20minutos

¿Eres una persona complaciente?

Saber si uno es complaciente es difícil, pues de serlo te parecerá que haces las cosas porque “es lo correcto”, no por complacer a nadie. Pero no siempre es así y hay que tratar de no traspasar la delgada línea que separa el llevarse bien con la gente del agotamiento emocional que puede causar tratar de agradar a todos. Y como no queremos que te caigas en las garras de la complacencia crónica, a continuación te damos 5 signos que te ayudarán a descubrir si eres una de esos insanos “bienqueda”.

meneame
Compartir


Eres incapaz de decir que no
No sabes cómo lo haces, pero siempre acabas metido en berenjenales que ni te van ni te vienen simplemente por “hacer el favor”. Es más, puede que alguna vez te hayas sentido fuera de lugar o decepcionado contigo mismo solo por no haber pronunciado un “no” a tiempo. Hay que tener claros valores y gustos y no dejarse arrastrar sin más.

Por otro lado, tener tiempo para todos puede llegara ser agotador. Es necesario saber priorizar y anteponer de vez en cuando los intereses propios. Y recuerda: una negativa no tiene que ir necesariamente acompañada de una disculpa. Los verdaderos amigos entenderán un “no” de vez en cuando.

Te hunde saber que no agradas a alguien
Tu afán por agradar a todo el mundo puede ser altamente hiriente. Si descubres que no le caes bien a alguien o no le gusta tu forma de actuar, te sumes en una profundo malestar. “¿Qué he hecho mal?”, te preguntarás. Posiblemente no hayas hecho nada mal, simplemente ser tú. Tienes que aprender a aceptarte y no depender de lo que piensen los demás.

Como dice el refrán “nunca llueve a gusto de todos”, y esto también es aplicable a las personas. No siempre se puede caer bien a todo el mundo. Todos aceptación, cariño, amistad, pero hay que comprender que no siempre lo recibiremos.

Te fastidia que los demás triunfen y no sabes por qué
Si acostumbras a dejar de lado tus cosas por los demás y ellos no lo hacen, cuando les va estupendamente y a ti no, te sienta fatal y no sabes por qué. Mejor dicho, sí que lo sabes. Te parece como si tú hubieras dado por ellos algo que ellos no han dado por ti, te sientes defraudado, perdiendo el tiempo.
Esto es simplemente una cuestión de prioridades. Los demás no tienen la culpa de que tú no sepas priorizar tus intereses. Si dejas de hacer algo por acudir a su llamada y ellos no lo hacen al revés, o al menos no tanto como tú, no es su culpa. Debes aprender a manejar tu vida y repartir el tiempo adecuadamente.

Crees que tu paciencia no tiene límites
Pero llega un momento en el que explotas y te caes con todo el equipo. Dices que sí, ayudas, aguantas, te contienes, tratas de no enfadarte, pero, ¿quién te escucha, te ayuda y te aguanta a ti? A veces hay que desahogarse y dejar la paciencia y la templanza a un lado. Es preferible una discusión a tiempo que estallar después en tu soledad.

Debes admitir de una vez por todas que no puedes agradar a todo el mundo y que tu paciencia, como la del resto, también tiene un límite. Llora, grita y ríe cuando tengas que hacerlo. No de cortes, desahógate. Vive la vida sin tapujos y deja de creerte un superhéroe con paciencia ilimitada.