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“La proliferación de lo digital es algo casi pornográfico”

Leopoldo Pomés (Barcelona, 1931) posee un estilo elegante, luminoso, sofisticado y sensual que revolucionó la publicidad con sus fotografías y sus trabajos. Fue el creador de las famosas “Burbujas Freixenet” y esa imagen que escapó a la censura franquista, aquella chica rubia de Terry montada en un caballo sin silla. A lo largo de su amplia carrera ha realizado más de tres mil spots publicitarios y unos cuarenta documentales.

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¿De dónde viene su fascinación por la fotografía?

Yo era un pésimo estudiante, no me gustaban nada las matemáticas ni el latín, y además sacaba malas notas. Pero en cambio, todo lo que tenía que ver con la imagen me encantaba. Iba a ver exposiciones y cada jueves por la tarde visitaba una librería que regentaba una prima de mi padre a ver libros, y ahí comencé a ver imágenes de pintores como Modest Urgell, que me dejaban fascinado. Fue entonces donde me di cuenta de que lo que más apreciaba eran los claroscuros, pues la luz me atraía mucho.

No sé si éste fue el desencadenante, pero al cumplir los 15 años mi padre me regaló una cámara Kodak Retina y decidí probarla haciendo unas fotos desde el balcón de la oficina donde trabajaba y que estaba frente al puerto de Barcelona. Me encontré con un tinglado que ya quisieran las grandes producciones americanas: dos máquinas de tren cruzándose y echando humo, con el adoquinado, la luz… Todo era una maravilla y parecía un altar barroco. Comencé a apretar el botón de la cámara y las llevé las fotos a revelar a una tienda; cuando fui a recogerlas un empleado me dijo que su jefe quería hablar conmigo, lo llamó y vino con unas ampliaciones de mis fotos de 30 x 40… ¡Me quedé impresionado! Me dijo que no me iba a cobrar nada y me sugirió que me presentara a un concurso que hacían allí al día siguiente. Así lo hice, y gané una copa. A partir de aquí, me aficioné a la fotografía, más tarde monté mi laboratorio en casa y poco a poco me fui metiendo de lleno en esta profesión.

Formó parte del grupo vanguardista Dau al Set en los años 50. Entre otros, formaban parte de él Joan Brossa, Antoni Tapies, Modest Cuixart, Joan Josep Tharrats, René Metras… ¿Cómo ha influido en su carrera estar cerca de aquellos intelectuales?

Muchísimo, porque cuando yo tenía 17 años, casi todos ellos me doblaban en edad. Eran grandes artistas y muy inteligentes, y me explicaban cosas de las que nadie me hablaba. Cuando volvían de París, donde habían visto la última película de Hitchcock o de Bergman, me contaban curiosidades que habían vivido, y a mí esto me enriquecía mucho. Más tarde me convertí en el fotógrafo del grupo, en el que estuve varios años.

Usted revolucionó la publicidad en España en los años 60, y creó un estilo elegante y moderno de imagen en la fotografía de hombres y mujeres. ¿Cómo definiría ese estilo?

Digamos que estoy siempre en el borde del expresionismo. Hay un artículo muy bueno de Cirici Pellicer en el que explicaba que yo había inventado una luz y un estilo al que llamaba “melanografías”, es decir, encontrar la luz en las sombras. Y es que los crepúsculos y la sensualidad siempre me han fascinado.

Ha realizado más de tres mil spots publicitarios y unos cuarenta documentales institucionales. ¿Hay algún trabajo en especial del que se sienta más orgulloso?
Bueno, hay algunas cosas que han tenido bastante repercusión, como por ejemplo cuando dirigí el espectáculo de apertura del Mundial de Fútbol de 1982, que se celebró en el Camp Nou del FC Barcelona, en el que al final, un niño vestido con los colores de la selección sacaba una paloma de un balón. También destacaría mi trabajo en la candidatura de Barcelona cuando optó a organizar los Juegos Olímpicos del 92. Leopoldo Rodés, que era muy amigo mío y con el que fundé la agencia Tiempo BBDO, me recomendó al COI para que dirigiera y realizara la estrategia de la campaña de imagen y la película de la candidatura para la obtención de los JJ OO.

Fotoenviada por WT
Leopoldo Pomés posa en exclusiva para el objetivo de la revista Forbes.
Foto: Xavi Torres-Bacchetta

Uno de sus trabajos más reconocidos fue la creación del spot con las burbujas Freixenet. ¿Cómo surgió?

Las ideas son a veces chispas que recoges, y yo, en aquel momento, hacía unos brainstorming con Karin Leiz, que era mi musa y la madre de mis hijos (fue la primera burbuja Freixenet y la primera a la que pusimos el vestido dorado). También estaba Néstor Luján, muy amigo mío, y Luis Betónica, que yo quería que asesoraran a Freixenet en cuanto a libros de gastronomía o vinos. Karin y yo no queríamos que la publicidad del cava Freixenet tuviera una connotación sexual, sino que trasmitiera una ilusión más familiar. Había una tradición en mi casa: en las Navidades se brindaba con cava, y a los niños se nos dejaba tomar un poquito. De esta manera surgió lo que queríamos explicar: la magia, la alegría en la familia durante Navidad y que el espíritu tenía que ser ese líquido burbujeante rebosante de alegría. Las burbujas nacieron con este concepto de alegría, y ésta fue la génesis de la historia que nunca abandonamos. Tras 10 años haciendo el anuncio se me ocurrió poner una especie de broche de oro a la campaña, teniendo como artista para la coreografía al más grande, Gene Kelly.

Por su objetivo han pasado grandes escritores como García Márquez, Vargas Llosa, Cortázar, Luis Goytisolo… ¿Qué tal eran posando?

Hubo de todo… Tuve muy buena relación y conviví mucho con García Márquez y con Vargas Llosa. A Cortázar lo fotografié en varias ocasiones, y aunque no tuvimos una relación especial conseguí hacerle muy buenos retratos. Me interesaban especialmente sus manos, que eran muy grandes, y como personaje era muy interesante, con algo de niño. Con García Márquez recuerdo que cuando estábamos montando el restaurante Flash lo utilizábamos como conejillo de indias, ya que durante un mes vino a cenar cada noche y hacíamos pruebas. También venía a mi casa, por lo que tuvimos una excelente relación.

En su época los fotógrafos realizaban un trabajo más manual, más romántico…, mientras que ahora, con las nuevas tecnologías es todo digitalizado y más rápido.

¿Qué le parece?
A veces me hago una pregunta, quizá un poco infantil: ¿qué harían Man Ray o Cartier-Bresson si vivieran ahora? Porque la proliferación de todo lo digital es algo casi pornográfico. El otro día, en la casa que tengo en el Ampurdán, una de mis nietas de 10 años me pidió permiso para subir al desván y hacer unas fotos con su pequeña cámara digital. Le dije que sí, y sacó unas fotos buenísimas. Es tan fácil que me produce una cierta irritación.

¿Cómo ve actualmente el panorama fotográfico?

Cada día aparecen fotógrafos jóvenes que tienen un talento espectacular. Sigo viendo fotos interesantes, como la de David Ruano, que me encanta. También admiro mucho a Gervasio Sánchez y a Lourdes Basolí. Cuando pienso en sus obras, las mías me dan risa.