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¡Cuidado! Un empleado es suficiente para arruinar tu negocio

Tenemos mucho que decir sobre el refrán “una manzana podrida, pudre a las demás”. No solo es aplicable con la fruta, un empleado nocivo puede causar estragos en tu cultura empresarial.

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Los empleados tóxicos tienen un efecto dominó poco saludable que perjudica al resto de compañeros de trabajo, jefes y subordinados por igual. Aunque muchos estudios de investigación muestran los efectos destructivos de un grupo en el ámbito laboral, una nueva investigación pone en relieve los efectos adversos de la falta de cortesía de una sola persona. Aquí hay cinco maneras en las que un empleado grosero puede echar abajo la oficina.

Disminución de la satisfacción en el trabajo. No es de extrañar que nadie quiera trabajar con gente grosera. Sin embargo, solo se necesita una persona para hundir la moral de alguien. Si los empleados temen una reunión con el supervisor por su mala educación o la mitad de la oficina come en su escritorio para evitar a un compañero, existe la posibilidad de que los efectos perjudiciales se viertan en todos los aspectos del trabajo.

Una mayor rotación de personal. Un empleado abusivo puede provocar una mayor rotación del personal. Los trabajadores no querrán quedarse en un ambiente desagradable, independientemente del salario, gratificaciones y otros beneficios. Los empleados amables y talentosos buscarán oportunidades con una cultura de trabajo más positiva.

Problemas de sueño. Trabajar con una persona tóxica puede tener efectos en la vida familiar y en la salud física de las personas, como la falta de sueño. La privación del sueño puede interferir con la capacidad para hacer frente al estrés y esto hace que sea más difícil trabajar.

Mala salud mental. Tiene efectos perjudiciales sobre el bienestar. Al igual que en los estudios e investigaciones que han vinculado la intimidación y el acoso a una variedad de lesiones psicológicas, el comportamiento grosero puede afectar gravemente a la salud mental de los trabajadores.

Es contagioso. Los investigadores confirmaron que las personas se volvían más propensas a tratar mal a los demás al ser testigos de ese comportamiento nocivo.