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Muy ricos, pero menos

La valoración de las empresas y activos de los cien españoles más ricos suma este año 146.700 millones, un 9,5% menos en relación al año pasado.

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No son buenos tiempos para el dinero. Los cien mayores ricos de España suman una riqueza de 146.700 millones de euros, 15.300 millones menos que el año pasado. Esto supone una reducción del 9,5% de su valor. En esta caída ha tenido mucho peso Amancio Ortega, accionista mayoritario de Inditex, y el español con más riqueza: 58.000 millones de euros en 2018 frente a 70.000 millones en 2017. Si se excluye a Ortega del grupo, la riqueza de los otros 99 millonarios suma 88.700 millones, 3.300 millones o un 3,6% menos.

La caída de la bolsa durante este año ha tenido una repercusión directa en el empobrecimiento de los ricos. El índice Ibex 35 cerró el tercer trimestre del año en 9.389 puntos, un 8,8% menos que en el mismo periodo de 2017: 10.299,5 puntos. Y la caída de riqueza hubiera sido mayor tras la debacle bursátil de octubre, en que el Ibex luchó infructuosamente por sostener los 9.000 puntos.

La bolsa afecta a los ricos por tres vías. En las empresas cotizadas, por la caída de buena parte de sus valores; y en las empresas no cotizadas, porque su valor teórico disminuye en comparación con sus homólogas en bolsa. Además, la tesorería personal que invierten en activos a corto también se ve perjudicada por las acciones.

El Olimpo de los acaudalados

Sin embargo, hay más ricos ganadores que perdedores. El último año, un total de 49 millonarios han mejorado el valor de sus negocios. Entre todos ellos, destacan los hermanos Jorge y Antonio Gallardo, propietarios de la farmacéutica Almirall, Juan Luis Arregui, presidente de la papelera Ence, y Manuel Puig, del grupo de perfumería Puig. Otros 16 millonarios se mantienen prácticamente como estaban y, por contra, 35 ricos son este año menos ricos. Entre ellos, Amancio Ortega (Inditex), Isak Andic (Mango), Juan Roig (Mercadona), Sandra Ortega (Inditex) y Juan Miguel Villar Mir (OHL).

Los dos hermanos Gallart están implantados en los secotres farmacéutico, a través del grupo Almirall, y sanitario hospitalario, con Goodgrower, que tiene un 80% de Vithas Sanidad (el otro 20% es de Caixa) y controla la filial gala Francegrower. Este año tienen motivos para sentirse muy satisfechos. La valoración de su riqueza ha mejorado en un 47%, hasta 2.500 millones. Y es que laboratorios Almirall, en los que son accionistas mayoritarios, ha duplicado su valor en lo que va de año. Por su parte, Vithas ha duplicado ingresos en 2017, hasta los 7,1 millones, y ha generado un Ebitda positivo de 0,2 millones frente al negativo de 3,4 millones del año pasado. A pesar de ello, el año no ha sido totalmente redondo porque Vithas ha reducido sólo muy ligeramente las pérdidas de 9,1 millones negativos en 2016 a 8,1 millones en 2017.

Los Gallardo no se han amilanado por la crisis del año pasado y han comprado a su socio, Daniel Andreu, el 8,45% de Almirall que éste tenía comprometido en la Acción Concertada con los Gallardo. La cifra de la venta no se ha hecho pública, pero según el protocolo de la Acción Concertada, que establece una valoración media en función de los meses anteriores a la venta, puede estimarse que los Andreu pagaron unos 140 millones brutos. Por ahora, la operación no parece haberles salido mal. Andreu ha mejorado mucho su liquidez personal, y aunque Antonio y Jorge Gallardo tienen ahora menos cash, el paquete que han comprado vale ya unos 230 millones, un 67% más.

¿Por qué esta mejoría tan espectacular? Una de las explicaciones es la compra de la estadounidense Allergan por 473 millones, una operación que fue muy bien valorada por los analistas, lo que se ha traducido en una mejor cotización. Así, los Gallardo se han resarcido en parte del mal trago de la compra en 2013 de la compañía dermatológica Aqua Pharmaceuticals por 400 millones. Una compra, ésta, que estuvo en el origen de sus problemas en bolsa y que ha obligado a Almirall a reconocer un deterioro en sus cuentas de 101,8 millones al cierre del ejercicio 2017.

Un 2018 de vértigo

El final de 2018 está siendo un tiovivo de emociones y 2019 promete no quedarse muy atrás. El batacazo bursátil de primeros de octubre produjo ganadores y perdedores. En las cotizadas, el retrato fue inmediato. Según el ranking ‘The World’s Billionaires’ de Forbes, Amancio Ortega, accionista mayoritario de Inditex, perdió otros 3.300 millones sólo en los veinte primeros días de octubre, y se quedó en 54.700 millones. También redujeron la valoración de su fortuna Rafael del Pino (Ferrovial), de 3.000 a 2.900 millones; Helena Revoredo (Prosegur), de 1.900 a 1.700 millones, y Juan Miguel Villar Vir (Grupo Villar Mir, accionista de OHL), de 2.000 a 1.700 millones.

Por contra, Daniel Maté, accionista de Glencore, mantuvo su fortuna en 2.000 millones y Juan Abelló, propietario de la sociedad de inversión Torreal, aumentó su riqueza en 100 millones, hasta 2.200 millones. Por su parte, la presidenta de Coca-Cola European Partners, Sol Daurella, mejoró su riqueza en 100 millones, hasta 1.300 millones.

Muchos de los ricos de empresas no cotizadas se creen a resguardo del escrutinio público porque no informan de sus participaciones personales y publican sus memorias con mucho retraso. De hecho, los menos transparentes sólo han publicado datos de 2016. Pero los nubarrones económicos que ya se atisban les perjudicarán por igual. Según la última previsión del Fondo Monetario Internacional (FMI), la economía global crecerá el 3,7% este año y el próximo, pero en España el crecimiento se reducirá en una décima, hasta el 2,7%. La agencia de rating, S&P Global Ratings, también rebaja en una décima el crecimiento de España, hasta el 2,7%, aunque para 2019 prevé crecer una décima más: del 2,3% al 2,4%.

Aquí hay dinero, ahí no

En este entorno, es importante saber qué sectores irán mejor, y aportarán valor a los inversores, y qué sectores irán mal. “En 2018, los sectores que más valor generan para los empresarios son tecnología, inmobiliario e industria. Esperamos que esta tendencia se mantenga en 2019, aunque industria podría crecer algo menos”, apunta Rui da Mota, experto en análisis económico y de mercados de Afi. Los expertos también señalan que, si repuntan los tipos de interés en el área del euro, podría mejorar la valoración de los bancos. Pero, habrá que ver si la decisión del Tribunal Supremo de revisar las condiciones de las hipotecas les afecta.

De todo ello están pendientes empresarios como Ana Botín y sus hermanos, que controlan la gestión de Banco Santander. A principios de octubre cotizaba con un indicador price to book (valor de mercado sobre fondos propios) de 0,7 veces. Tras las primeras informaciones del Supremo, su ratio bajó a 0,68 veces.

Por su parte, según el CESCE, los sectores con tendencia positiva son cerámica, edificación residencial, papel y vino, entre otras. Si esto es así, los principales beneficiarios serían Fernando Roig (cerámica Pamesa), Marco Colomer (inmobiliaria Pryconsa), los bodegueros Víctor de Urrutia (CVNE) y José García Carrión (Don Simón), y los empresarios de papeleras: Juan Luis Arregui (Ence) y las familias Aragües y Balet (Saica).

Por contra, entre los sectores en tendencia negativa están la industria automovilística, lo que perjudicaría a los hermanos Riberas Mera y la familia Antolín; bebidas no alcohólicas (familia Daurella) y aceite, donde está Antonio Gallego, del grupo andaluz Migasa. También el metal, particularmente siderurgia y productos planos, lo que perjudicaría a dos empresarios que este año no están en el ranking: Alfonso Gallardo y Manuel Añón.

Asuntos de familia

La mayoría de los ricos, incluso los que cotizan en bolsa, son reacios a desglosar las participaciones de la familia en las empresas patrimoniales. En octubre, la familia Escarrer informó a la CNMV de un pacto accionarial por el que cualquier miembro de la familia deberá contar con el apoyo del 80% para vender sus acciones en Meliá. De esta forma, se blindan contra la tentación que puedan tener los herederos de Gabriel Escarrer y su mujer, María Jaume Vanrell, de vender su participación y romper el control de la familia sobre Meliá. Actualmente, el matrimonio Escarrer-Vanrell y sus seis hijos controlan el 52% del capital.

Pero los Escarrer se guardan muy mucho de desglosar las participaciones de cada uno de ellos. Según los datos de CNMV y del registro mercantil, se puede estimar que Gabriel Escarrer controla directamente entre el 78,93% y el 80,93% de las patrimoniales familiares, lo que supone un control efectivo del 41%. En este supuesto, María Jaume y los seis hijos se repartirían el 11% restante.

No son los únicos. En septiembre pasado, Cartival, la patrimonial de la familia Botín en Bankinter, comunicó que Jaime Botín-Sanz de Sautuola perdía su condición de accionista de control. Saber quién controla Cartival es relevante porque tiene algo más del 22% de Bankinter. Y a salvo de que los datos del Registro Mercantil de 2015 se hayan actualizado, Jaime Botín tendría sólo entre un mínimo del 6,2% y un máximo del 20% de Cartival, mientras que sus cinco hijos controlarían alrededor del 16% cada uno.

No es oro todo lo que reluce

Y es que la mayor parte de los ricos españoles suspenden en transparencia cuando se trata de desnudar sus cuentas personales. “No soy Hacienda”, ha respondido uno de los ricos que este año se asoman a la lista Forbes. También, familias como los Puig, que controlan un grupo que si cotizara en bolsa valdría unos 2.500 millones, tienen una maraña de empresas patrimoniales para gestionar sus participaciones personales. Y Amancio Ortega, el mayor rico de España, evita desglosar las inversiones inmobiliarias que realiza a través de Pontegadea. Y no son inversiones pequeñas. Sus activos están valorados en 6.913 millones en 2017.

Choca que las empresas en bolsa sean transparentes y las patrimoniales de sus accionistas no. “En mi opinión, este aparente contrasentido no es sino el reflejo de una cultura muy arraigada aún en España, que considera ‘mal visto’ ganar mucho dinero y hacer ostentación de él”, explica Andrés Romero, experto en comunicación corporativa e imagen empresarial.

Y es que, a veces, estas patrimoniales guardan pequeñas píldoras que afectan a su riqueza personal. Y esto es así porque cargan en sus balances deudas con acciones pignoradas de títulos cotizados. Según los datos de 2017, Jaime Botín tiene pignoradas una parte de sus acciones aunque en el último año redujo este porcentaje. Y no es el único. José Antonio Castro Sousa, propietario del grupo Hesperia, pignoró la mayor parte de sus acciones en NH Hoteles en garantía de un préstamo de 97,6 millones (inicialmente fueron 121,9 millones). Actualmente Castro Sousa tiene un 8% del grupo hotelero, lo que supone 204 millones. Pero si se descuenta la prenda, el valor real de su inversión es muy inferior.