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¿Puede una editorial ser rentable desde el primer día?

¿Una editorial rentable desde el primer día? No parece propio de este siglo. Y, sin embargo, ahí está Impedimenta como excepción en un mundo hiperconectado. La empresa nació de una necesidad: la que tenía su fundador, Enrique Redel (Madrid, 1971), por editar libros. “Desde que era pequeño fui en cierto modo editor, porque jugaba a hacer libritos, los fotocopiaba y los vendía a mis primos y amigos. Con 8 años ya tenía esa pulsión: hacía fanzines y recomendaba libros que me gustaban.

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A pesar de que me licencié en Derecho, por aquello de hacer una carrera con salidas, a los 30 años, después de haber ejercido el Derecho durante unos años y de haber sido completamente infeliz porque no me llenaba, empecé a trabajar como editor”, recuerda. Sin embargo, tampoco fue la panacea. “Trabajé en editoriales muy pequeñas. En la primera estuve dos años y me despidieron, porque me hice desagradable para el jefe intentando marcar mi propio estilo. De ahí me fui a otra, de la que también me despidieron porque entre tanto fundé la editorial Funambulista y comencé a plasmar mi manera de ver las cosas. Hasta que en 2007, tras una disensión con mi socio, fundé Impedimenta”. Por fin, Redel hallaba un espacio de libertad absoluta a la hora de montar un plan editorial y de desarrollar un modo propio de difundir su mensaje.

Y, además, se topó con una oportunidad en el mercado. “Hace 10 años hubo una floración extraordinaria de nuevas editoriales (Libros del Asteroide, Periférica, Sexto Piso…) basadas en la filosofía del rescate, esto es, rescatar libros clásicos de ‘fondo de armario’ de los últimos 30 a 70 años (de Robertson Davies a Eudora Welty, Fogwill o Stefan Zweig, entre otros) que, inexplicablemente, no estaban en las librerías, porque el mercado español era muy de novedades. Entonces, toda una serie de editores treintañeros empezamos a decirle al librero: ‘Oye, fíate porque esto es Davies, o Buzzatti; tienes que tenerlo en la estantería sí o sí’”.

Ese grupo de siete editoriales formaron una asociación llamada Contexto, que se llevó en 2008 el Premio Nacional a la Mejor Labor Editorial Cultural que concede el Ministerio de Cultura. “Se reconoció esa tarea de recuperar textos clásicos y aportar otros nuevos que pudieran ser clásicos dentro de unos años. Entre nosotros colaborábamos de una manera altruista, compartiendo la filosofía de recuperar los buenos oficios editoriales, con un gran respeto por el circuito del libro, por los libreros, por los distribuidores, por los traductores. Y ahora nos alegramos cuando otro editor tiene éxito, porque al final redunda en que mucha más gente lea”.

Impedimenta arrancó, pues, con buen pie y unos 30.000 euros. “Me reuní con amigos que ya tenían su editorial montada y me hablaron de una inversión inicial de entre 60.000 euros y 90.000. Yo era un asalariado en aquel momento. Me fui a un banco y pedí un préstamo que pudiera devolver con cuotas lo suficientemente bajas como para que, en el caso de que me fuera muy mal, fuese capaz de devolverlo plausiblemente haciendo cualquier trabajo. Y mi mujer, que también es socia, puso sus ahorros”. Con la suerte de que los cuatro primeros títulos que editaron los reimprimieron muy rápidamente. Y el quinto, Botchan, de Natsume Soseki, uno de los más importantes literatos japoneses modernos, ganó en 2008 el Premi Llibreter, el premio de los libreros catalanes al mejor libro del año. “Nunca nos cayó esa especie de maldición que tienen todas las editoriales, que están dos años sin cobrar un sueldo. Hacer un libro cuesta entre 6.000 y 10.000 euros. Nosotros teníamos dinero como para hacer cuatro libros, y fueron muy bien. Eran tan bonitos que fuimos rentables desde el primer día, pero no es lo habitual. La capacidad de retorno que tiene el libro es extraña, porque arriesgas mucho dinero y éste tarda en venir. Lo más normal es que fracases”.

Enrique Redel, fundador y editor de Impedimenta, posa en exclusiva para el objetivo de la revista Forbes. Foto: Antonio Heredia

Libros y más libros

Del primer libro, La abadesa de Castro, de Stendhal, tiraron 2.500 ejemplares en un principio, y luego 1.000 más. Ahora, su media asciende a entre 3.500 y 4.000 ejemplares por tirada. El primer año lanzaron 13 libros, que se han multiplicado hasta llegar a 28 al año. Y de un trabajador, Enrique Redel, han pasado a seis. “Después del premio a Contexto publicamos La hija de Robert Poste, de la inglesa Stella Gibbons, del que vendimos 50.000 ejemplares, y que nos lanzó a un nuevo tipo de público. Luego llegaron dos más: Nostalgia, del rumano Mircea Cartarescu, que es quizás el mejor libro desde el punto de vista estrictamente literario que hemos publicado y que nos abrió a un lector de culto; y un libro de gran formato, Animalium, de Katie Scott, que nos acercó al público del libro ilustrado de calidad. Siempre apuesto por escritores que me sorprenden. Si un autor me seduce y alimenta mi curiosidad, tiene el 90% hecho. Hay que encontrar el libro que te satisfaga a ti y recomendar lo que te gusta. La edición es eso. Y estar siempre proponiendo cosas para que el lector las acoja. A las editoriales que van a rellenar huecos que hay en el mercado o que basan su catálogo en la efemérides o en el género de moda no les auguro buen futuro, es una apuesta oportunista. Cuando salió Cincuenta sombras de Grey me preguntaron: ‘¿Cuántas novelas eróticas vas a sacar?’. Pues ninguna. No nos interesaba, no entramos al mogollón de lo que está de moda. Y el lector valora esa independencia”.

A Redel le interesaba el largo recorrido, emular a una editorial del estilo de Anagrama, que lleva haciendo libros desde 1969 y cuyos catálogo y estética son coherentes. “Yo no buscaba el beneficio a corto plazo, ni una explosión, sino un asentamiento lento y seguro. No quería que la editorial fuese meramente un negocio, que lo es, sino un proyecto, y eso significa catálogo, que es muy importante en las editoriales, porque es como el discurso que tiene el editor a largo plazo. Quería recuperar para el libro esa especie de sex appeal que había perdido. Es algo que está pasando aquí, en Alemania, en Reino Unido… Frente a apuestas culturales muy atractivas como las series, los videojuegos y las redes sociales, el libro tiene que establecer su territorio. Tiene que ser atractivo en sí mismo. Los libros de usar y tirar no tienen futuro, porque el que antes leía un libro para pasar el rato, ahora ve Juego de Tronos. Pero si quieres algo más, para eso están los libros que llevan 10 años en tu casa y los sigues leyendo. Juntando esas tesis de calidad, selección, largo plazo y propuesta estética nace Impedimenta”.