Martí Rafel, actual director general de Nozar Hotels & Resorts y exesquiador olímpico en Calgary 88 y Albertville 92, cambió la nieve por el viento al cumplir los 50 años. Gracias a la «Libreta de Campeones» de CaixaBank, adquirió su primer velero, dando paso después al Sharky, un Jeanneau Sun Odyssey 349 de 35 pies. En diez años, este manejable barco de tres camarotes ha navegado 20.000 millas, saliendo a la mar todo el año desde Port Ginesta. Martí defiende la eslora contenida por su viabilidad económica y la facilidad para maniobrar en solitario o junto a su mujer, disfrutando de la máxima libertad sin complicaciones.
¿Cómo empezó tu relación con el mar?
La verdad es que he tenido mucha suerte en la vida. Mi padre, después de la guerra, vino a trabajar a Barcelona con solo 12 años. Era un hombre muy espabilado y, gracias a eso, cuando yo nací ya teníamos una casa en Tamariu, en la Costa Brava. Allí, desde muy pequeño, empecé a navegar en Optimist con el Club Náutico de Tamariu. Luego pasé por el 420, y más tarde me enganché por completo al windsurf. Tuve una infancia y juventud muy ligada al mar, pero teníamos también un apartamento en la nieve porque a mi madre le gustaba mucho esquiar, y me aficioné al esquí. Durante unos años dudé entre el windsurf y el esquí, pero me decanté por el esquí acrobático. Me fue muy bien desde joven: con 16 años gané el campeonato de España absoluto. Estuve 12 años compitiendo a nivel internacional y participé en dos Juegos Olímpicos de Invierno: Calgary 1988, donde fue deporte de demostración, y Albertville 1992. Después de Albertville me retiré.
A pesar del esquí, la pasión por los barcos siempre estuvo ahí.
Siempre estuvo en mi cabeza. Nunca me saltaba un Salón Náutico de Barcelona. Incluso con un amigo abrimos una cuenta conjunta donde metimos 200 pesetas con la ilusión romántica de comprar un barco. Cuando él se casó, mi regalo fue un documento notarial que decía que, si algún día yo tenía un barco, la mitad sería suyo. La pasión siempre estuvo ahí, pero por compromisos familiares y gastos, el barco no llegaba.
¿Cómo conseguiste finalmente comprar tu primer barco?
Fue gracias a mi etapa deportiva. En las Olimpiadas del 92, CaixaBank creó la «libreta de campeones» asociada al plan de ayuda al deportista olímpico. Era un incentivo para los deportistas españoles que lograran una medalla en un campeonato europeo, mundial u olímpico. Funcionaba como un plan de pensiones que podías rescatar al cumplir los 50 años. Yo me gané dos de esas libretas. Cuando cumplí los 50 años, decidí que era el momento y utilicé ese dinero para comprar mi primer barco, un Jeanneau Sun Odyssey de 30 pies.
¿Y cómo pasaste de ese primer barco de 30 pies al actual?
El de 30 pies se lo compré a Motyvel, a Luis Mas, que es un tío fabuloso. Él me dijo que si en un par de años quería cambiarlo por uno más grande, me abonaría lo que había pagado. Al cabo de un año, se dieron las circunstancias, gané algo de dinero y Luis me ofreció el barco que tengo actualmente. Estaba de oferta porque había estado expuesto en el Salón de Palma. Tenía tres camarotes, algo ideal porque los hijos de mi mujer y los míos eran pequeños. Así compré el Sharky, que es un Jeanneau Sun Odyssey 349 de 35 pies.
¿De dónde viene el nombre de Sharky?
El primer barquito de 30 pies ya se llamaba Sharky 2 cuando lo compré, y decidimos dejarle el nombre. Como los niños eran pequeños, se acostumbraron a decir «vamos al Sharky» en lugar de ir al barco. Al año, cuando cambiamos de barco, pregunté si podía repetir el nombre y me dijeron que sí, que cada barco tiene su MMSI e identificación. Así que al segundo barco le pusimos Sharky a secas.
¿Y cómo es el Sharky?
Es un Jeanneau Sun Odyssey 349, con un diseño de 2016. Tiene doble rueda, doble pala de timón y una popa muy ancha, casi como la manga máxima. A pesar de ser un 35 pies, tiene tres camarotes amplios. Lleva un motor pequeño de 21 caballos que consume muy poco. Cala 1,95 metros. Además, tengo un código cero, una vela que en el Mediterráneo nos da mucha vida con las brisas ligeras porque nos ahorra muchas horas de motor.
¿Cuántas millas habéis navegado con él?
El Sharky ha navegado unas 20.000 millas en 10 años. Yo personalmente calculo que he hecho unas 30.000 millas en este tiempo. He cruzado el Atlántico en el Lullaby, un Swan 58 de un muy buen amigo. También he hecho muchos traslados no profesionales para amigos: de Portugal a Ibiza, de Mallorca a Dubrovnik, de Mallorca a Grecia… Con mi barco navegamos todo el año. La última travesía importante la hicimos mi mujer y yo mano a mano entre mayo y junio de este año: hicimos 1.448 millas. Fuimos a Palermo, donde se unió la hija de mi mujer para recorrer las islas Eolias (Strómboli, Vulcano, Lípari, Salina), y luego seguimos nosotros por Ústica, el sur de Cerdeña (Cagliari) y de vuelta.
¿Por qué prefieres mantenerte en una eslora de 35 pies en lugar de buscar algo más grande?
Principalmente por un tema económico y de practicidad. En la náutica los costes no son proporcionales. Si paso de un 35 pies a un 40 pies (solo dos metros más), el coste anual no sube un 20%, sino más del 50%, y el precio del amarre se dobla. Además, tengo dos hijos en la universidad, pagando pisos y matrículas, así que este es el barco que puedo mantener sin ir ahogado. Por otro lado, una eslora pequeña da menos pereza para soltar amarras. Es muy manejable; puedo atracar y desatracar solo o con tripulación reducida sin necesidad de llamar a marinería. También es más fácil encontrar sitio en puertos y calas concurridas.
¿Y qué opinas de los catamaranes?
Yo era un poco «anticatamarán» por desconocimiento. Pero hice varios traslados en un Privilege 510, un barcazo espectacular, y mi concepción cambió por completo porque son comodísimos y navegan de maravilla. Sin embargo, para mi situación económica, el problema es el coste: implica doble amarre, dos motores, doble mantenimiento… el doble de todo.

