Hay quien todavía cree que las segundas partes no triunfan. Hay quien asegura que los creadores de contenido solo tienen éxito por un golpe de suerte y quien afirma que no es un trabajo de fondo. Eso es porque todavía no conocen a Adrián Carrera, ‘La nariz de España’, cuya pasión por la perfumería atraviesa pantallas, cala a los olfatos más herméticos y hace de la exclusividad y el lujo un lenguaje inclusivo.
Esa conexión emocional no es casual. Su fascinación por este universo nació en casa, alimentada por la figura de su madre, quien ha trabajado toda la vida en el sector: «Mi relación con ella es de absoluta admiración. Siempre llegaba a casa ilusionada con su trabajo». Ahora, tras el éxito de su primera propuesta y antes de su inminente marcha a París para continuar sus estudios, el creador presenta ‘Delizia’, una nueva colección bautizada bajo el concepto de la pastelería con la que busca explorar el lado más dulce y adictivo del panorama olfativo actual. Décadas después de acompañar a su madre, esa misma ilusión convertida en vocación firma el cierre de una etapa clave en España.
Un refugio frente a la cámara y el origen de sus perfumes
Para Adrián, la perfumería nunca ha sido una simple suma de ingredientes ni un simple aderezo estético. Es, por encima de todo, la forma más cercana a la magia que existe en nuestro día a día. «Es un lenguaje del alma. Un buen perfume tiene que hacerte sentir tú, hacerte sentir que es tuyo; un aroma con el que, cuando lo hueles, sufres una epifanía y sabes que lo necesitas», reflexiona el creador de contenido y divulgador olfativo.
Su salto a la creación de contenido no respondió a una estrategia de marketing, sino a un proceso de sanación personal. Durante su proceso de recuperación de anorexia, los especialistas le aconsejaron buscar un estímulo al que aferrarse: hablar frente a la cámara de aquello que verdaderamente le apasionaba.
Su propuesta fue tan honesta como disruptiva. Lejos de las reseñas patrocinadas o edulcoradas, irrumpió con vídeos donde analizaba sin tapujos los lanzamientos del mercado, abordando sin rodeos los «perfumes que le parecían una mierda» «o con los que ser comestible y masticable». La respuesta de la audiencia fue inmediata. Para Adrián, crear contenido se convirtió en el faro que impulsó su recuperación, en un lugar al que ir todos los días. «Las redes sociales y la perfumería han sido la banda sonora de mi vida. No hay un solo día en el que no piense en un perfume», afirma.
Fue en 2024, cuando apenas estaba comenzando y ni siquiera contaba con una masa de seguidores abultada, cuando Flor de Mayo tocó su puerta. «Ellas confiaron en mí genuinamente cuando apenas empezaba», cuenta con gratitud. De esa alianza nació su primera colección cápsula, Onírica. El éxito fue de tal magnitud que la respuesta del público exigió dar continuidad al proyecto: «Dijimos: ¿queréis sopa? Pues tomad tres platos».
‘Delizia’: el lujo democrático antes del salto a París
Con ‘Delizia’, la colección construida sobre el universo del gourmand, Adrián explora la vertiente más golosa y adictiva de la perfumería moderna. El concepto parte de una premisa clara: «Siempre he pensado que la perfumería es un lujo y que todos nos merecemos uno. Queríamos sacar la propuesta más dulce del mundo», y es por ello por lo que cada perfume de la colección tiene un precio de 7,95 euros.

La colección traslada sus aromas favoritos a las tendencias olfativas más actuales a través de un meticuloso trabajo de combinación de moléculas hasta dar con la textura y la memoria olfativa exacta:
– Kokoloko: Como si el paladar degustase por primera vez el coco rallado. Sofisticado y elegante -muy alejado del olor a vela y protector solar- gracias al coco rallado, jazmín, azúcar tostado, vainilla y Haba Tonka
–Strawbaby: Un acorde cremoso, nostálgico y envolvente que traslada a un batido de fresa helado, gracias a la fresa, nectarina, limón, nube de azúcar, almizcle y vainilla.
–Peachplease: La sofisticación festiva inspirada que recuerda al mítico Pornstar Martini por su exótico melocotón, papaya, jengibre, cardamomo, clavo, azúcar tostada y vainilla.
–Cinnamour: Una creación donde se percibe con nitidez la textura empolvada y cálida de la canela mezclada con mantequilla derretida, recién salida del horno.
Esta propuesta tiene además un significado especial, ya que marca el cierre de una etapa profesional en España. Adrián se muda a París para continuar sus estudios superiores de perfumería, firmando este lanzamiento como una despedida temporal junto a las personas que creyeron en su talento desde el primer día.
El poder del consumidor y el valor de ser transparente
A la hora de analizar el fenómeno del creador de contenido, Adrián mantiene los pies en la tierra. Atribuye su éxito en redes a una mezcla de naturalidad —»soy muy basta», reconoce entre risas—, tener el rigor de «un perfil con abuela» y una visión profundamente crítica de la industria.
«Las redes sociales son un altavoz en una plaza. Tener una comunidad no avala que tu opinión sea importante o válida en todo; no existe una proporción de ‘a más seguidores, más razón tengo’. Los espectadores y consumidores cada vez sabemos más el poder que tenemos, y por eso creo que los creadores de nicho, los especializados, van a ser los que tengan un recorrido más largo y sólido», explica. Para el divulgador, la honestidad es innegociable: «Hay que saber a quién se sigue y no poner expectativas donde no corresponde. Igual que si cometes una cagada, hay que señalarla y pedir perdón».
Adrián Carrera emprende el viaje a la cuna de la alta perfumería con una máxima que ha guiado su trayectoria desde que convirtió su recuperación en un fenómeno viral: «La diferencia entre un sueño y una realidad es tener un plan».

