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¿Cómo pueden afectarte tus obsesiones en el trabajo?

El escritorio ordenado por colores, el café siempre medio templado antes de media tarde, supersticiones y amuletos para reuniones importantes, dejar la reunión para el último momento o el último botón de la camisa desabrochado. Estas son algunas de los rituales o manías personales que todos tenemos y que trasladamos a la oficina. ¿Cómo nos repercuten?

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Linkedin, la red laboral más importante de internet, llevó a cabo un estudio para detectar las manías más comunes de los trabajadores del globo, en concreto más de 17.000 encuestados. Como resultado, en España, concluyó que las tres manías más comunes eran: falta de compromiso que muestran los profesionales en sus obligaciones, las personas que se quejan constantemente y las reuniones que empiezan tarde y a menudo se alargan. Estando España en el puesto decimotercero de países con más manías laborales.

La clave es que estas adorables manías no repercutan en tu rendimiento y no ofendan a nadie detrás de su escritorio, mientras tanto, ¿deberíamos resolverlas? En realidad no. Son parte de nuestro sello personal, y conservarlas de forma sana nunca se volverá en nuestra contra. Un ritual extremo y mal visto por tus compañeros podría depararte una mala relación o incomodidad en tu jornada, sé cuidadoso con tus fetiches personales.

Por otro lado tenemos las manías que, lejos de afectarte de forma netagtiva en tu puesto laboral, podrían servir como un filón para tu rendimiento. De ellas conocemos la “adicción al trabajo”, o workaholic, como ya fue en su profesión Mozart, lo que te llevaría a una obsesión continua por mejorar y adelantar en la oficina, pero que repercutiría de forma clara en tu salud y vida social.

Una conducta extrema nunca juega a nuestro favor detrás del escritorio. El balance y el autocontrol con nuestras manías –tan personales- del día a día se plantean como una la solución para una estabilidad laboral.

Como anécdota, según Linkedin, los japoneses llevan fatal las bromas en el trabajo, los indios no soportan los tonos de llamada irritantes o divertidos y los franceses no digieren bien un perfumado en la oficina excesivo.