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¿Alguna vez está permitido ser perezoso?

Claro que está permitido, bueno, excepto para aquellos que creen que en un pecado capital… Pero ese no es el tema, lo que quiero mostrarlos es que ser perezoso está mal visto por las circunstancias en las que algunas personas deciden serlo, pero no por el acto de la pereza en sí.

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Para explicarme mejor, voy a poner un ejemplo. ¿Qué pensaríais si vuestro compañero de trabajo fuera perezoso en la oficina? Que no lo queréis en vuestro equipo, ¿verdad? ¿Y si es productivo en el trabajo pero después le invade la pereza cuando llega a su casa? ¿Seguiríais pensando mal de esa persona? Seguro que no, ya que en el hogar cada uno haga lo que le apetezca sin afectar al resto. Dentro de unos márgenes, ya que al igual que el compañero de trabajo se puede quejar de tu pereza en la oficina, si tienes compañía en el piso y no haces tus tareas, puede ocurrir lo mismo.

Hay momentos incluso que el ser perezoso puede beneficiarnos. Si estás estresado, dejar la mente en blanco y no pensar en nada te puede servir para relajarte y equilibrar los niveles de estrés. Y no solo cuando tu cabeza está sobrecargada, hay muchas veces que el esfuerzo mental nos trae consecuencias físicas. Es el mejor momento para permitirte ser perezoso y descansar el cuerpo agotado.
Si crees que estás dejando se ser productivo, y que la pereza te empieza a invadir en las horas de responsabilidad. Es otro momento idóneo para frenar y pararte a pensar que quizá si en tus momentos libres dedicas un rato para la pereza, después estarás más cargado de energía para afrontar las tareas del día a día.

Recordad, la pereza no se juzga por la “no acción” del perezoso, si no por el momento de serlo.