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Women in media: ahora hablan ellas

“Uno de mis jefes me elogió diciendo que tenía ‘cerebro de hombre”. Es uno de los testimonios de algunas de las periodistas más influyentes de este país. Pero, por si aún quedaran dudas de lo que millones de comunicadoras (y mujeres en general) relatan, vayamos a los números.

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En las facultades de Ciencias de la Información españolas, el 60% de los estudiantes de Periodismo son mujeres, y más del 50% de quienes ejercen la profesión en este país también lo son. Hasta aquí las estadísticas positivas. Porque, en casi todas las demás comparativas, ellas salen perdiendo con respecto a los hombres. Son más las paradas (un 64%, frente al 36% de parados). Son más las que trabajan como autónomas y menos las que han firmado un contrato fijo. Y el porcentaje de mujeres con los salarios más bajos es mayor que el de hombres, según el ‘Informe Anual de la Profesión Periodística 2017’ que elabora la Asociación de la Prensa de Madrid (APM). “A partir de los datos de la encuesta [con la que se elabora el informe], podemos decir que trabajamos en una profesión en la que existe un factor de discriminación hacia las mujeres”, dijo el pasado diciembre Luis Palacio Llanos, director del estudio, en su presentación.

Ojo también a estos datos: de los 80 periódicos analizados por la APM, ocho tenían una mujer al frente en 2017, y en tres de ellos una mujer ocupaba la gerencia. En las televisiones y radios, otro tanto: de los 84 directivos contabilizados, 13 eran mujeres. Se cuentan, pues, con los dedos de las manos las féminas que se han aupado a los consejos de administración o a los puestos directivos de los medios de comunicación. Soledad Gallego-Díaz (directora de El País), Encarna Samitier (directora de 20minutos) y Ana Isabel Pereda (directora de Expansión) son rara avis. “El periodismo, como espejo, nos devuelve la misma imagen que cualquier otra disciplina. No somos mejores ni peores que aquellos a quienes nos dirigimos como medios de comunicación. Podemos hacer editoriales magníficos reclamando la paridad y luego encontrarnos con que los directores de los medios son todos hombres. Que demos lecciones desde los medios no significa que nos apliquemos el cuento”, señala la periodista Julia Otero, que conduce en Onda Cero el programa radiofónico vespertino Julia en la Onda.

¿Por qué no hay más presencia femenina en el gobierno de los medios? Hemos preguntado a diez de las periodistas españolas más influyentes y con mando en plaza, y en todas sus respuestas se cuela la misma palabra: machismo. El culpable, a su juicio, de que raramente se les confiera poder a las mujeres, de que se les deje fuera de los puestos ejecutivos, que son los que permiten transformar las cosas.

“Apenas hay mujeres dirigiendo medios por la misma razón por la que hay tan pocas mujeres en cargos de responsabilidad en todos los sectores: porque hemos estado relegadas durante siglos a un papel secundario en la sociedad, y el peso de las responsabilidades familiares siempre ha caído sobre nosotras como una losa que ha reducido nuestras posibilidades de promoción laboral. A menudo no nos ofrecen los cargos de responsabilidad, pero a veces, cuando nos los ofrecen, los rechazamos por diversos motivos, entre los que las cargas familiares pesan mucho, al igual que la falta de confianza en nuestras propias capacidades”, opina Cristina Martín, directora de Diario de Ibiza. No obstante, en la encuesta de la APM a 1.756 periodistas trabajadores de medios de comunicación, la mayoría dijo que nunca había tenido que renunciar a un ascenso.

La penalización de la maternidad, el estereotipo que ha asociado el liderazgo a rasgos considerados masculinos, el que los hombres hayan sido históricamente más competitivos que las mujeres y que hayan gozado de más oportunidades porque estaban liberados de las obligaciones familiares son otras de las causas que ellas apuntan.

Sin embargo, en los albores del siglo XXI, algo está cambiando en esta profesión que se mueve entre la urgencia y la observación. Hay pequeños avances, como el hecho de que la APM, que nació en 1895, incluyera por primera vez en su último informe un capítulo específico dedicado a la situación de las mujeres en el sector. Y hay grandes progresos, como el que se produjo el pasado 8 de marzo, Día Internacional de la Mujer. Fue el fósforo que prendió la llama, un toque de atención a las conciencias, una jornada histórica. La primera huelga feminista española, con marchas y paros en todo el país para denunciar la discriminación, el acoso, la violencia, la brecha salarial.

Las periodistas, tanto las de firma y rostro célebres como las más desconocidas, se atribuyeron un papel relevante en la manifestación, encabezando el movimiento y apagando los medios. Según la web Las periodistas paramos, unas 5.400 profesionales de distintos medios y empresas periodísticas apoyaron la huelga, y más de 8.000 han firmado el manifiesto contra el machismo y la desigualdad en los medios que hicieron público aquel día. Una alianza inédita en el periodismo con el objetivo de “defender sus derechos y exigir una prensa en la que las mujeres tengan el peso que se merecen”.

A algunas, aquel episodio les supo a poco, y en junio, Soledad Gallego-Díaz (El País), Encarna Samitier (20minutos), Pepa Bueno (Cadena SER), Montserrat Domínguez (El País), Ana Pardo de Vera (Público) y otras siete periodistas más decidieron unirse para poner el foco en la ausencia de mujeres líderes en los medios en España y dar la mano a las periodistas en su desarrollo profesional hacia puestos directivos. Nacía así Balcony Group, que toma parte del nombre de un libro escrito por la periodista estadounidense Nan Robertson, The girls in the balcony: Women, men, and The New York Times (Las chicas en el balcón: mujeres, hombres y The New York Times), que relata la historia de las mujeres que se querellaron a principios de los setenta contra el periódico en el que trabajaban, el prestigioso The New York Times, por sus “prácticas de discriminación sexual”. Aquellas mujeres (la autora entre ellas) se rebelaron cuando fueron enviadas al National Press Club de Washington, exclusivamente masculino, para cubrir los discursos de varios líderes mundiales, y se vieron obligadas a apretujarse en un pequeño balcón, de pie, sin comida y sin apenas escuchar lo que decían los oradores, mientras que los miembros del club de prensa y los invitados se sentaban en el piso del salón de baile, deleitándose con su menú de cuatro platos.

Las componentes de Balcony quieren entregar un informe exhaustivo en 2019 que fotografíe la realidad de la mujer en los medios en España. Para ello, cuentan con ayuda del Comité de Diversidad de Género e Inclusión de la Cámara de Comercio de Estados Unidos en España, a instancias de Susan L. Solomont, esposa del primer embajador en España del presidente Barack Obama, Alan D. Solomont. En 2010, cuando ella llegó a España, expresó: “It’s just men! (¡Solo hay hombres!). Voy por la calle y veo hombres y mujeres, pero en mis reuniones no ocurre igual”. Lo cuenta Ana Romero, periodista y cofundadora de Balcony. “El periodismo tiene sus particularidades. Por ejemplo, la meritocracia llega más tarde. Las juezas sacan una oposición, pero se puede ser mejor o peor periodista y sacar un reportaje adelante igual. Los procesos para seleccionar candidatos en una oferta de trabajo no son públicos. Influye con quién te llevas bien, en quién confías –dice Romero–. En España, el sufragismo y otros grandes movimientos siempre han venido de la mano de la izquierda, y la revolución de la mujer también. Pero la ideología ya no tiene por qué ser parte de este movimiento que afecta a todo el mundo. Balcony no está vinculado a nada. Queremos formar a hombres y a mujeres, enseñarles a ellas a negociar su salario, por ejemplo”.

Pepa Bueno, directora del programa Hoy por hoy de la SER y miembro de Balcony, considera que más mujeres en periodismo supondría la regeneración del oficio, pues “desde la Transición, los periodistas hombres entendieron el periodismo como una forma de acercarse al poder, no de controlarlo”.

Tampoco es que en EE UU y en otros países europeos nos lleven mucha más ventaja. Al menos si nos fijamos en los principales puestos de edición de los grandes medios internacionales. Hasta 2011, The New York Times, nacido en 1851, no colocó a una mujer, Jill Abramson, como editora ejecutiva del periódico (actualmente su equipo ejecutivo lo componen cuatro mujeres y 10 hombres). El francés Le Monde hizo lo propio con Natalie Nourgayrède en 2013, tras 69 años de historia. Lo chocante es que ambas renunciaron a sus cargos el mismo día, en 2014.

Volviendo a España, seguimos contando brotes verdes. El pasado junio, el Consejo de Administración de El País, el segundo diario más leído de España (por detrás de Marca) según el último Estudio General de Medios, nombró a Soledad Gallego-Díaz directora del periódico. La primera mujer al frente de la cabecera en sus 42 años de historia. Unos meses antes, en el quinto periódico más leído, 20minutos, se producía otro relevo: Encarna Samitier sustituía al director Arsenio Escolar. Y en los últimos años, cada vez más mujeres han ido ocupando el mando de las secciones más valoradas en los medios generalistas, como la política y la economía, tradicionalmente asignadas a hombres.

“Los medios no solo reflejan la realidad; también ayudan a cambiarla para mejorarla. Desde la llegada de la democracia ha habido un avance imparable en la apuesta por la igualdad, y los medios hemos estado allí, como en tantos asuntos básicos. Ha habido hitos, como el que supuso el asesinato de Ana Orantes [hace 20 años] para mejorar el tratamiento informativo de la violencia machista, o el movimiento #Metoo contra los abusos sexuales y el impulso a la igualdad real, que es el gran objetivo. Son reivindicaciones de sentido común, que nos incumben a todos, pero es lógico que las mujeres periodistas nos sintamos más sensibilizadas y comprometidas. El compromiso de la línea editorial existía, ahora se ha reforzado”, dice Encarna Samitier.

El debate se ha extendido a capas más amplias de la sociedad, y una mujer tan poderosa como Ana Patricia Botín, presidenta del Banco Santander, se declaró feminista públicamente antes del pasado verano. Del informe de la APM también se desprendió que los porcentajes de mujeres que trabajan en los nuevos perfiles profesionales que van surgiendo (gestor de comunidades digitales, publicidad nativa y contenido patrocinado, periodismo de datos o analista de tráfico, entre otros) son superiores a los que se registran entre los hombres.

Y una muestra más de que algo se mueve: a finales del mes pasado se celebró en Madrid el I Encuentro sobre feminismo, medios e igualdad: hacia un periodismo con perspectiva de género, una jornada organizada por la Plataforma en Defensa de la Libertad de Información (PDLI) y el Ayuntamiento de Madrid. Se enmarcaba en un conjunto de iniciativas “para visibilizar el papel de la mujer en los medios”, y entre charlas y paneles temáticos se han constituido unos talleres en los que se explicarán buenas prácticas sobre cómo informar con perspectiva de sexo y antirracista, cómo abordar la diversidad de género, cómo mejorar la cobertura informativa de la violencia machista y cómo defender colectivamente los derechos de las mujeres periodistas.

“La desigualdad de género en los medios y en el periodismo es un grave problema social que tiene consecuencias tanto para los derechos de las mujeres como para el derecho de información de la ciudadanía. Si no se da la igualdad en este plano, la información nace y se distribuye con un sesgo importantísimo, dado que no recoge ni la visión ni el sentir de la mitad de la población”, denuncia la presidenta de la PDLI, Virginia Pérez Alonso, codirectora del diario Público. “Por eso urge cambiar la imagen de las mujeres en las informaciones, el tratamiento de las noticias en las que son sujeto (en particular en temas sensibles como la violencia machista) o la escasa presencia de profesionales en los núcleos de decisión de las empresas informativas. Debatir sobre estos asuntos y llevarlos a un primer plano, como hacemos con este Encuentro, es un paso necesario para cambiar esa realidad”.