevista con esta agencia de noticias.
Eso, por un lado, habla del «buen trabajo» del activismo al haber sido capaz de «juntar luchas históricas con otras nuevas» y mezclar «un discurso radical con formas constructivas y alegres». Prueba de ello son la conjunción de manifestaciones tradicionales, como la que reunió a decenas de miles de personas en Palma a finales de julio, y de acciones como la recuperación de una cala de Illetes ‘privatizada’ por un hotel.
Pero también demuestra que la ciudadanía finalmente ha optado por exteriorizar su «rabia y frustración» ante unos problemas estructurales que condicionan su día a día. «La gente está más harta, porque no ve soluciones, pero también está mejor organizada», ha sintetizado Colom Montero.
La suma de estas dos cuestiones, ha subrayado el académico, ha coincidido además con un momento en el que el modelo del turismo de masas implantado en Baleares a partir de los años 60 «está mostrando sus contradicciones más profundas».
«La gente sabe que cuantos más turistas vengan, menor será su calidad de vida, y esto es nuevo (…). No se manifiestan contra el TIL, una medida que no querían que se implementará, sino contra la principal industria de Baleares, la que a muchos les da de comer», ha apuntado. «Ya no solo afecta a los más desfavorecidos, también a las clases medias. Quienes no se ven afectados y se benefician del turismo son cada vez menos», ha añadido.
Las apreciaciones del académico, en buena parte, han coincidido con la percepción que ha tenido una de las caras visibles del movimiento contra la turistificación en Mallorca, Jaume Pujol. «Ha sido el verano más movido, tanto a nivel de protestas como de acciones», ha afirmado uno de los portavoces de la plataforma ‘Menys Turisme, Més Vida’, involucrada en todas las movilizaciones.
El joven activista ha restado importancia a la mejora de la organización, que ha seguido siendo «más o menos autónoma», y ha puesto el foco en el hartazgo de una masa ciudadana cada vez más heterogénea que lleva tres veranos saliendo a la calle de forma multitudinaria.
«Por un lado se nos ignora y por otro ha habido una ola represiva. Cuando han visto que molestábamos han intentado cortar el problema con detenciones y con cargas policiales. Pero ver que con nuestro dinero lo único que hacen es defender el capital turístico ha tenido el efecto contrario», ha expuesto.
EN EL CENTRO DEL DEBATE
Aunque previsiblemente las movilizaciones ciudadanas bajarán su intensidad durante los meses de invierno –son algo «estacionales», como el propio turismo, ha señalado el investigador–, los baleares «seguirán sin encontrar piso o un trabajo» y, por lo tanto, el debate sobre los efectos de la turistificación seguirá candente.
Así, todo parece apuntar a que el nuevo curso político que ahora arranca, el último antes de las elecciones autonómicas, insulares y municipales previstas en Baleares para el próximo mayo, estará condicionado por estas cuestiones.
«Se me hace difícil imaginar una campaña que no sea alrededor de la turistificación y un escenario en el que, a partir de mayo de 2027, no se sigan aplicando políticas de contención, aunque sean pequeñas», ha vaticinado el profesor.
Baleares no está siendo ajena a los grandes temas que podrían marcar el devenir de los comicios estatales –«el PSOE estatal, el anti Pedro Sánchez y otras tensiones», ha apostillado– ni a una cuestión que le afecta de forma directa, la migración irregular, pero «a día de hoy el debate en las elecciones será sobre el turismo».
Alguna pincelada se esbozó en el primer pleno del Parlament del curso, con las protestas de este verano monopolizando el debate entre los portavoces del PSIB y de MÉS per Mallorca y la presidenta del Govern, Marga Prohens.
Mientras los primeros le pidieron que sea consciente del «malestar social» y aplique medidas de decrecimiento turístico, la líder ‘popular’ se aferró a sus políticas de contención y desestacionalización. «El cambio de tendencia ha empezado», afirmó.
LA IZQUIERDA PUEDE «COGER LA FRUSTRACIÓN» Y VOX DEBE HACER EQUILIBRIOS
Con eso claro, Colom Montero ha considerado que «será interesante ver las propuestas» de cada uno de los partidos. De la izquierda ha esperado que busque «coger la frustración y conseguir aplicar medidas con impacto rápido» y del PP, que aguarde a conocer si los ciudadanos le otorgan una mayoría más amplia para, tal vez, «tratar de integrar ciertas demandas».
Las dudas surgen con Vox, quien en el debate sobre el modelo turístico mantiene «una postura compleja». Por un lado es el partido que «más está a favor de la turistificación» y, por otro, ve como muchos de sus potenciales votantes son víctimas de sus efectos.
La portavoz de los de Santiago Abascal en el Parlament, Manuela Cañadas, dijo en mayo de 2024: «Los mallorquines, que directa o indirectamente, vivimos exclusivamente del turismo, no podemos pretender ir a las playas en julio o en agosto tranquilamente, como hace años». Esas palabras, ha usado como ejemplo el académico, a día de hoy serían «impensables».
Pujol ha considerado que, después de lo ocurrido este verano, es «innegable» que la turistificación es un problema y que, por lo tanto, los colectivos sociales están ganando en lo que al discurso respecta. Su «principal reto» en este ciclo electoral, ha apuntado, «será mantener el debate y el relato».
Aunque desde ‘Menys Turisme, Més Vida’ son críticos tanto con el Govern del PP como con el del Pacte –ambos, a juicio de su portavoz, han fomentado el crecimiento turístico–, confían en que algún sector político, «sea cual sea el partido», abandere sus reivindicaciones y ponga el foco sobre ellas.
«Tenemos que poner sobre la mesa el decrecimiento, no podemos hablar de nada que no vaya en esa dirección (…). Es un año clave, en el que podemos intentar incidir en lo que suceda y debemos estar a la altura», ha subrayado.
¿Y qué pasará con el movimiento contra la turistificación después de las urnas? Aunque «mantener este nivel de movilización durante mucho tiempo será difícil», ha vaticinado Colom Montero, «todo dependerá de las elecciones de mayo».
«No se sabrá qué pasa hasta entonces, pero volver a tener un verano tan potente parece difícil. Aunque también parecía difícil llegar hasta aquí hacía tres años», ha sentenciado.

