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La 'tasa rosa', un impuesto sólo para mujeres

Life
Hoy en día las mujeres continúan teniendo que enfrentarse a más dificultades en el mundo laboral que los hombres. Aunque los avances en materia de igualdad han sido mayúsculos todavía queda un largo trecho por recorrer para conseguir que una cuestión como la del género no suponga una división y que la balanza llegue a equilibrarse.
24 diciembre 2014
Nazareth Meijide

Con todo al sector empresarial en general, y al publicitario más en particular, no les interesa terminar con esta segmentación que les permite vender más productos y escoger a qué publico dirigirlos sólo teniendo en cuenta el factor del género. Esta fragmentación se lleva a cabo desde muy pequeños cuando se asocian ciertos colores y actividades dependiendo de si se es niño o niña , de manera que la publicidad vende para las pequeñas juguetes ligados al hogar, a roles familiares y con un importante predominio del color rosa y a los varones acción, fuerza pintados de colores sólidos como azul o negro.

Esta segmentación de consumidores se extiende a la edad adulta, un público al que las compañías continúan diferenciando por su género. Para llevar a cabo esta estrategia discriminatoria las empresas lanzan el mismo producto diferenciando su packaging en forma, color, textura, logo, grafismos de forma que, al igual que sucedía con los productos infantiles, a las mujeres se les asocian los colores claros, líneas suaves y motivos florales mientras que para los hombres se toman colores más oscuras, formas más cuadradas e imágenes más técnicas. A pesar de lo que pueda parecer esta división por género no es fácil de detectar a simple vista ya que se lleva a cabo de manera velada porque al final la disposición de los productos en el comercio consigue que cada género se fije en aquellos destinados para ellos y no comparen los precios entre dos artículos totalmente iguales pero que se diferencian en el precio total.

Toda esta polémica ha surgido a raíz del grupo feminista francés Georgette Sands publicara un estudio demostrando que, aunque en contados productos el precio de la versión masculina es mayor, las mujeres llegan a pagar hasta un 75% más por el mismo producto. Pero la tasa femenina no se limita a artículos de droguería, o de cuidado, va mucho más allá, según el estudio las mujeres pagan más por sus hipotecas o por comprar un coche, entre otras. Esta segmentación lleva ligado un problema de condescendencia hacia la figura femenina con el que hay que terminar a través de legislaciones de control o comprando productos genéricos y que no caigan en estas distinciones.

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