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“Para un niño es un trauma salir del hogar e ir a la escuela. Esto se debería de considerar a la hora de diseñarlas”

Arquitecto por formación, diseñador por adaptación, pintor por vocación, y escritor por deseo de ganar amigos, Óscar Tusquets (Barcelona, 1941) se gradúo en la Escuela de Arquitectura de Barcelona en 1965. Hombre culto, vivido, y cuyo discurso sugiere lo mucho que tiene por contar, es uno de los pioneros de la corriente postmoderna y uno de los máximos representantes del diseño español.

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Discípulo y amigo de Salvador Dalí, esconde a menudo un profundo rigor con que acomete los proyectos de arquitectura y diseño industrial. Entre sus obras más representativas, el propio autor destaca el Auditorio Alfredo Kraus de Las Palmas de Gran Canaria, la ampliación y remodelación del Palau de la Música de Barcelona y la estación Toledo del metro de Napoli (Italia).

Usted iba para pintor, pero acabó siendo arquitecto, ¿por qué?

Aunque no fue una imposición, si fue un consejo de mi padre, al que le parecía que la pintura era un riesgo económico muy alto. La arquitectura en aquel momento parecía una profesión más rentable. Y esto era bastante cierto. Mi promoción la acabamos 30 arquitectos y todos encontramos trabajo.

¿Cuál fue su primera obra?

Mi primera obra la hice con Lluís Clotet, con el que colaboré durante más de 20 años, y fue el interior de las salas y el restaurante del colegio mayor Sant Raimundo de Penyafort, que fue un encargo que nos pasó Federico Correa, en cuyo despacho trabajábamos antes de acabar la carrera. Otra fue la tienda Sonor, que era de alta fidelidad y nos lo encargó Oriol Bohigas.

¿Quién ha sido su maestro?

He tenido varios, pero destacaría a Federico Correa y su gran maestro José Antonio Coderch; y, en general, a Salvador Dalí, mi otro gran maestro. Dalí me dijo “Tusquets, he oído hablar de ti y me interesa mucho lo que haces”. Imagínese como me quedé, ya que yo era un chico muy joven que no había hecho prácticamente nada.

¿Qué estilo hace reconocible su obra?

Yo no sé si tengo un estilo muy definido. Creo que mi obra varía mucho en función del lugar en el que me encuentro. Pero es evidente, que durante años se asoció al estilo postmoderno.

¿Se considera un arquitecto perfeccionista en su trabajo?

En mi libro Dios lo ve, explico que el artista si no cree en Dios, mejor que creyera, porque hay cosas en una obra que son imposibles de apreciar por el observador, pero que en cambio el artista comprometido considera que tiene que resolver: fachadas que no se ven, esculturas que nunca se ven por detrás…

FOTO ENVIADA POR WT
Tusquets posa para Forbes. Fotografía Xavi Torres-Bacchetta

¿Qué importancia tiene para usted el lugar o el contexto en el cual surgirá su obra arquitectónica?

Toda. Soy muy respetuoso y continuador de los arquitectos italianos de los años 50-60, que hablaban de la preexistencia ambiental. Sea un lugar de paisaje o urbano, para mí esto es absolutamente determinante.

¿De cuál de sus obras está más orgulloso?

Diría que del Auditorio Alfredo Kraus, en Las Palmas de Gran Canaria. Y de la ampliación y remodelación del Palau de la Música de Barcelona y la estación Toledo del metro de Napoli.

¿Y cuál ha sido la más atrevida?

La que hicimos en 1972, en Llofriu (Girona), el Belvedere Georgina, de la que un eminente crítico dijo que era la primera construcción postmoderna sin mala conciencia en el mundo. También tuve un cliente millonario y ‘loco’, que es muy difícil de encontrar, al que le hice una casa muy atrevida e interesante en el Maresme.

¿Qué le hubiera gustado construir, pero no ha tenido la oportunidad?

Una escuela, pero para ello necesitaría un cliente atrevido e inteligente, porque la escuela que me gustaría construir estaría muy lejos de las normas actuales. Mucho más cercana a un hogar. Creo que para un niño es un trauma salir del hogar e ir a la escuela, y esto se debería de considerar a la hora de diseñarlas, por lo que según mi criterio, haría que cada aula fuera diferente, en tamaño, orientación…, y por lo tanto, cuanto más se asemejara a una casa mejor.

Vive en Barcelona, una ciudad reconocida internacionalmente por su arquitectura modernista, gótica y contemporánea, pero ¿cómo la ve?

Barcelona es una ciudad confortable, que entiendo que esté llena de turistas y lo aplaudo, a diferencia de casi todos los intelectuales, que piensan diferente. Goza de un clima privilegiado y cuenta con el beneficio del mar y con una arquitectura gótica y modernista notable.

¿Cómo es su trato con los clientes?

En este momento de mi carrera, estoy convencido de que me ha perjudicado tener un excesivo respeto por los deseos del cliente. Creo que hay que escucharlo, pero en mi caso, quizás lo he escuchado demasiado, y alguna vez al terminar una obra, el cliente me ha dicho: ¡Ojalá te hubiera hecho más caso!

¿Es un arquitecto caro?

No, en absoluto. Habiendo trabajado mucho para la empresa privada y poco para la administración, no puedes ser un arquitecto caro. La empresa privada no coge arquitectos caros.

¿En qué proyecto trabaja ahora?

Hago proyectos de arquitectura ‘muy especiales’, muy raros, normalmente en colaboración con algún arquitecto joven que haya trabajado conmigo unos años. Continúo diseñando algunos objetos y muebles sobre todo para BD Barcelona Design; pinto mucho y llevo meses trabajando sobre el tema de Benidorm, que es una ciudad que me fascina. También intento escribir, pero, para hacerlo, tienen que llegarte las ideas… (je,je)

Su último libro ‘Amables personajes’, es un ameno retrato de 16 personajes tan dispares como Kate Moss, Dalí, Miró, Mariscal… ¿Quién le impresiono más de todos?

Insistiría en Salvador Dalí, y en el arquitecto José Antonio Coderch, por su independencia intelectual, su valentía y su coraje. A la modelo Kate Moss no la conocí personalmente, pero aparte de admirar su trabajo y su físico, evidentemente, cuando hubo el escándalo de que invitó a unos amigos a tomar coca, me pareció un acto de generosidad y de amistad fantástica y nada criticable. Manolo Blahnik, que aparece en el libro, además de amigo, siempre dice que Kate es la hija que le hubiera gustado tener, porque es muy generosa y una persona fantástica.

En los años 60, principios de los 70, fue uno de los personajes más destacados de la “gauche divine”, un grupo de intelectuales que provenían en su mayoría de la burguesía y de la clase alta de Barcelona. ¿Cómo recuerda aquella época?

La recuerdo como una época fascinante, con nostalgia, porque Barcelona en aquel momento tenía una apertura a las nuevas tendencias, a las diversas lenguas, a la investigación artística, a la música alternativa… Tuve la suerte de que me cogió con veintipocos años, porque era una época para ser joven y nos divertimos mucho, arriesgamos mucho y dejamos algunas cositas para la historia.