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James Costos, embajador capaz de hacer historia

‘El amigo americano’ o las recientes memorias de James Costos, el embajador de EE UU que marcó un nuevo estilo en el arte de la diplomacia.

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Las memorias de James Costos ya están en el quiosco. El hombre que supo marcar tendencia en la diplomacia y relaciones internacionales ha volcado sobre el papel la experiencia que para él (y a todos los niveles) supuso dirigir la embajada estadounidense en Madrid desde 2014 hasta 2017. En cierto modo, Costos se ‘salta el protocolo’ para contar en detalle –y en un tono tan cercano e íntimo como divertido– el camino que recorrió hasta emplazarse como el hombre de confianza de Barack Obama en España. Y todo aquello que aconteció después.

¿Qué ha supuesto para usted la escritura de estas cercanas memorias? ¿Una manera quizás de cerrar un ciclo tan positivo como fructífero?

Ya se sabe que siempre hay un final previsto para el trabajo de un embajador, incluso antes de instalarse en el escritorio de la embajada. Es una fecha marcada en negrita sobre el calendario, que se sabe que eventualmente llegará. Es como un reloj de cuenta regresiva que siempre está sonando en tu cabeza. Eso es lo que me motivó a completar la agenda muchos días, llegar a hacer todo lo posible antes de que se acabara ese tiempo. Nunca había realizado este tipo de trabajo, y era consciente de tener un jefe que me servía de inspiración y además me desafiaba a trabajar duro, a impulsar posibles cambio, a ser innovador y a construir relaciones. Me propuse darle un giro a la misión encomendada. Cuando el periodo llegó a su fin, comencé a darme cuenta del impacto que habíamos tenido, algo realmente palpable. Nunca me percaté de que iba a ser un viaje tan extraordinario e impactante.

Por más que traté de conocer a mucha gente, obviamente no fue posible llegar a todos. De ahí que escribir este libro, permita documentar mi trabajo de cara al futuro, como un punto de referencia, no solo para el próximo embajador, sino también para el ciudadano de a pie, no solo el estadounidense, también el español, y para todas las demás personas que viven, trabajan y visitan España. La embajada existe para motivar la ‘relación’ entre los países, no solo para servir a los intereses estadounidenses. Esa filosofía –la política de Obama– es, de hecho, la mejor manera de servir a los Estados Unidos, al mostrar un interés real en los demás y apoyar siempre objetivos compartidos.

Ir a contracorriente de encorsetados protocolos siempre deja huella. Su modo de hacer diplomacia le ha distinguido, sin duda, de otros embajadores. ¿Qué destacaría de su trabajo?

Invitar a eventos diplomáticos a quienes normalmente no se les pide que participen, o que se sienten a la mesa del embajador, o que se unan a alguna celebración, sin duda suscitó algunas suspicacias y requirió muchas explicaciones por mi parte. Sin embargo, reunir a personas de diferentes orígenes o segmentos sociales, en esa comunión, es donde realmente ocurre la magia. Sabía que algunas personas se sentirían incómodas, otras serían rápidas en su crítica, pero estaba en su mano la decisión (o no) de participar en el acto. La política de respeto, inclusión y diversidad de Obama siempre se consideró eje central en todo lo que hicimos.

Obama y Michelle fueron decisivos para su reciente participación en labores diplomáticas. ¿Cómo ve el giro radical que ha supuesto la entrada de Trump?

‘America First’ es algo simplemente estúpido, y va en contra de cualquier aprendizaje diplomático, está mal. Esas palabras respaldan a muchos para que actúen de manera egoísta, las personas se esconden detrás de unas palabras que para muchos significan ‘Yo Primero’. Mucha gente ya no piensa en sus vecinos, es repugnante ver que el dinero se arraiga o la supremacía desatada; muchos se aferran a la autoridad que el presidente les ha dado (por su propia conducta) para actuar mal, sin civismo. Me horroriza ver lo que mi país parece hoy… ¿Cuándo considerar a los demás, ayudar a los demás, se convirtió en un tiempo perdido o un rasgo negativo, algo que ver como una debilidad? Me entristece ver a algunas personas que conozco, quienes de repente han dejado de ser considerados con los demás y ahora actúan puramente por sus propios intereses; de alguna manera se olvidaron de dónde venían, ascendieron en la escala de oportunidades que se les fue presentando y ahora la empujan lejos de aquellos que vienen detrás intentando (igual que ellos) llegar más alto en pos de una vida mejor. A lo largo de mi vida y de mis experiencias, aprendí que siempre tomamos una mano para atraer a alguien hacia nosotros.

Sus ideas transformadoras y abiertas han atraído a muchos emprendedores y jóvenes empresarios. ¿Son ellos quienes deben ser apoyados ahora más que nunca?

Era la política de Obama, promover el emprendimiento global. Las nuevas empresas crean empleo más rápido y se posicionan por un crecimiento a largo plazo, de modo que sí, los líderes deben estar muy enfocados en hacerles espacio. Como embajador, me inspiraron muchos empresarios que conocí en España, iniciamos con ellos una serie de ciclos y conferencias llamadas IN3, que convocaban a inversores, innovadores e instituciones estadounidenses y españolas para construir un ecosistema próspero entre los dos países. Hoy me siento alentado y contento al ver a Sánchez y su reciente anuncio sobre hacer de España una nación nueva, de continuar construyendo sobre el trabajo que ya comenzamos en la embajada.

¿Cree que su natural forma de llevar la vida (personal, social, política…) ha sido ejemplo para muchos homosexuales?

La diplomacia debe ser inspiradora, inclusiva y transparente. Me sentí excluido la mayor parte del tiempo durante mi infancia debido a mi sexualidad, pero en la embajada encontré una plataforma para allanar el camino a otros. Todo lo que emprendí lo hacía con miras a la inclusión y la diversidad. No es que tuviéramos que hacer ajustes o arreglos especiales para cualquier persona o grupo, incluida la comunidad LGBT, era simplemente actuar en el curso de las acciones más normales, ser inclusivos al tomar decisiones. Y creo que ese enfoque sutil ha tenido un impacto importante y duradero.

‘El amigo americano’, James Costos & Santiago Roncagliolo (Editorial Debate)

Su relación con políticos, diplomáticos, empresarios y reyes ha sido, y es, realmente muy buena. ¿Qué recuerdos se lleva de su paso por nuestro país? ¿Con qué personalidades cree que seguirá manteniendo contacto?

Las relaciones son la piedra angular de la diplomacia. Todo se vuelve más difícil con el tiempo, por lo que inicialmente se deben crear relaciones basadas en la credibilidad, la confianza y el respeto para abordar de manera más efectiva y fácil los inevitables problemas que posteriormente puedan surgir. Fui muy afortunado de haber sido postulado para trabajar en España, un aliado desde hace mucho tiempo y amigo de los Estados Unidos, por lo que resultó todo muy fácil desde el principio. Pero trabajar para mantener las relaciones requería un compromiso constante de cara a mejorar las relaciones bilaterales en múltiples frentes. Esto lo cuento y cubro ampliamente en mi libro. Además, estoy feliz y nada sorprendido, de que algunas de las relaciones oficiales que desarrollamos durante mi mandato continúen, otras se hayan convertido en amistades más personales y algunas incluso en sólidas relaciones comerciales.

¿Cuál ha sido el momento más complicado de su carrera en España? ¿Se plantea quizás nuevos retos diplomáticos?

Todos los días en la embajada tenían desafíos difíciles en lo que a relaciones bilaterales se trata. Mi equipo, compuesto por personal comprometido (español y estadounidense), trabajó incansablemente con nuestros colegas españoles para abordar con solidez y diligencia la agenda diaria, además de afrontar los problemas o amenazas externas de otros países que debíamos tratar de manera conjunta. En el fondo, son la manera y el tono a la hora de hacer las cosas las que establecen cómo emprender cada asunto y, teniendo siempre eso presente, pudimos resolver rápidamente los problemas por difíciles que fuesen, algo que por otro lado, llevó a que nuestra relación bilateral sea ahora mucho más sólida.

¿Cómo ha sido vivir en Madrid? ¿Y en España? ¿Le gustaría volver a residir en nuestro país?

Amo a España y vivir en Madrid, a tiempo parcial ahora, es diferente de lo que era antes, cuando asumía un papel oficial. Me estoy reconectando con las personas que conocí y cada día estoy haciendo nuevos descubrimientos, pero en estos momentos las experiencias son más personales. También estoy trabajando como ciudadano privado para seguir apoyando las relaciones comerciales internacionales y construyendo puentes entre los EE UU y España.