Empresas

Garamendi consolida su poder en la CEOE y enfila un tercer mandato sin rival

El presidente de la patronal será el único candidato en las elecciones del 1 de octubre, después de que expirara el plazo para presentar alternativas; llega a la cita con el respaldo de las principales organizaciones empresariales y con las reglas de la CEOE modificadas para permitir un tercer mandato

El presidente de CEOE, Antonio Garamendi. Foto: Getty.

El proceso electoral de la CEOE llega a su tramo decisivo con un desenlace prácticamente escrito. El plazo para presentar candidaturas alternativas al 1 de octubre terminó sin que apareciera ningún otro aspirante, de modo que Antonio Garamendi se encamina hacia su tercer mandato consecutivo al frente de la principal organización empresarial española. La proclamación formal deberá producirse en la Asamblea Electoral, pero la principal incógnita de estos comicios ya está resuelta: Garamendi será el único nombre de la papeleta.

El resultado tiene una lectura inmediata y otra bastante más profunda. La primera es puramente electoral: Garamendi seguirá al frente de la CEOE durante otros cuatro años, salvo que se produzca algún cambio posterior en el proceso. La segunda habla de la correlación de fuerzas dentro de la patronal. El empresario vasco, que anunció a finales de junio su intención de volver a presentarse, ha llegado al cierre del proceso con apoyos suficientes para evitar que cristalizara una candidatura alternativa. La propia CEOE ha confirmado que el plazo concluyó y que Garamendi es el único aspirante.

El 1 de octubre queda más como una proclamación que como una batalla electoral

La fecha ya está fijada: jueves 1 de octubre de 2026. Ese día la Asamblea General Electoral de la CEOE elegirá al presidente y al equipo directivo para los próximos cuatro años. El comité ejecutivo de la organización acordó la convocatoria a comienzos de julio y Garamendi confirmó entonces que volvería a competir por la presidencia.

Lo que entonces parecía el comienzo de una carrera electoral ha terminado convirtiéndose en otra cosa. El plazo para presentar candidaturas se cerró sin alternativas y, por tanto, Garamendi no tendrá que enfrentarse a un rival para renovar su posición. La previsión es que sea proclamado presidente en la Asamblea del 1 de octubre, sin necesidad de una votación competitiva. Ese mecanismo no es excepcional dentro de la propia historia de la organización: en 2018, cuando llegó por primera vez a la presidencia de la CEOE, también fue elegido por aclamación después de que no prosperara una candidatura alternativa.

El movimiento resulta especialmente significativo porque durante las semanas previas sí habían circulado nombres susceptibles de construir una alternativa. Entre ellos apareció Gerardo Cuerva, expresidente de Cepyme, aunque finalmente ninguna candidatura llegó a formalizarse. El escenario terminó inclinándose hacia Garamendi conforme se acumulaban los respaldos de organizaciones territoriales y sectoriales. Fuentes de la CEOE citadas este martes aseguran que el apoyo que reúne el actual presidente supera ampliamente los avales necesarios y que incluso en los últimos días continuaron llegando adhesiones.

Una candidatura que ha ido sumando apoyos

El mapa de apoyos ayuda a entender por qué la alternativa no ha terminado cuajando. Cepyme, la organización de las pequeñas y medianas empresas, anunció en julio su respaldo unánime a Garamendi. También llegó el apoyo de Foment del Treball, cuyo presidente, Josep Sánchez Llibre, había competido políticamente en el pasado dentro del espacio patronal pero decidió respaldar esta vez al actual presidente de CEOE.

La adhesión de Foment tiene además un valor simbólico. En las elecciones de 2022, la patronal catalana había apoyado a Virginia Guinda, la candidata que trató de arrebatar la presidencia a Garamendi. Cuatro años después, el escenario es radicalmente distinto: Foment se ha situado del lado del presidente que busca renovar su mandato y, con ello, ha contribuido a ensanchar el perímetro de apoyos alrededor de su candidatura.

También han mostrado su respaldo otras organizaciones territoriales, entre ellas la CEV y CEOE Castilla y León, mientras que la candidatura de Garamendi ha ido reuniendo apoyos en diferentes ámbitos de la estructura empresarial. La fotografía que deja el cierre del plazo es, por tanto, la de un presidente que no solo se presenta sin rival, sino que lo hace después de haber conseguido reunir una base de respaldo suficientemente amplia como para que ninguna candidatura alternativa haya terminado convirtiéndose en una opción electoral real.

De perder frente a Rosell a encadenar tres mandatos

La trayectoria de Garamendi al frente de la CEOE tiene un punto de partida bastante menos cómodo del que podría sugerir su actual posición. Antonio Garamendi, nacido en Getxo en 1958, perdió las elecciones de 2014 frente a Juan Rosell. Cuatro años después, sin embargo, el escenario cambió por completo: Garamendi accedió a la presidencia de la CEOE en 2018, en unos comicios en los que no tuvo oposición.

Su primera renovación llegó en 2022, aunque esta vez sí hubo competición. La vicepresidenta de Foment del Treball Virginia Guinda presentó una candidatura alternativa y se produjo una votación. El resultado oficial de aquella Asamblea Electoral fue de 534 votos para Garamendi, 87 para Guinda, 14 votos en blanco y 8 nulos, sobre un total de 643 votos emitidos. Eso significa que Garamendi obtuvo el 86% de los votos emitidos, según los datos oficiales de la propia CEOE.

La diferencia entre aquella elección y la que se prepara para octubre es considerable. En 2022 hubo rival, campaña y votación; en 2026, la ausencia de candidaturas alternativas despeja el camino antes de llegar a las urnas. Garamendi pasa así de haber ganado una contienda con una mayoría muy amplia a afrontar su tercera elección presidencial prácticamente como un trámite institucional.

La clave que abrió la puerta al tercer mandato

Hay una modificación de las reglas de juego que resulta fundamental para entender por qué esta renovación es posible. Cuando Garamendi llegó a la presidencia de la CEOE, la organización tenía establecida una limitación de dos mandatos consecutivos de cuatro años. Era una norma introducida durante la etapa de Juan Rosell y que, de haberse mantenido intacta, habría impedido al actual presidente optar a un tercer periodo consecutivo.

Pero en 2023, el comité ejecutivo de la CEOE aprobó la supresión de ese límite. Desde entonces, la normativa permite que Garamendi aspire a permanecer otros cuatro años al frente de la patronal.

La modificación adquiere ahora todo su significado. Garamendi no solo ha conseguido convertirse en único candidato: lo hace precisamente en el primer proceso electoral en el que puede utilizar plenamente esa modificación estatutaria para prolongar su etapa al frente de la organización. Si su proclamación del 1 de octubre se produce como está previsto, el empresario vasco iniciará entonces su tercer mandato consecutivo, que se extenderá durante los siguientes cuatro años.

Un nuevo mandato en un momento empresarial especialmente exigente

La ausencia de rival no significa, ni mucho menos, que el tercer mandato vaya a ser políticamente sencillo. La CEOE llega a este proceso en un escenario económico marcado por la incertidumbre regulatoria, los costes energéticos, la competitividad industrial, la transformación tecnológica y las tensiones alrededor del mercado laboral. La propia organización ha situado durante los últimos meses buena parte de su discurso en cuestiones como la estabilidad institucional, la seguridad jurídica y las condiciones necesarias para que las empresas puedan invertir y crecer.

En junio, durante la Asamblea General de la CEOE, Garamendi reclamó precisamente estabilidad institucional, moderación y entendimiento, además de defender la separación de poderes, la seguridad jurídica y el papel de las empresas como elemento de estabilidad económica.

Ese será, en buena medida, el terreno sobre el que tendrá que construir su tercera etapa. La presidencia de la CEOE no se limita a representar a las empresas en negociaciones concretas. El cargo coloca a Garamendi como uno de los principales interlocutores del mundo económico ante el Gobierno, los sindicatos, las administraciones públicas y las instituciones europeas, en un momento en el que buena parte de las decisiones regulatorias tienen una incidencia directa sobre costes, inversión, empleo y competitividad.

Y hay otro elemento que explica la relevancia del proceso: la unidad interna. Las elecciones de las organizaciones empresariales no son únicamente una cuestión de nombres. También son una radiografía de la capacidad de cada presidente para mantener cohesionada una estructura formada por organizaciones territoriales, sectoriales y patronales de muy distinta naturaleza. Que ninguna candidatura haya conseguido reunir los apoyos necesarios para competir con Garamendi es, por sí mismo, un dato político dentro del mundo empresarial.

La CEOE de Garamendi entra en una nueva etapa

El dato más llamativo de estas elecciones no es, paradójicamente, que Garamendi se presente. Es que nadie ha conseguido convertir el descontento o las diferencias internas en una candidatura capaz de disputarle la presidencia. Hubo nombres que sonaron, hubo conversaciones y existió la posibilidad de que apareciera una alternativa, pero el plazo se cerró sin que ninguna de esas opciones llegara a materializarse.

La consecuencia es una escena poco habitual en una organización que representa a una parte esencial del tejido empresarial español: el 1 de octubre habrá elecciones, pero no habrá batalla por la presidencia. Garamendi llegará a la Asamblea Electoral con el camino despejado y con el respaldo acumulado durante las semanas previas.

Su historia al frente de la CEOE dibuja así un arco singular: derrota en 2014 frente a Juan Rosell, llegada a la presidencia en 2018 sin oposición, reelección competitiva en 2022 y tercer mandato en 2026 sin rival. En ocho años, el empresario vasco ha pasado de perder una elección a convertirse en el candidato alrededor del cual se ha cerrado el consenso suficiente para hacer innecesaria una nueva contienda.

El próximo 1 de octubre, la CEOE no elegirá simplemente a quien ocupará su presidencia durante los próximos cuatro años. Ratificará también una etapa que empezó en 2018, sobrevivió a una elección competitiva en 2022 y ahora entra en su tercer capítulo con una particularidad definitiva: Antonio Garamendi será el único nombre llamado a ocupar el despacho presidencial.

El próximo capítulo

La elección sin rival no rebaja la importancia del mandato que comienza. Al contrario: coloca sobre Garamendi toda la responsabilidad de responder a quienes han respaldado su continuidad. La patronal ha elegido estabilidad frente a la alternativa, y ahora el presidente tendrá que convertir ese respaldo en capacidad de influencia, interlocución y defensa de los intereses empresariales durante los próximos cuatro años.

El 1 de octubre será, por tanto, menos el final de una carrera que el comienzo de una nueva etapa. Garamendi ya ha despejado la elección; lo que queda por delante será demostrar qué quiere hacer con ese margen de confianza.

Artículos relacionados