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Los mercados emergentes ya no son tan atractivos

Los inversores internacionales y las economías en desarrollo han vivido desde 2008 una apasionada luna de miel. Pero ahora, aquellos regresan a casa y estas se han quedado con la miel en los labios y con los viejos fantasmas del pasado.

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Con cierto sigilo, y todavía de forma selectiva, una amenaza se cierne sobre la estabilidad de la economía internacional. Es un viejo problema que no por conocido ha dejado de ser bastante recurrente desde los años 80 del siglo pasado y es la vulnerabilidad financiera que está reapareciendo en algunas economías emergentes como Turquía, Argentina, Indonesia o Brasil. Los inversores internacionales entraron en ellas en busca de la rentabilidad que no encontraban en Estados Unidos y Europa, ensimismados en salir de la crisis financiera con tipos de interés nulos o incluso negativos y compras masivas de deuda por los bancos centrales para estimular sus economías.

Rentabilidades negativas o marginales en la deuda más solvente del mundo –los bonos alemanes y estadounidenses– indujeron a los inversores internacionales que buscaban retornos atractivos, pero con riesgo, a emplearse en los mercados emergentes, logrando, por ejemplo, el año pasado rentabilidades del 14%; o del 4,3% en el primer trimestre de este ejercicio, según datos de la agencia canadiense de noticias Thomson Reuters. La jugada, vista con la perspectiva que da el paso del tiempo, implicaba exponerse una temporada y aguantar el tirón hasta que las economías desarrolladas ofrecieran una alternativa más sugestiva y después repatriar y reinvertir. Y la alternativa llegó: los bonos del Tesoro estadounidense (3% anual), un dólar subiendo y los tipos de interés de la Fed inmersos en un nuevo ciclo alcista. Y sin riesgo-país.

Dinero ‘golondrina’

Mientras duró la luna de miel, y como tantas otras veces ha sucedido en el pasado, la renta fija, la bolsa y la moneda de Argentina, Turquía, Indonesia, etc., se han ido revalorilizando dando lugar a una relativa prosperidad macroeconómica gracias a la entrada de ese dinero fresco foráneo (‘dinero golondrina’, como lo califican los economistas por su compulsiva rapidez en emprender el vuelo). Y, también, como en otras ocasiones del pasado, estos países reaparecían ante los mercados y los inversores internacionales como paradigmas de economías en rehabilitación dispuestas a enmendar sus crónicos errores  (‘Esta vez es distinto….’, remedando el exitoso y controvertido libro de los economistas Reinhart y Rogoff) y a caminar por el sendero de la ortodoxia y la estabilidad económicas. Atractivos mensajes de una política de marketing con fecha de caducidad.

“El hecho de que Argentina fuera capaz en fechas recientes de vender una emisión de bonos a 100 años es desconcertante y una buena muestra de lo desesperados que están los fondos de renta fija por conseguir rendimientos. Argentina necesita una regeneración profunda de sus instituciones e infraestructuras antes de que se pueda considerar verdaderamente una oportunidad de inversión viable y de largo plazo. […] Un cambio de presidente y algunas declaraciones sobre reformas económicas no equivalen a un cambio económico profundo y real; en este sentido, nunca hubo ninguna garantía de que las reformas económicas del nuevo gobierno pudieran ponerse en marcha”, señala a Forbes Alex Duffy, gestor de mercados emergentes en la gestora internacional Fidelity, en un análisis para inversores.

Tipos al alza

El banco central argentino ha tenido que subir sus tipos de interés por tercera vez en una semana desde el 27% al 40% en un movimiento desesperado por apuntalar la moneda. El Fondo Monetario Internacional  ha concedido un crédito de 50.000 millones de dólares (43.200 millones de euros) para el rescate de la economía argentina, que tendrá que acelerar la reducción del déficit público, lo que supone un inconveniente para el actual presidente del país, Mauricio Macri, que quiere combatir la pobreza de la región. 

En Turquía, su banco central también ha tenido que subir el tipo de interés de referencia al 16,5% desde el 13,5%, más de lo esperado por el mercado, pero aún insuficiente en opinión de los analistas, para sostener la lira. Sobre la economía turca pesa en su contra la deriva política del presidente Recep Tayyip Erdogan y un cuadro económico de déficits público y externo, aderezado con tensiones inflacionarias por el encarecimiento del petróleo, y un crecimiento del crédito al sector privado con tasas de dos dígitos. Según la agencia internacional  Bloomberg, Argentina y Turquía tienen la peor combinación de débil gobernanza y elevada deuda denominada en dólares de entre las 18 principales economías emergentes. A la zaga están Brasil e Indonesia, cuyos bonos han perdido atractivo frente a los estadounidenses, y sus respectivas políticas monetarias se enfrentan, como en los casos argentino y turco, a un agresivo e inevitable cambio de sesgo para afianzar sus divisas. La revalorización del dólar abre un horizonte sombrío en aquellas economías emergentes más endeudadas en esta divisa, pero también por sus posibles implicaciones para la economía internacional, que todavía sigue lamiéndose de algunas de las heridas infligidas por la crisis financiera de 2007. Según el Instituto de Finanzas Internacionales (IIF), que aglutina a instituciones del sector financiero global, la deuda de los emergentes denominada en divisas extranjeras (en su mayor parte dólares) creció en 800.000 millones de dólares (692.000 millones de euros) en 2017 hasta alcanzar un récord de 8,3 billones (7,2 billones de euros). Solo los emergentes han sido responsables del 80% del aumento de la deuda mundial en los últimos cinco años.

“La fortaleza del dólar ya está precipitando una salida de los mercados emergentes. Es posible que nos encaminemos a otra gran crisis financiera”, advertía recientemente el inversor y filántropo George Soros, de acrisolado conocimiento de  los mercados financieros.