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Cómo darle feedback a tu jefe (sin que se ofenda)

Trabajar mano a mano con una persona te da una idea fiable de su desempeño. Esto se aplica especialmente en la relación con tu jefe, a quien puedes ver en distintos escenarios: en reuniones con clientes o proveedores, dirigiendo al equipo, en negociaciones o en e cara a cara del despacho (eso solo si no es de los que se apuntan a una ronda de cerveza los viernes por la tarde). Pero incluso aunque tu perspectiva podría serle muy útil, ¿no estarás poniendo en riesgo tu trabajo por decir algo que posiblemente no le gustará, aunque te lo haya pedido\n

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Dar una respuesta franca y convincente a tu jefe sobre tu visión no es un arte fácil de dominar, pero si lo haces de forma reflexiva, tu visión podría no solamente ayudar a tu jefe, sino mejorar la relación entre ambos.

El liderazgo se basa en gran medida en la percepción de los otros. Si los líderes no saben qué visión tiene el equipo sobre ellos, lo más probable es que su desempeño empeore. Por otra parte, cuanto más alto sea el peldaño que ocupa en la jerarquía más difícil será recibir un feedback honesto.

La confianza en la cadena de mando impide que los líderes escuchen la verdad. Tu opinión podría ayudar a tu jefe a verse a sí mismo como lo ven los demás dentro de la empresa, y colaborar para hacer ajustes críticos en su comportamiento. Eso sí, no negamos que dar esa visión personal no produzca vértigo.

Incluso si dirías que guardas una estrecha relación con tu jefe, lanzar comentarios críticos (aunque sean constructivos) sin que te haya pedido tu opinión no es una buena idea. El consejo general sobre cómo ser un mejor jefe es difícil de dar a menos que te lo pida. En un mundo perfecto, es el gerente el que debería preocuparse por recibir un feedback periódico.

En el mundo real, el jefe puede considerar como válido solo su propio criterio, creer que no necesita ayuda, no dar importancia a la percepción que los demás tienen de él o sencillamente no tener tiempo para planteárselo. Si tu jefe no te ha pedido ninguna opinión en el tiempo que llevas trabajando con él, puedes preguntarle directamente si le gustaría recibir tus comentarios. Esto es más fácil de hacer en el contexto de un nuevo proyecto o un proceso muy marcado.

Preguntas como “¿Quieres que vayamos contrastando opiniones sobre el proyecto?” o “Dos pares de ojos ven mejor que uno, es posible que te ayude conocer mi visión sobre el proceso” ayudarán a un aterrizaje más suave. Ya que es tu labor darle feedback, evita dar la impresión de que lo haces porque vas a dar una opinión negativa y demuestra que tus intenciones son buenas.

Puede ser tentador, cuando tu jefe pide una visión completa, imaginar todas esas cosas que harías si estuvieras en su lugar; pero mejor concéntrate en aquello que se está tratando sin echar la vista tiempo atrás, y centrándote en tu posición y no en la suya. Aportar en el lenguaje frases que indiquen que estás dando una visión personal, una visión única que tienes por ser tú y estar donde estás. Así, además de asegurarte que no le ofenderás, se dará cuenta de cómo le ven los demás.

También significa darse cuenta de las limitaciones de tu punto de vista. Solo puedes tener una visión parcial, y tampoco conoces hasta qué punto puede estar tomando decisiones debido a presiones superiores que ignoras. Cuando opines algo sobre su ejercicio, mejor da siempre una visión de lo que sabes y nunca de lo que presupones. La gente reacciona mucho mejor a las cosas específicas que a las generalizadas.

Para ser sinceros, muchas veces da igual lo cuidadoso que seas o cuánto has reflexionado antes de dar el paso: tu jefe puede sentirse molesto por tus opiniones. Si esto ocurre cuando previamente te pidió tu feedback, defiende tu actuación recordando que estás cumpliendo órdenes. Quizá simplemente tienes que enfocarlo sobre otros términos.

Calcula su reacción para determinar cómo le gusta recibir los comentarios y dejar fuera aquello ante lo que temas una mala reacción. En lugar de ofenderte o acobardarte por una reacción negativa, considera que es un buen momento para comprobar la forma de hacerlo en el futuro.

En caso de duda, casi siempre es mejor no hablar. No hay ninguna razón para arriesgar tu permanencia en tu trabajo para mejorar una compañía cuyos responsables no hacen mérito por ello. Si están seguros de estar haciendo correctamente el trabajo y tomando las mejores decisiones para seguir creciendo, lo único que puedes hacer es centrarte en las labores propias de tu puesto y hacerlo lo mejor posible.