Entre los grandes sueños tecnológicos de Elon Musk (55 años, Pretoria, Sudáfrica) estaba, desde hace años, el del coche completamente autónomo. Ahora, ese proyecto da un paso decisivo con el lanzamiento operativo del Tesla Cybercab, un robotaxi en el que el conductor desaparece por completo de la ecuación y pasa a ser un pasajero más. Presentado por primera vez a finales de 2024, el vehículo ha estado desde entonces en pruebas en algunas ciudades de Estados Unidos y ya puede utilizarse libremente en Austin, Texas, sede de Tesla.
La transformación ha sido rápida. En menos de dos años, el Cybercab ha pasado de ser un prototipo a convertirse en un servicio comercial. Y lo hace con una arquitectura muy diferente a la de un automóvil convencional: no tiene volante ni pedales, sus frenos son exclusivamente eléctricos y el habitáculo se reduce a dos asientos y una gran pantalla central. Todo está pensado para un vehículo en el que nadie tiene que tomar el control de la conducción.
Musk también ha aprovechado el Cybercab para integrar algunas de las tecnologías desarrolladas por otras compañías de su ecosistema. El robotaxi contará con Grok como asistente de inteligencia artificial a bordo y, próximamente, incorporará conectividad móvil a través de Starlink, la red de satélites desarrollada por SpaceX. Una combinación que convierte al Cybercab no solo en un vehículo autónomo, sino también en una nueva plataforma tecnológica sobre ruedas.
Una plataforma tecnológica sobre ruedas
El servicio se solicita a través de una aplicación móvil de Tesla, diseñada para facilitar también la localización del vehículo cuando llega a recoger al pasajero. Una gran flecha indica dónde se encuentra el robotaxi, aunque el usuario también puede hacerlo reaccionar mediante un destello de luces o accionando el claxon desde el teléfono. La propia barra de iluminación del Cybercab, que utiliza diferentes colores, funciona como otra señal para identificarlo.

La experiencia continúa en el interior. La gran pantalla central puede convertirse en un monitor para videojuegos al conectarla con un mando, mientras que la iluminación ambiental está diseñada para sincronizarse con la música cuando el sistema de sonido esté operativo. Incluso algunos elementos aparentemente convencionales, como los elevalunas eléctricos, quedan integrados de forma discreta bajo la pantalla, en línea con el diseño minimalista del habitáculo.
De los Model Y al Cybercab: el siguiente paso del transporte autónomo
El Cybercab se suma así a la estrategia de Tesla para convertir el transporte autónomo en una parte cada vez más importante de su negocio. Hasta ahora, los robotaxis de la compañía utilizaban principalmente Model Y, todavía equipados con volante y pedales. El nuevo modelo abre una nueva etapa y prepara el camino para el Robovan, un vehículo de mayor tamaño y capacidad de pasajeros que Tesla prevé incorporar más adelante. Al mismo tiempo, la compañía continúa desarrollando sus capacidades de conducción autónoma supervisada, una tecnología que ya comienza a abrirse paso en algunas ciudades europeas.
Pasar de la promesa a la realidad
El lanzamiento, sin embargo, llega acompañado de interrogantes regulatorios. La Administración Nacional de Seguridad del Tráfico en las Carreteras de Estados Unidos (NHTSA) ha abierto una investigación para determinar si Tesla certificó correctamente que el Cybercab cumple con los estándares federales de seguridad, después de que la compañía comenzara a operar comercialmente el servicio en Austin. Tesla tampoco había solicitado una exención federal de seguridad específica para operar el vehículo sin volante ni pedales, mientras las autoridades estadounidenses trabajan en una posible modificación de las normas para adaptarlas a este tipo de vehículos.
Musk lleva una década vinculando el futuro de Tesla a la conducción autónoma y el Cybercab representa, por ahora, el paso más tangible de esa apuesta. El sueño del coche autónomo ya circula por las calles de Austin, pero su verdadero desafío comienza ahora: demostrar que puede hacerlo de forma segura, legal y a una escala suficiente para transformar la movilidad.

