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El Medoc Alavés, un proyecto para mostrar al mundo cuál es el mejor vino

Con motivo del 25 aniversario del proyecto se ha querido recordar una de las iniciativas más extraordinarias de la historia vitivinícola de España con la publicación del libro “El Medoc Alavés, la revolución del vino de Rioja”.

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“El Medoc Alavés, la revolución del vino de Rioja” de Ludger Mees, se trata de una publicación que saca a la luz uno de los capítulos más apasionantes en la biografía del vino de Rioja, y en general de la historia vitivinícola de España. Impulsada por Compañía de Vinos Telmo Rodríguez  y editada por La Fábrica, esta es la reedición del libro publicado con el mismo nombre en 1995 por el historiador alemán Ludger Mees a partir de uno de los apartados de su tesis doctoral, y editado inicialmente por la Diputación Foral de Álava.

En su revisión, el libro desarrolla aún más una de las iniciativas probablemente más insólitas y con mayor interés de la historia del vino en España, el experimento pionero con el que nació la marca El Medoc Alavés en la segunda mitad del siglo XIX y con el que se intentó hacer el mejor vino del mundo, con el objetivo de aprender de quienes estaban elaborando los mejores vinos entonces, y superarlos.

“Nos parecía que era fundamental volver a publicar este documento, e intentar sacar a la luz más información sobre este proyecto ya que tenemos mucho que aprender”, comenta Telmo Rodríguez, protagonista de una de las entrevistas que están incluidas en el número 53 de nuestra revista.

¿Qué supone tener tu producto entre los mejores vinos del mundo (James Suckling, 100 puntos Parker a Las Beatas)?

Lo ocurrido con Las Beatas es una especie de certificación: lo que intuíamos a la hora de dar importancia a un viñedo y una zona tiene sentido. En un país que vende su vino a bajo precio –España es el más barato del mundo muy por debajo de Francia o incluso Italia– también tenemos talentos que siempre deben reivindicarse. Somos un país complejo con lugares increíbles que podrían ser tan importantes como algunos grandes crudos de Burdeos o viñedos con nombres excepcionales de Borgoña. El reconocimiento a Las Beatas es también a un país, a una región que es Rioja, a un pueblo que es Labastida. Pablo y yo, con nuestro trabajo en la Compañía, no nos reivindicamos como grandes enólogos, sino como personas que tienen la intuición de que somos un país increíble.

¿En qué situación se encuentran hoy los vinos españoles de cara al exterior?

Hasta ahora hemos luchado por producir más y vender más barato y no por hacer productos excepcionales que permitan posicionar al vino como producto de lujo y país productor referente y de envergadura. Pero ya hay un movimiento de gente más joven que, además de haber viajado mucho y contactado con lo que podrían considerar un gran vino, no se amilana a la hora de buscar con enorme ambición llegar a hacer ese vino perfecto. Ya no te digo ambición por construir grandes empresas con batallones de vendedores cerrando operaciones, sino de demostrar el talento aquí existente así como los viñedos de los que hacer vinos de auténtica talla mundial.

Y el consumidor patrio… ¿Ha aprendido a valorar lo que tiene?

El enólogo Emile Peynaud decía en su libro El gusto del vino que el verdadero protagonista y quien hace los vinos nunca es el productor, sino el consumidor; un país con malos consumidores es un lugar donde no se pueden hacer buenos vinos. Debemos reflexionar sobre el porqué una cosa es buena, en lugar de consumirla porque lo marque una moda concreta. Hoy en día el gran reto es que nuestro país aprenda a beber. Francia inventó el vino de lujo, mientras que en España el vino es como el pan, un producto de consumo diario, pero no de lujo. Seguimos hablando de millones de botellas producidas, no del vino que transmite emoción… y ese es un concepto que aún no se ha instalado aquí. No hemos hecho un producto que consiga emocionar, que dé la impresión de ser imposible de conseguir…

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Telmo Rodríguez posa en exclusiva para Forbes en el Real Jardín Botánico de Madrid el pasado 18 de abril. © Pablo Álvarez

Compañía de vinos Telmo Rodríguez, Remelluri… ¿Qué filosofía empresarial te ha guiado a lo largo de los años? ¿Qué valores caracterizan a tu empresa?

El recorrido de la Compañía, después de tantos años, ha sido como esos libros de viajes que traían los ingleses a España en el siglo XIX, donde tomaban notas de todo y hacían incluso dibujos… Pues bien, nosotros hemos sido unos grandes viajeros, hemos ido consolidando la Compañía como un libro de viaje: fuimos a Navarra, a los Arribes del Duero, al Somontano, al Noroeste, a Málaga… Nos guiaba una idea romántica como reivindicar viñedos con años de historia y tradición o incluso recuperar el vino más importante que ha habido en la historia de nuestro país (y que había desaparecido), el dulce ‘mountain wine’ malagueño.

¿Qué proyectos tienes entre manos? ¿Por qué estamos en el madrileño Jardín Botánico?

A mí siempre me ha gustado mucho este sitio. El Botánico es increíble, especial, como un oasis en la capital. En el trabajo de la Compañía siempre ha estado presente el entender, disfrutar o restaurar tu país, de hecho, no hacemos bodegas nuevas sino que compramos la existentes para restaurarlas y darles nuevos bríos. Tras varios proyectos en Madrid (Bodega y Club Matador, Club de la Buena Vida), hemos decidido montar aquí en el Botánico un espacio donde la gente pueda venir a beber buen vino y tomar buenas conservas. Disponer del citado espacio, que además puede organizar eventos (tipo exposiciones y otros actos cargados de contenido), dentro de un entorno tan privilegiado, me parece todo un lujo. El responsable me ha dicho: “Solo habrá vinos tuyos porque hablan de paisajes”, y eso es algo que me ha hecho verdadera ilusión. Va a ser como un bar de pueblo, algo muy sencillo, pero con algunos caldos que aporten sofisticación. Acaba de abrirse. Ya puede disfrutarse.

¿Cuáles son los retos, objetivos o metas que se plantea para los próximos años?

Somos un país que tiene un gran potencial. Mi objetivo ha sido siempre encontrar joyas, pero no basta con aplicar una fórmula, después también hay que cuidarlas y trabajarlas. Y en eso se tarda mucho tiempo. Tras muchos años rodando, ahora estamos en la fase de trabajar las joyas descubiertas. La Compañía de vinos Telmo Rodríguez es, sin pretender ser muy cursi, como una flor que está abriendo, como un teatro que sube el telón. El primer cohete ha sido Las Beatas, pero hay mucho más detrás. Los grandes proyectos están ligados a esfuerzo y viticultura de calidad: un viñedo de 1,9 hectáreas (está marcado incluso en la etiqueta) como Las Beatas cuesta trabajarlo cuatro veces más que un gran crudo de Burdeos. Para llegar ahí uno tiene que ser muy apasionado.