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¿Aceptarías responsabilidades adicionales en el trabajo?

Llegas a casa después de una jornada de trabajo completa, estás cansado y lo único que te apetece es desviar tu capacidad intelectual hacía las memeces más estúpidas que se cruzan por delante de tus ojos. Tu cuerpo queda inerte, diversión o descanso, sólo busca eso. Tú capacidad de concentración está prácticamente abatida. Para y piensa por un segundo a qué has dedicado tú día. Sí, a trabajar, pero, ¿en qué? Echa la vista atrás, no te quitará demasiado tiempo de afterwork o del reality televisivo que te propone una cita una vez por semana.

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¿Cuántas tareas has llevado a cabo que no tienen nada que ver con la descripción de tu puesto de trabajo? Responsabilidades que no encajan contigo, aquellas que realizas y que se alejan completamente de tu función básica. ¿Eres de los que siempre dan un sí por respuesta? Puede que sea el momento de decir NO.

Los jefes imponen y siempre lo harán, es ley de vida pero como buen profesional (que no debes olvidar que lo eres) debes empezar a aprender a priorizar, ya que en muchas ocasiones aceptar otras responsabilidades puede hacer peligrar tus funciones básicas.

Si en la vida cotidiana todos priorizamos, ¿por qué no hacerlo en la vida laboral? No quiere decir que debas dar siempre un no por respuesta, consiste en valorar: ¿te va a compensar en un futuro?

Saber cuando decir sí y cuando decir no
Tu capacidad de éxito será directamente proporcional a los esfuerzos que dediques a tu trabajo, pero también a tú ambición. Ambición no en el mal sentido de la palabra (avaricia y egoísmo), sino en el interés y en las ganas que pongas en ello.

Pongamos dos ejemplos. Tu jefe te pide cambiar la tinta de la impresora, hacer recados por media oficina o llamar a su médico para pedir cita. Tú eres un excelente profesional, pongamos que en marketing, con carrera y cuatro masters. Aún así, asientes, resignado, y lo haces. ¿Crees que estas tareas pueden conducirte a un ascenso o quizás a un aumento de sueldo el próximo año?
Lo único que conseguirás es desatender tus responsabilidades directas. Claro que demostrarás tu alta fidelidad hacía el jefe pero también tu bajo compromiso con las funciones por las que fuiste contratado. Así que la respuesta es obvia: prioridades.

En cambio, en ocasiones un sí por respuesta puede comportar ventajas, así que presta atención. Si se te ofrece una responsabilidad adicional que puede convertirse en una oportunidad que, por ejemplo, te va a servir para presentarte frente a gente importante, no dudes en asumirla. Pero recuerda que te estás comprometiendo con varias tareas a la vez, lo que puede afectar a la calidad de éstas, por lo que debes estar seguro de tener el entusiasmo, el tiempo y la capacidad para llevarlas a cabo.

El secreto reside en aprender a diferenciar lo que puede favorecer nuestra carrera profesional de lo que no.

Cómo decir sí o como decir no
Nunca es tarea fácil decir no, pero si no queremos prescindir de nuestra vida personal y vivir encadenados a nuestro trabajo es esencial aprender. Como todo en esta vida es cuestión de práctica. Además, te sentirás mejor una vez establezcas unos límites laborales; lo que si estás dispuesto a hacer y lo que no.

Cuando las tareas que te sean encomendadas no respondan a tu perfil y no estén contribuyendo de manera estratégica a tu carrera profesional la respuesta es NO. Pero, nunca digas un no a secas. No vayas de jefe sin llegar a ser sénior. Se trata de reflexionar por un momento y presentar una solución proactiva. Formar a otra persona para que puede encargarse de ello, repartirlo entre varios empleados, contratación externa, etc. Es decir, propón otras vías.

Puede sonar un poco radical, y más hoy en día con los tiempos que corren, pero a la vez estarás dándote valor profesional. Actuando de este modo estarás mostrando fuertes dotes de gestión de tiempo, de capacidad organizativa y de priorización de objetivos. ¿Acaso no son estas las cualidades que se requieren en las ofertas de empleo? Detente y piénsalo.