Que no te engañen, no necesitas un mentor

Has terminado tu carrera, tu máster, o tu formación profesional. ¿Ahora qué?

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No hay nada peor que el limbo emocional en el que nos vemos inmersos al cerrar una etapa. Los años de estudiante han quedado atrás, y no van a volver por mucho que te líes a hacer un máster detrás de otro. Ahora toca afrontar la siguiente etapa de tu vida con toda la filosofía posible.

Pero como siempre, no todo va a ser tan fácil como cambiar de etapa y vivir. Cuando terminas tus estudios y te dispones a empezar a trabajar, siempre te piden algo que es imposible que tengas, ya que no has podido trabajar antes porque estabas estudiando. Ese algo, que es molesto, y no nos gusta porque por norma general se encuentra en nuestros currículos, es la experiencia.

Habrás escuchado este consejo un millón de veces, sobre todo si acabas de finalizar tus estudios: Busca un mentor. Vale, tener un mentor puede ser muy beneficioso, pero encontrar a la persona adecuada puede ser estresante y algo forzado. Solo el 22% de las compañías tienen un programa oficial o un training para sus empleados.

Para aquellos que tienen su carrera encauzada, puede parecer inútil que los nuevos empleados reciban un entrenamiento especial ya que las empresas y las industrias cambian todo el tiempo, y nunca sabes qué trabajo te va a tocar realizar. Aquellos que empezaron sus carreras hace 30 años no recibieron el consejo ni el apoyo de nadie, hemos vivido mundos totalmente diferentes, al menos la generación millennial.

En vez de ansiarte por encontrar a esa persona especial, aunque suene romántico, es la hora de que pensemos otra vez en el concepto de los mentores. Muchas personas piensan que el concepto de sponsor es más importante que el de mentor. Es más importante tener a alguien en tu empresa que apueste por ti de cara a un futuro, y al que además admires por su forma de trabajar, pero que no te tenga que enseñar cómo hacerlo.