Además, este fenómeno logra inyectar entre un 5% y un 15% de actividad económica adicional en las economías locales, con un impacto que se intensifica en las poblaciones con un tejido productivo más reducido.
Así lo señala el experto en economía digital y profesor de la Universidad Internacional de Valencia (VIU), Alejandro San Nicolás que no obstante alerta que este tipo de turismo funciona como un «parque temático invisible» que abre sus puertas de un día para otro sin taquilla ni aforo planificado.
Ejemplos como Osuna tras el rodaje de Juego de Tronos o la Galicia interior tras el estreno de As Bestas demuestran la capacidad de las plataformas de streaming para reorientar rápidamente los flujos de viajeros hacia zonas rurales o tradicionalmente menos masificadas.
Sin embargo, el especialista alerta sobre el riesgo de generar una burbuja económica de alto riesgo si los municipios confían su estrategia de crecimiento únicamente a la fama efímera de una ficción.
Cuando la audiencia migra hacia la siguiente producción audiovisual, el volumen de visitantes decae si la localidad no aprovecha el escaparate para consolidar una oferta patrimonial y ambientalmente sostenible a largo plazo.
Para evitar que los entornos más vulnerables o los cascos históricos mueran de éxito, la propuesta de la VIU pasa por auditar la sostenibilidad del destino completo midiendo la huella de carbono y la presión sobre la vivienda antes del estreno de las producciones.
Asimismo, San Nicolás plantea aplicar a las productoras audiovisuales el principio de quien impacta paga por delante, exigiendo el cobro de un fee o fianza previa para la conservación del entorno de forma equivalente a las garantías de restauración requeridas en el sector minero.

