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Ana Pardo de Vera: “El periodismo o es feminista o no es periodismo”

Filóloga y periodista. Lugo, 1974. Colaboradora habitual en programas de radio y de televisión, participó en la fundación del diario ‘Público’ en 2007, donde trabajó en el área de política hasta que accedió a la dirección. Previamente fue asesora de comunicación en varios ministerios durante el gobierno de José Luis Rodríguez Zapatero, una etapa de la que surgió su libro ‘En la maleta de Zapatero’.

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Ana Pardo entrevista
© Fede Serra

“Mi posición es la de dirigir un medio, y como soy mujer, es raro. Mi responsabilidad es la de denunciar que ésta y todas las rarezas de género en el mundo directivo son una anomalía democrática, por un lado, y de Derechos Humanos, por otra. Pura injusticia”, dice Ana Pardo de Vera. Y así ha sido desde que ella empezó, en 1997, en el periódico Sur de Málaga. “No recuerdo a ninguna mujer dirigiendo un medio influyente en ese momento. Había alguna jefa de sección o de redacción, pero en porcentajes muy marginales y ocupando lo que se llamaban entonces secciones blandas, como Sociedad y Cultura. Los departamentos de Economía y Política (secciones duras), los influyentes, los capitaneaban hombres”.

Su situación ha cambiado en Público. En este diario, dos mujeres ocupan el primer y el segundo puesto de mando (Virginia P. Alonso es codirectora). Es el único medio de comunicación generalista y nacional donde se da esta circunstancia. “En general, los puestos directivos ocupados por mujeres no llegan ni al 15%. Se está avanzando, pero nosotras no estamos aún presentes en los consejos de administración, donde está el poder real y se toman las decisiones que realmente condicionan los medios. Los medios privados son negocios y, por tanto, considerados herramientas útiles de poder económico e influencia controlados por esos consejos en los que los hombres tienen un dominio casi absoluto, particularmente dentro de los grandes grupos que conforman el panorama mediático en España”, dice.

La inestabilidad laboral no ayuda a revertir el statu quo. “Todas las periodistas hemos sufrido situaciones machistas, bien en forma de menosprecio, ninguneo, paternalismo o acoso sexual. No conozco a ninguna compañera de mi generación que no haya pasado por alguna situación de este tipo o por todas ellas. El maltrato machista es una constante en el ámbito laboral y en el periodismo no lo es menos, con el agravante de que las profesionales de los medios de comunicación estamos en permanente contacto con hombres muy poderosos, donde la correlación de fuerzas puede obrar en tu contra. Ahora se denuncia más, pero en absoluto se denuncia todo. El temor a represalias en un sector muy castigado por el paro y la precariedad mantiene oculto todavía mucho de ese maltrato machista”.

Para Ana Pardo, la transformación social que se percibe, en la calle y en los medios, no es nueva. “El movimiento feminista lleva mucho batallado y llorado. La de hoy solo es una nueva etapa de esa lucha, muy potente porque vamos a por la igualdad plena, a por el todo. Hay una conciencia profunda también en las nuevas generaciones, y eso garantiza la continuidad. En los medios se ha informado sobre el movimiento #MeToo con mucho detalle e intensidad en todo el mundo, y eso ya es muy positivo. Esto ha animado, además, a mujeres de otros sectores a hacer sus denuncias de violación, acoso o maltrato. Es un buen comienzo, nada más”.

Los periodistas (ellos y ellas) pueden aportar mucho en este caso, empezando por elegir bien las palabras que emplean. “Se trata de reflejar la realidad, ni más ni menos. Hay que esforzarse en normalizar un lenguaje inclusivo, porque el lenguaje, la lengua, los creamos entre todos/as, y los medios en buena parte”, comenta.

En España quedan conquistas por alcanzar, y más queda en Latinoamérica, una región en la que haber nacido mujer y ejercer el periodismo puede ser una combinación de riesgo. “Tengo presente a las periodistas asesinadas en conflictos como el mexicano, el guatemalteco o el colombiano. Torturadas y asesinadas por contar la verdad, particularmente en lo que concierne a la violencia estructural contra las mujeres”.

“El periodismo o es feminista o no es periodismo. Porque la responsabilidad de sus profesionales es contar la realidad desde todos los ángulos, informar desde todas las perspectivas, con honestidad y rigurosidad. ¿Qué clase de periodismo estamos haciendo si obviamos al 51% de la población que somos las mujeres en España, por ejemplo? Sin perspectiva de género no hay periodismo. Ésa es la clave: aplicarla en los medios de forma transversal”.

La precariedad de la que habla Ana Pardo de Vera acorrala por igual a hombres, a mujeres y al periodismo en sí mismo. “El paro, la dependencia económica y el pseudoperiodismo son amenazas, es decir, elementos que se hacen pasar por medios de comunicación o periodistas cuando solo son herramientas de trabajo sucio para intereses de todo tipo”. Y quizás es hora de apelar a los fundamentos de este trabajo. “El periodismo no debe ser concebido como un negocio, sino como una profesión de interés público que tiene la responsabilidad de satisfacer con honestidad y rigor el derecho a la información de todos/as. Hay que hacer entender a la gente que si quiere un periodismo libre, tiene que reclamarlo y contribuir a hacerlo posible. El buen periodismo es caro. Las sociedades educadas en la necesidad del periodismo como derecho democrático garantizan el futuro del mismo”.