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David Beckham, S.A.

El exfutbolista británico David Beckham es todo un imán para las marcas que con él buscan transmitir una imagen de clase, elegancia y éxito. ahora acaba de iniciar una nueva faceta, la de emprendedor hombre de negocios.

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David Beckham es un hombre nuevo. Y un nuevo hombre… de negocios. Lo dijo el año pasado en Seúl (Corea del Sur) cuando promocionaba una marca de whisky: “Seis años atrás vine aquí como jugador de fútbol. Ahora lo hago como businessman, algo de lo que estoy orgulloso”. En 2013, el inglés colgó las botas tras 20 años en los que defendió la camiseta de los clubes Manchester United, Real Madrid, Los Angeles Galaxy, AC Milan, Paris Saint-Germain y del equipo nacional inglés. En una charla con esta revista reconoce que después de la ‘jubilación’ vivió momentos duros. “Al principio disfrutas de tu tiempo libre, pero necesitas encauzar tu vida de nuevo”. Claro que las penas con pan son menos.

Beckham ha ganado más dinero fuera del fútbol que cuando estaba en activo, y eso que entonces era uno de los futbolistas mejor pagados del mundo. En 2014 se embolsó 68,33 millones de euros, convirtiéndose en el segundo deportista retirado que más se enriqueció, por detrás del exbaloncestista Michael Jordan y sus 95,32 millones. El ‘hombre anuncio’, de 40 años, ha cerrado acuerdos publicitarios con Sky Sports, Belstaff, Jaguar, Armani, Samsung, H&M y Adidas, entre otras marcas. Además, ahora puede lucir su Breitling (es imagen de la firma relojera suiza) fuera y dentro de un campo de fútbol, ya que “los relojes no están permitidos cuando compites”, señala. Le comentamos que Rafael Nadal juega con reloj y aprovecha para declarar su admiración por el tenista (“Rafa puede hacer lo que quiera. Puede llevar 10 relojes encima si quiere, es bueno en todo”).

El nuevo ‘hombre anuncio’

Últimamente, Beckham ha engrosado sus arcas gracias a dos contratos: el que firmó con el gigante de bebidas Diageo para prestar su imagen a una marca de whisky y el que le une a la empresa Global Brands Group de Hong Kong para desarrollar su propia línea de productos de lujo. Ambos le reportaron unos 18,8 millones de euros el año pasado. Son proyectos en los que participa, además, como inversor. Y suma y sigue, porque también mantiene una alianza con el gigante de la cosmética Coty, que comercializa la fragancia David Beckham Instinct en virtud de un contrato vigente hasta 2017, por el que el británico ingresa unos 5,69 millones de euros al año.

“Sí que siento que llevo un hombre de negocios dentro. He tenido suerte a lo largo de los años a la hora de hacer crecer esa parte de mi vida. No es que empezara con ello cuando dejé de jugar, porque he trabajado muchos años para ello y sabía que una vez que dejara el fútbol tenía que tener otra carrera esperándome. Esta vertiente me ha ido muy bien hasta ahora (toco madera) y la estoy disfrutando mucho”, dice.

A su vertiente de hombre-marca hay que añadir la de empresario. En 2014 compró una franquicia de la Major League Soccer, la máxima categoría del fútbol profesional de Estados Unidos, junto con el productor televisivo Simon Fuller y el empresario boliviano Marcelo Claure, y construirán un estadio de fútbol para 20.000 espectadores en Miami.

Un perfecto ‘gentleman’

A Beckham le requieren tanto las enseñas del lujo tipo Armani y Breitling, como las de mass market. ¿Para cuáles cree él que está mejor dotado? “Quizás para las dos. Es importante ser versátil. Cada marca tiene su idea de quién quiere que le represente, y puede que yo no sea adecuado para unas pero sí para otras. He tenido mucha suerte a lo largo de mi carrera de representar a grandes marcas y a grandes empresas. Me gusta involucrarme en todos los proyectos en los que intervengo. Cuando formas parte de una gran compañía es difícil ver en qué puedes contribuir para mejorar, pero espero haber ayudado en alguna medida. Me gusta pensar que siempre añado algo”.

Es fácil entender por qué las marcas le quieren. Es un perfecto gentleman que aguanta pacientemente el exceso de cariño de los fans, los extenuantes viajes y las largas horas de flashes y entrevistas. Amable como pocas estrellas, parece estar moldeado para agradar, con frases como “Llámame David”, “¿Llevas mucho tiempo esperando?” o “¿Tienes información suficiente o necesitas algo más?”. Por no hablar de cómo le sienta el traje. Así que, como dicen los ingleses, mantener relaciones laborales con David Beckham es un win-win, un éxito asegurado para todas las partes.