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Manuel Valls: “El gran debate hoy es la democracia y Europa frente al populismo”

Nacido en el barrio barcelonés de Horta (Manuel Valls, 1962) tuvo que inmigrar con su familia a Paris huyendo del franquismo. En 1980 ingresa en la Facultad de Historia, en la que formó parte del sindicato socialista de estudiantes, UNEF.

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El pasado 29 de octubre Manuel Valls posaba en exclusiva para el objetivo de Forbes en el Gallery Hotel de Barcelona. © XAVI TORRES-BACCHETTA

Sus inquietudes políticas le llevaron, a los 18 años y de la mano de Michel Rocard, a ingresar en el Partido Socialista Francés (PSF), donde desarrolló una formación basada en el republicanismo y en el socialismo, pero en 2017 lo abandonó, después de perder las primarias ante Benôit Hamon en las elecciones presidenciales. Posteriormente se incorporó al grupo parlamentario de La República en Marcha (LaREM), de Emmanuel Macron.

A lo largo de su intensa y exitosa trayectoria política en Francia ha ocupado cargos de primer nivel en todos los terrenos de la Administración, mostrándose como un tenaz y comprometido servidor público: en el ámbito municipal, como alcalde de Evry (2001-2012); y en el del Gobierno del Estado, como ministro de Interior (2012-2014), y en la cúspide del Ejecutivo, como primer ministro (2014-2016), durante la presidencia de François Hollande. En 2018 dejó la concejalía en Evry y el cargo de diputado para regresar definitivamente a Barcelona, donde va a empezar una nueva vida, tanto en lo laboral, dando clases en ESADE, como en lo político.

En un gesto sin precedente en Europa, ha pasado de ser primer ministro de Francia a presentarse a las elecciones municipales de Barcelona, con una plataforma “independiente” que cuenta con el apoyo de Ciudadanos. “Quiero seguir siendo un servidor público en Barcelona, que se lo merece”, señala. Recientemente ha publicado un libro autobiográfico, Barcelona, vuelvo a casa (Ed. Espasa), en el que hace un repaso a su infancia, su formación socialista, sus cargos en la Administración francesa y su unión vital y personal con su ciudad, Barcelona, de la que quiere ser su alcalde.

¿Cómo entra en contacto con el Partido Socialista Francés (PSF)?

Mi familia, que había pasado en Barcelona la Guerra Civil, siempre rechazó el totalitarismo de extrema derecha, el fascismo y el comunismo. La lectura era una constante en nuestra casa de París, recuerdo los libros de Camus, Koestler, Solschsnitsky, Orwell, las novelas de Vázquez Montalbán… Y, por supuesto, las conversaciones sobre la Guerra Civil, que fueron muy importantes para mí. El taller de mi padre era un ir y venir diario de personas interesantes, como Julio Cortázar, Hugo Pratt, José Bergamín… Crecí en ese ambiente, y eso fue algo que me ayudó mucho en mi formación. Iba a la escuela pública, de la que en Francia siempre hemos estado muy orgullosos. Cuando era chaval en ningún momento pensé que me dedicaría a la política, pero con 16 años me empezó a interesar.

En esos momentos, en Francia había un debate sobre la pena de muerte que me apasionaba, así como lo que escribía el gran abogado Robert Badinter, que después sería ministro de Justicia con François Mitterrand y que abolió la pena de muerte. Cuando cumplí 18 años me nacionalice y me afilié al PSF. La figura de Michael Rocard me interesaba especialmente, y cuando entré en la facultad, atraído por sus ideas socialistas, y pese a la oposición de mi padre, decidí afiliarme.

¿Cómo ve actualmente el socialismo francés y, en general, el europeo?

Hay una crisis profunda de la socialdemocracia, que es la crisis de Europa, además del estado-nación, de la incapacidad de regular la economía globalizada, de no ser capaces de responder al surgimiento del populismo y del pensamiento identitario, que es el nacionalismo, con formas muy diferentes según los países. Creo que la socialdemocracia ha acabado con su ritmo histórico, pero sus valores de igualdad, el papel del estado del bienestar, y ayudar a los más necesitados, son los valores de la democracia y de Europa, y son imprescindibles. Por eso, el gran debate hoy es la democracia y Europa frente al populismo; ese es el motivo por el que debemos inventar un nuevo progresismo.

¿Quién va a cubrir ese hueco?

Ese es el gran debate, y, por el momento, gana el populismo: lo ha hecho en Italia, en Estados Unidos, en Brasil… ¿Por qué? Porque hay una duda de los pueblos con respecto a la democracia, y por eso tenemos que ser muy claros con la democracia, el Estado de derecho, la separación de los poderes, el respeto de la sociedad civil, de las personas… Y no puede haber indecisiones respecto a estos temas. Por eso, el hueco solo se puede llenar de una forma central, no solo desde el centro, sino desde el centro-derecha, centro-izquierda, todos los que piensan igual sobre Europa, la economía de mercado, el Estado del bienestar, la libertad de la gente y la sociedad civil, de los medios de comunicación. Esto es muy importante, y por ello tenemos que salir del debate solo de la izquierda y la derecha, que existe, por supuesto, porque siempre hay conservadores y progresistas, pero lo primordial hoy en día es Europa y la democracia. Tenemos que apostar por respuestas firmes respecto a estos temas, porque, si no, ganarán los populistas.

España está gobernada por un socialista, Pedro Sánchez. ¿Qué le parece como lo está haciendo?

Es difícil gobernar, y, además, sin mayoría, pero deseo al Gobierno de España lo mejor, porque es democrático y europeísta. En Europa necesitamos el protagonismo importante de España, pero lo que pienso es que los grandes partidos, PSOE, PP, Cs, es decir, Sánchez, Casado y Rivera, tendrían que hablarse más, deberían pactar y no dejar tanto protagonismo al populismo de izquierdas, como Podemos, o a los independentistas.

Por supuesto que hay diferencias, pero los grandes partidos constitucionalistas tienen que ponerse de acuerdo sobre Europa, la unidad del país y, por supuesto, la defensa de la Constitución y de la democracia. Si funcionó en los años setenta, cuando era mucho más difícil que hoy, ¿cómo no van a poder ponerse de acuerdo? Por eso, mi lista será un equipo transversal con un proyecto para todos. 

¿Qué percepción se tiene en Francia de la situación política de Cataluña?

El conflicto soberanista de Cataluña se sigue en Francia con mucha atención e incredulidad, porque, para los franceses, Barcelona es una ciudad abierta y cosmopolita. Aquí se habla catalán, los dos idiomas, pero los franceses no pueden entender la idea de que Cataluña se separe de España porque para ellos es también España, aunque tenga su propia identidad, historia y cultura. Nadie reconoce una aventura antidemocrática, y aun así los líderes independentistas siguen instalados en las mentiras, que son su mejor baza. Hemos visto cómo el procés no lleva a Cataluña a ningún lugar que no sea el dolor, la frustración y la confrontación.

¿Piensa que el independentismo es una forma de populismo?

Hay muchas formas de populismo, de izquierda, de derecha, pero, como dijo Mitterrand en el Parlamento Europeo hace unos años, cuando juegas con las fronteras, provocas guerras. Es la historia de Europa: cuando quieres salir de España y de Europa, puedes provocar una tensión tremenda. El nacionalismo lleva aparejado, además, supremacismo, no todos por supuesto, no voy a decir que todos los independentistas son racistas, pero los hay, como reflejan los escritos del president de Cataluña, Quim Torra, o lo que dijo la señora Núria De Gispert, expresidenta del Parlament catalán, a Inés Arrimadas “¿por qué no vuelves a tu pueblo?”. Si lo dijera alguien de extrema derecha, todo el mundo saldría a la calle diciendo que eso es racismo. Bueno, pues es racismo. Y eso es insoportable.

Hasta hace unos meses era diputado independiente en Francia adscrito al partido LaREM de Emmanuel Macrom. Cuándo le explico al presidente que se iba a presentar a las municipales de Barcelona, ¿qué le dijo?

En una de nuestras últimas conversaciones, el pasado mes de julio en el Eliseo, le confirmé que me presentaba a las elecciones a la alcaldía de Barcelona. Macrom y yo nos conocemos bien, pues hace años ocupó la cartera de Economía en mi Gabinete. Lo que me dijo lo guardo para mí. Pero cuando le anuncié mi decisión, él me escuchó con atención y me alentó, porque considera que mi candidatura puede ayudar mucho al proyecto europeo, que está en una situación de crisis. Compartimos la misma visión de debate para el futuro de Europa y la gran lucha contra el populismo que desafía el Estado de derecho, y ello requiere unión y un gran proyecto europeo.

Se presenta como independiente en una plataforma, pero su candidatura tiene el apoyo de Ciudadanos. ¿Qué les ha ofrecido a cambio?

No, es un acto de generosidad por parte de Cs hacia mí, y alabo mucho la decisión de apoyarme, ya que contar con el amparo de Rivera o de Inés Arrimadas me va muy bien, y estoy muy orgulloso, a pesar de que no voy con sus siglas, pero es un pacto en el buen sentido de la palabra. Por supuesto que habrá gente de Cs en el equipo, pero eso lo vamos a hacer juntos, y también habrá muchas personas que no será de este partido, sino independiente. Yo no vuelvo, después de años en el PSF para integrarme en otro partido. Soy un candidato independiente. Además, pienso que Barcelona no es cosa de los partidos, sino que para ganar necesitamos sumar, porque en estas elecciones nos jugamos mucho.

Se le acusa de ser el candidato de los grandes empresarios, de las empresas del Ibex 35. ¿Qué tiene que decir? 

No soy el candidato de ningún grupo de empresarios, sino de todos los barceloneses. Barcelona debe apostar por las empresas y el turismo, y señalar como enemigos a empresarios u hoteleros es un error. Hay que recordar que más de 5.000 empresas se han fugado de Cataluña y, sobre todo, de Barcelona, y esto es un desastre económico para la economía en general. Los populismos siempre buscan enemigos: el árabe, el inmigrante, el musulmán, el judío, la burguesía, o Bruselas o Madrid. Barcelona necesita empresas, tanto las antiguas como las nuevas, necesita a las elites culturales, tanto las de ayer como las de mañana. Aquí hay mucha juventud que invierte en las nuevas tecnologías, en la biomedicina, en la cultura, en las redes sociales, en el deporte… Eso es una ciudad. Hay que concentrarse en arreglar los problemas. Una ciudad sin elites, sin empresas, sin gente humilde, sin barrios populares…, no vive. Barcelona necesita un líder, un equipo y un proyecto, porque se está deteriorando… Yyo quiero ser el que lo recupere.

¿Cuál va a ser su propuesta para convencer a los barceloneses de que su proyecto es “el mejor”?

La idea es recuperar Barcelona y que ésta siga siendo la gran urbe europea que siempre ha sido. Eso es lo más importante, y todas esas personas que lo están pasando mal –porque no tienen trabajo, viven con salarios precarios, en barrios complicados e inseguros– lo pueden entender, pueden comprender que una Barcelona cerrada, capital de la hipotética república catalana, acabaría siendo un desastre para ellos mismos y para la ciudad. Pienso que Barcelona es una marca internacional, la gran ciudad económica y cultural del sur de Europa y del Mediterráneo.