Forbes Travel España

Vuelos cancelados, precios disparados y más de 100.000 viajeros afectados: así golpea la erupción del Etna al turismo en Sicilia

La patronal turística Assoesercenti Sicilia calcula que las pérdidas para el sector podrían situarse entre los 12 y los 24 millones de euros.

Los ríos de lava incandescente del Etna han atraído a una afluencia excepcional de excursionistas, turistas y curiosos deseosos de contemplar el fenómeno volcánico. (Foto de Salvatore Allegra/Anadolu vía Getty Images)

«El Etna, con horrísono estruendo, retumba cerca; ora lanza al cielo una negra nube de humo y cenizas ardientes, ora arroja bolas de fuego que lamen las estrellas». Más de 2.000 años después de que Virgilio describiera así la furia del volcán siciliano en La Eneida, el Etna continúa ofreciendo escenas que parecen sacadas de sus versos. Su actividad volcánica acumula más de 2.500 años de actividad eruptiva documentada y alrededor de 200 erupciones históricas. Ahora, en 2026, el volcán vuelve a escupir.

El Etna, el volcán más activo de Europa, atraviesa una nueva fase eruptiva que comenzó el pasado 7 de agosto y que ha vuelto a poner en alerta al este de Sicilia. El Instituto Nacional de Geofísica y Vulcanología (INGV) ha registrado actividad explosiva en el cráter Voragine, situado a 3.403 metros de altitud, junto con emisiones de ceniza y varios flujos de lava procedentes de bocas situadas a diferentes alturas del volcán. La ceniza ha formado una densa columna que se ha desplazado hacia el sur y el suroeste, alcanzando localidades como Belpasso, Adrano, Ragalna y Paternò, además de llegar hasta Malta y, en menor medida, Libia.

La ceniza del Etna ahoga el tráfico aéreo

Aunque el volcán mantiene su actividad, por ahora la lava no supone una amenaza para las zonas habitadas. Los frentes más avanzados han descendido hasta unos 1.340 metros, pero avanzan hacia el Valle del Bove, una zona deshabitada que actúa como barrera natural y permite contener los flujos. El principal riesgo en estos momentos se concentra en el tráfico aéreo, ya que las partículas de ceniza pueden comprometer la seguridad de los aviones. Tras varios días de actividad intensa, el INGV ha constatado una disminución de los temblores internos y ha rebajado el nivel de alerta de rojo a naranja, aunque la vigilancia continúa.

La principal consecuencia para quienes se encuentran en Sicilia está siendo, precisamente, la interrupción de las conexiones aéreas. El aeropuerto de Catania-Fontanarossa, situado a pocos kilómetros del volcán, permanece cerrado al menos hasta este sábado 15 de agosto debido a la presencia de ceniza en el espacio aéreo y las pistas. La situación ha provocado cancelaciones, retrasos y desvíos hacia otros aeropuertos de la isla, principalmente Palermo, Trapani y Comiso, obligando a miles de viajeros a reorganizar sus desplazamientos en plena temporada alta y coincidiendo con el fin de semana de Ferragosto.

Precios que arden

El cierre de Catania ha desencadenado además una odisea terrestre para turistas y residentes que intentan llegar a otros aeropuertos. Los autobuses circulan abarrotados, los coches de alquiler y las alternativas de transporte compartido escasean y los trenes están soportando una elevada demanda. La falta de opciones ha disparado también los precios del transporte privado: algunos traslados entre Catania y Palermo han llegado a alcanzar los 800 euros. Las estimaciones apuntan a que más de 100.000 pasajeros se han visto afectados por las cancelaciones y los desvíos.

El teatro griego y el volcán Etna, Taormina, Sicilia, Italia. GETTY

El volcán también arrastra al turismo

El impacto no se limita a quienes tienen un vuelo pendiente. La interrupción de las comunicaciones amenaza también al sector turístico siciliano, uno de los principales motores económicos de la isla durante el verano. La patronal turística Assoesercenti Sicilia calcula que las pérdidas para el sector podrían situarse entre los 12 y los 24 millones de euros, mientras hoteles, agencias de viajes, empresas de transporte y otros negocios vinculados al turismo afrontan las consecuencias de una semana especialmente complicada. El episodio también ha reavivado el debate sobre la vulnerabilidad del aeropuerto de Catania por su proximidad al Etna.

De cara a los próximos días, la evolución de la actividad volcánica determinará cuándo podrá recuperarse con normalidad el tráfico aéreo. Aunque el descenso de la actividad sísmica y la rebaja de la alerta ofrecen cierto alivio, el INGV mantiene bajo vigilancia las emisiones del cráter Voragine y los flujos de lava activos. Las autoridades no descartan nuevas restricciones si vuelve a aumentar la presencia de ceniza en el espacio aéreo. Mientras tanto, el Gobierno italiano ha vuelto a cuestionar el emplazamiento del aeropuerto de Catania y ha recuperado el debate sobre la posibilidad de construir una infraestructura alternativa más alejada del volcán, una propuesta que ya se planteó hace décadas y que nunca llegó a materializarse.

Artículos relacionados